Corazón de fuego, sensiblera y taquillera
Apostando a un cambio político que parece inevitable, esta nueva película uruguaya marca un hecho importante: Los empresarios comienzan a apostar a un gobierno de izquierda.
(Aclaraciones necesarias para ahuyentar a quienes intenten hacer creer cosas que no son. Quien esto escribe se siente hombre de izquierda, no pertenece en este momento a ningún partido político y es muy crítico con lo que han hecho y siguen haciendo, los responsables de los últimos gobiernos)
DISCURSO POLÍTICO AVEJENTADO
Este filme de Arsuaga, "Corazón de fuego", que antes se llamó "El último tren", y que antes se llamó "Durmientes" debe ser tomado como cine que busca la sensibilería del espectador. Eso no está necesariamente mal. (Ejemplos en el cine abundan) Pero ocurre que la película, a partir de un hecho real, (en Uruguay desde hace un tiempo largo no existen más los trenes de pasajeros y escasean los de carga, por decisión del gobierno de la época) se encarga de poner cuanto cliché encuentra a mano para adornar una historia sensiblera buscando marcar un discurso político.
LA HISTORIA
"Corazón de fuergo", bien narrada, con buena fotografía, actuaciones regulares (¿alguien entendió algo de lo que ha dicho Alterio en toda su carrera?) cuenta la historia de una locomotora que un capitalista que se apoda Yimmy. (yuppie, joven, que no le importa el pasado lustroso del país) va a vender a Hollywood.
Eso solivianta a los Amigos del Riel (¿qué pensarán los verdaderos integrantes de esa asociación que queda bastante mal parada en el metraje?), especialmente a tres que se proponen no permitir que se venda el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad.
Así, roban la locomotora (que no por casualidad lleva el número 33, número emblemático para los uruguayos desde el desembarco de los 33 orientales, más allá de ser un número con implicancias masónicas), y la hacen correr con intenciones de huir con ella a Brasil. (¿Para qué?,vaya uno a saber).
Los tres viejos (que parece, hacen su último viaje) salen de Montevideo junto a un niño que los acompañará durante una parte del trayecto, y se convertirá en el símbolo de las deseadas nuevas generaciones.
Atrás de ellos está un policía corrupto que hace la persecución a desgano, empujado por el empresario que no ceja en su intento de recuperar su locomotora. (El explica a la prensa que este aparato era chatarra cuando la compró, invirtió en ella gran capital y decidió venderla a Hollywood).
En el camino (no quedan ni ciudades en el interior del país, mire) pasan algunas cosas, por ejemplo arengan a un gaucho y dos muchachos escolares de a caballo, sueñan con viejas épocas gloriosas (alguno de ellos hasta miente un pasado revolucionario en la España pre franquista), se topan con un policía de a pie que junto a unos pueblerinos le brinda agua al caballo de fuego, y de yapa, de gaucho que es se lleva a uno de los viejos que perdió la memoria, cosa que es una macana porque los tres apuestan a que no perdamos la memoria.
Como se sabe, si usted no aparece en televisión no existe, así un canal "que siempre está primero" toma la noticia a su cargo (y en versión tercermundista trasmite los hechos como en las películas norteamericanas de carretera.
PANFLETO PASADO DE MODA
El filme es débil en su guión, es panfletario (parece un ejemplo de las viejas películas soviéticas y para eso basta recordar el niño que levanta del piso la pancarta que llevaba la locomotora y que fuera arrancada por el frío capitalista, en el final de la película), y es como una versión de Thelma y Louise en clave frenteamplista.
No hay que tomarla muy en serio. Va a tener buena taquilla porque tiene todos los golpes bajos posibles para generar la adhesión, pero nunca se mete en la piel de los personajes, no se mete con las causas del actual estado de cosas, y parcializa el discurso de una forma muy infantil.
Pero en fin, esta película marca una realidad. Los empresarios apuestan a un cambio. Ya los partidos políticos tradicionales no les ofrecen las mínimas oportunidades para hacer sus negocios. Entonces, apuntemos al triunfo de un partido de izquierda. A ver cómo nos va. ¿Peor?, difícil.
Así, al final de los créditos, en silencio, van a apareciendo las contribuciones y apoyos de empresas privadas, aunque (ah, esas contradicciones y desconocimientos previos de gobernantes que dicen que sí, y ni saben qué están firmando), en ellos surgen los nombres de ministros y ministerios, respaldando un producto que no los deja bien parados.
LUIS NIETO
¿Saben una cosa? Me quedo con la honestidad de Luis Nieto, que plantea un tema político vigente en la izquierda, y lo hace (bien o mal, esa es otra historia) con una sinceridad que no encontré en Arzuaga. Este hombre, venido de la publicidad, arma esta trama que apunta al corazón del espectador, buscando su sensibilería pero no aportando más que eso.
Quedan preguntas (muchas) pero bueno, parece que no es lo importante, por ejemplo ¿por qué piensan huir a Brasil?; ¿Después que el pueblo gane la partida de la no venta de la locomotora a Hollywood, (¿y qué haremos con todos los autos de colección que ya se vendieron a EEUU?), qué van a hacer con ella? ¿Andará de nuevo, o terminará en un museo con un cartelito?
ACTUACIONES
Bien Miglionico (excelente actor de cine), Gastón Pauls y el Pepe Soriano, aunque el personaje se parezca al Muiño de la Guerra Gaucha (¿se acuerdan del cura que muere cantando el himno argentino?)
Alterio hablando con la papa dentro de la boca (como siempre), Luppi sobrándose en el papel, Elisa Contreras (con un corset actoral que ni la deja caminar, como cuando va a entrar en su casa y la detiene la policía, o que no le permite mover el rostro y el cuello, como cuando en una escena imposible, el malvado empresario la pone al costado de la carretera para que su esposo- Alterio- renuncie a llevar la locomotora por las vías de la patria)...
El rico patrimonio de los orientales se debe luchar con ideas y no panfletos. Faltó que esos tres, y el pueblo (que los espera al final de la vía y que se sienta a lo Gandhi para que el empresario no pueda llevarse la locomotora de vuelta a Montevideo), canten "no nos moverán".
Así nos fue a los que sí la cantamos. Nos movieron, y cómo nos movieron.
(*) Crítica emitida en el programa radial "Estados Alterados" CX26 1050AM SODRE
