SAN MARTÍN A MEDIO CAMINO

 

(Publicada en diario Cambio y carteleratroff Bs.As.)

 

 

LOS HÉROES PATRIOS Y EL CINE

 

A los héroes patrios no les ha ido muy bien en el cine. Habitualmente se les ha mostrado como si se tratara de una caricatura pronta para un pedestal en la escuela. Difícilmente se ha salido de esa imagen estereotipada, cargada de patriotismo, que desconoce que detrás de cada héroe hubo un ser humano sensible, que duda, que teme, que sufre, que se equivoca… (Acá el protagonista pide perdón a un subalterno por un grave error)

 

Ejemplos hay muchos pero basta recordar El Santo de la espada (1970) de Lepoldo Torres Nilson sobre el mismo personaje y el mismo episodio

 

 

SERIE TELEVISIVA SOBRE PRÓCERES LATINOAMERICANOS

 

En el 2010 se encomendó a varios países de la región, una película (cuyo destino era la televisión) sobre el héroe correspondiente a cada uno.

Así pudimos ver a nuestro Artigas, de la mano de Cesar Charlone y representado por Jorge Esmoris, que buscó mostrar una faceta distinta del personaje, más cercano a la persona, intento logrado a medias, en gran parte debido a que por estos lares es muy difícil pensar en una superproducción, y porque aún falta mucho camino para llegar a atreverse a mostrar las cosas como fueron realmente.

 

 

¿UN EXTRANJERO ENTIENDE?

 

Mientras veía Revolución, el cruce de los Andes pensaba cómo les llegaría la película uruguaya Artigas, la Redota a personas de otros países que desconocen nuestra historia. ¿La entenderían?

 

Y esto surgió porque para quien no es argentino, lo que muestra este filme es realmente confuso. Dando por entendido un saber sobre San Martín y su pasaje por la cordillera hacia Chile, esta producción muestra fragmentos de su personalidad, da a entender alguna enfermedad que no se aclara cuál puede ser, se anima a desacralizarlo al verlo el espectador gritando, insultando, teniendo rabietas o cayendo al pasto y quedando acostado en estado de total depresión ante una posible derrota pero no alcanza para entenderle

 

Incluso, no queda clara su intención libertadora (algo se dice cuando le pregunta a un soldado si sabe porqué están peleando); cuál es la relación con Bernardo O’Giggins, con el Gobierno de Buenos Aires, porqué apunta a países como Chile y Perú. 

 

Uno como espectador extranjero no tiene porqué conocer la historia de esos sucesos. Todo no pasa de la superficie, aunque algo se mejoró en relación a anteriores miradas

 

 

PUNTOS EN CONTRA

 

La presencia de Rodrigo de la Serna, es interesante pero no deja de mostrarse como un carilindo bastante actual.

 

Otro punto negativo es el hacer una superproducción con pocos elementos y escaso dinero. Si bien todo es bien hecho y pulcro, con esfuerzo denodado, poco se va a las escenas de combate y se busca lo íntimo como forma de evitar hacer un papelón. Pero ahí se debilita la película porque no se profundiza en la personalidad de los personajes y los diálogos son herráticos, herméticos 

 

Apenas se dan algunos apuntes, como la despedida del general de su esposa e hija, el enojo paterno porque el muchacho Corbalán (Juan Ciancio) decide no hacer caso a su progenitor e ir a la guerra, y no mucho más

 

También conspiran contra Revolución escenas muy mal resueltas, como por ejemplo cuando es atrapado el cura traidor, las reuniones de los generales para armar estrategias contra el enemigo, entre tantas…

 

 

LO MEJOR

 

La escena que me pareció más acertada muestra cuando el muchacho ataca a un soldado opositor, este lo acorrala y finalmente el joven Corvalán lo mata a cuchillazos y llora amargamente en brazos del cura que acompaña a las tropas (Pablo Ribba) Está muy bien resuelta.

 

 

EL USO DEL PRESENTE PARA CONTAR EL PASADO

 

Algo que se utiliza en demasía en estas producciones es el recurso de que en un presente (en este caso, un periodista (Lautaro Delgado) entreviste a Corvalán ya anciano (Juan Ciancio)  pobre y recluido en un cuarto) lo que le  permite al guión ir a hechos pasados a través de lo que le va diciendo uno al otro

 

Es curioso observar que el mismo recurso se aplica en Artigas: la redota

 

 

PUNTOS A FAVOR

 

La dirección de Leandro Ipiña es correcta, respetuosa aunque no se sale del cliché (del que quiere zafar)

 

La música de Diego Grimblat es muy buena y acompaña correctamente las imágenes. La fotografía de Javier Julia también es de destacar, ya que es prácticamente la que sostiene con pocos elementos (más allá del paisaje que ayuda, evidentemente) la línea argumental de esta película

 

Lo positivo, que lo hay, está en bajar del pedestal a los héroes y mostrarlos de una forma más aproximada a como debieron ser. La presencia de afrodescendientes en el ejército de San Martín, algo que los libros de Historia no muestran. Un cierto toque de denuncia en mostrar el horror de la guerra y el comentario de cura en cuanto a que estas no son las que pueden leerse en los libros.

 

 

QUEDA MUCHO POR HACER

 

Igualmente, queda muy lejos de un cine de denuncia, un cine comprometido. Esto es apenas una muestra un poco menos edulcorada de un pasaje histórico que para los argentinos, marcó un hito. Pero no pensemos que se aproxima a películas emblemáticas como La Hora de los Hornos (1968),  de Getino y Solanas, o El último malón, una película de 1918, dirigida por Alcides Greca, largometraje de 85 minutos rescatada un par de años atrás y que muestra en ficción la última rebelión indígena de los Mocovíes al norte de Santa Fe, hecho ocurrido en 1904

 

 

RESUMIENDO

 

Revolución, el cruce de los Andes es un filme honesto, correcto que busca mostrar a un héroe como San Martín bajado de la estatua (al menos en esta película no aparece el prócer teniendo relaciones sexuales como ocurría con Artigas, para escándalo de muchos), pero queda a mitad de camino. No profundiza en las personalidades de los personajes, y si o no conoce la historia argentina difícilmente pueda entender mucho lo que ocurre

 

You have no rights to post comments