PHILIP SEYMOUR HOFFMAN Y EDUARDO COUTINHO
Psic. Andrés Caro Berta
Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay / Fipresci
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A pocas horas de distancia, y en lugares lejanos uno del otro, fallecieron trágicamente dos referentes del cine. Famosos por distintas funciones, excelentes ambos en lo suyo y con mucho para dar aún.
LA FICCIÓN Y LA REALIDAD DE LAS GRANDES ESTRELLAS
La noticia cruda dice que fue encontrado en el baño de su casa Philip Seymour Hoffman, por un guionista que trabajaba con él, en Manhattan
Todo indica que falleció a causa de una sobredosis de drogas, luego de haber estado haciendo una rehabilitación de diez días por consumir heroína.
LA TRITURADORA LLAMADA HOLLYWOOD
Ello lleva a la reflexión de lo que es la ficción y la realidad y, cómo siendo espectadores imaginamos un mundo lleno de gloria en la vida de estos artistas que se presentan esplendorosos en la pantalla, pero que viven en crisis permanentes.
Es que la industria cinematográfica de Hollywood es una trituradora. En una comunidad pequeña donde viven casi todos los integrantes de la colonia de actores, directores, guionistas, productores, fotógrafos, escenógrafos, vestuaristas, etc., se respira la ansiedad. ¿Cuál? La de no perder el trabajo. Sea grande o pequeño. Un éxito, incluso, no avala necesariamente un futuro empleo inmediato. Y así, la industria exige la dedicación total, sin importar la vida real del involucrado.
Hace pocos días se podía leer la angustiante vida de un guionista que contaba que ganaba buen dinero pero tenía sus 24 horas diarias dedicadas a la película en la que estaba participando. Y que debía viajar, sin previo aviso, por ejemplo de Estados Unidos a Nueva Zelanda y de ahí a Europa, de un día para otro, si es que la filmación lo exigía. Olvidándose, por supuesto de estar en su casa, con su familia…
Un colega que estuvo hace un tiempo en Hollywood me contaba que es tal la desesperación de los actores, que ello obliga a una competencia feroz entre sí. “Tú veías – me decía- que si fulano de tal, por más famoso que sea, no estaba trabajando en una película, era ignorado por sus pares. De lo contrario, era saludado efusivamente”
Así, las historias trágicas, muchas de ellas que terminan en muerte, o aquellos que deciden mudarse y vivir lejos de esa colonia cinematográfica, o decididamente renuncian a su labor (como el gran actor, Daniel Day Lewis, que se encontraba en Italia como zapatero y debió ser tentado intensamente por PT Anderson para volver a filmar, en este caso Petróleo Sangriento), son frecuentes en ese mundo donde todo parece ser de sonrisas y alegrías, y una vida esplendorosa.
PHILIP SEYMOUR HOFFMAN
Este actor norteamericano, nacido en Nueva York el 23 de julio de 1967, dio sus primeros pasos en la pantalla chica, siendo conocido por su trabajo inicial en un capítulo de la serial La Ley y el Orden, como abogado defensor, en 1991.
Un año después inició su carrera cinematográfica donde casi siempre actuó brillantemente en papeles secundarios, aunque los pocos roles principales le valieron la fama bien merecida.
La misma vino con Copote, con la que obtuvo el Oscar, el Bafta, Globo de Oro, el premio del Sindicato de Actores, entre otros al mejor actor, aunque las premiaciones se multiplicaron por las distintas personificaciones que cumplió, como por ejemplo en The Master, en el Festival Internacional de Cine de Venecia, entre otros festivales
Pero Hoffman no solo fue actor. También dirigió teatro y una película Jack goes boating, en la que actuó y la que además, produjo.
Un dato no menor para quien escribe es que actuó magníficamente en cinco de las seis películas de Paul Thomas Anderson: Sydney, Boogie Nights, Magnolia, Embriagado de amor y The Master, destacándose en el enfermero de Magnolia en un papel de una ternura infinita.
Podemos apenas dar algunos títulos, de la extensa filmografía de Hoffman: Perfume de mujer, La huída, Twister, Boogie Nights, El gran Lebowski, Patch Adams, El talentoso Mr. Ripley, Casi famosos, Dragón Rojo, La hora 25, Secreto en la montaña, Mi novia Polly, Capote, Misión: Imposible III, La duda, The Master, Los juegos del hambre: en llamas, entre tantas otras.
Deja a una esposa, Mimi O’Donnell y tres hijos pequeños, Cooper Alexander de 11 años, Tallulah, de 8 y Willa, de 6…
Y se pierde un excelente actor, de 46 años, que tenía mucho para dar…
Para quien escribe, esto encierra un profundo dolor.
EDUARDO COUTINHO
El mismo día, el 2 de febrero de este año, Coutinho aparentemente fue muerto por su hijo, alguien que padecía dificultades psiquiátricas.
Coutinho fue un documentalista brasileño formidable. Nacido en 1933, en San Pablo buscó siempre en sus películas retratar al oprimido pero no desde el panfleto, sino buscando su lado humano.
Una de sus grandes obras fue Santa Marta. Dos semanas en el morro (1987) para la cual permaneció ese tiempo en la favela Santa Marta, de Río de Janeiro, con su equipo, registrando en primera persona la vida de sus habitantes. También realizó Edificio Master, filmando la vida de un grupo de vecinos de clase media del barrio carioca de Copacabana.
Ese año había recibido el mayor premio de cine de Brasil, el Kikito de Cristal por el conjunto de su obra.
Pero Coutinho no sólo realizó documentales. Fue guionista de Doña Flor y sus dos maridos, y realizó entre el registro de la vida cotidiana y la ficción, por ejemplo Faustao, La ley y la vida, Babilonia 2000, Juegos de escena, destacándose además con Cabra, marcado para morir.
También había sido invitado a integrar la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, responsable del Oscar.
Este hombre del cine brasileño dijo algo magnífico: La película militante es una tragedia porque ya está escrita antes; convencer al ya convencido es terrible, hacer una película para convencer a alguien, también. También señaló que no quería un cine como instrumento político de intervención en el que el público piensa o debería pensar.
Lamentablemente, todo hace suponer que su hijo Daniel fue quien lo mató a puñaladas en su casa del barrio de Lagoa, al sur de Río de Janeiro…
