¿Quién tenía razón?
Andrés Caro Berta
Mi abuelo siempre me decía que allá está el fin del mundo.
Mi abuela, esa vieja desdentada, insoportable y malhumorada le respondía que se callara y no dijera estupideces.
A mí me dolía mucho escuchar esas palabras porque al abuelo le hacían mal.
Tanto mal le hicieron que un día, se murió.
Pero hoy debo reconocer que la vieja tenía razón. Aunque mi abuelo, también.
Cuando tuve la edad suficiente, me escapé de casa de la forma que está permitida. Lo hice para que nadie se preocupara tontamente por mí, y salieran los grupos a buscarme con mis familiares atrás llorando y pidiendo a los dioses que no me hubiera pasado nada.
El día que mi abuelo estaba por irse para siempre para cambiar de cuerpo, recuerdo que abrió muy grandes los ojos y aferrándose a un brazo mío me dijo: "Tu misión es saber lo que hay allá. Es el fin del mundo. Ve", y luego murió.
Escribí la nota que piden las autoridades para no ser buscado, la dejé en la caja de la plaza y marché.
No fue fácil el camino. Además, el destino cada vez que avanzaba se hacía más lejos.
Crucé mares, trepé montañas, vi otros como yo pero que eran distintos, algunos me trataron bien, otros buscaron agredirme, comí alimentos que no sabía que existían, amé a mujeres que luego se quedaron, lloré por no estar con los míos, reí con las cosas lindas que me pasaban, me lastimé y debí curarme casi siempre solo.
Un día, luego de mucho tiempo llegué a un lugar que me resultaba conocido. Fui reconociendo el árbol que alguna vez había visto, las casas que ayudé a construir, busqué la piedra que había tallado una noche que estuve muy enamorado... Me di cuenta que había vuelto a mi hogar.
Busqué mis familiares pero eran otros los que habitaban el lugar.
Apenas algunos ancianos (como yo) recordaban a los míos. Y a mí.
Entonces me di cuenta que mi abuela tenía razón. No existe el fin del mundo.
Y me di cuenta que mi abuelo tenía razón. El mundo es circular. El mundo tiene fin.
