Gomorra genera la derrota, anuncia la continuación de lo mismo, concluye que nada se puede hacer porque el entramado es demasiado fuerte. Y todos, en mayor o menor cantidad están involucrados.

 

(Crítica publicada en diario Cambio)

 

Película desesperanzada, curiosamente respaldada económicamente por organismos gubernamentales europeos, y en especial italianos que, supuestamente apostaron a ella como forma de difundir la construcción de la Camorra desde la niñez de los desamparados de siempre, Gomorra genera la derrota, anuncia la continuación de lo mismo, concluye que nada se puede hacer porque el entramado es demasiado fuerte. Y todos, en mayor o menor cantidad están involucrados.

 

De lo contrario, ¿cómo puede entenderse que el negocio de la basura contaminada continúe funcionando, a pesar de que todos sabemos lo que hay atrás de ello; que son fácilmente localizables los lugares donde se la deposita? ¿Que la cantidad ya depositada es el doble o más que la altura del monte Everest, como se indica al final del filme, y todo sigue igual?

 

Lo que en una época el cine mostraba como fenómeno de futuro, y encerrado en la ciencia ficción, hoy es presente. Un presente que se inició en el pasado, y no se supo o no se quiso ver.

 

Gomorra trata no de una persona, no de un par de individuos, no de una familia, no de un barrio. Habla de un sistema. Un sistema social, político, cultura donde, como decía anteriormente todos están involucrados.

Donde todo funciona armónicamente, desde lo mínimo a lo macro (Se dice también al final de la película que la reconstrucción de las Torres Gemelas ha recibido dinero de la Camorra)

 

En lo pequeño, el sistema se alimenta del ingreso de niños que según muestra Gomorra, pasan (entre otras) por una despiadada prueba (se le coloca una precario chaleco antibalas y se le dispara de cerca. Si sobrevive, pasa  a ser “un hombre”) Ya dentro del sistema irá escalando posiciones en alguna de las bandas con la que se alimentan los peces medianos, que son devorados por los grandes, y así…

 

La acción se desarrolla en un complejo de viviendas que, a lo lejos parece ser una construcción de lujo que quedó paralizada y luego fue ocupada precariamente.

Sus corredores, sus espacios vacíos son los puntos de encuentro, de tránsito, de vida y muerte, de choques circunstanciales con una policía que actúa en desventaja, tarde, con pocos funcionarios, mal equipados, y evidentemente gobernada por algunas de las facciones del lugar.

 

LOS PERSONAJES

 

Jugada la película como coral, cuenta varias historias.

Quizás la más conmovedora sea la del entregador de dinero a familias del barrio, para que permanezcan fieles a una de las bandas. Es interesantísimo el retrato de ese hombre que debe cumplir solo con una tarea gigantesca. Es un oscuro empleado. Y cumple burocráticamente con su tarea que consiste en ir casa por casa entregando mensualidades, muchas veces con riesgo de su propia vida.

Está el niño que la madre no puede retener y se fascina con el mundo de los grandes que le rodean.

Dos adolescentes que, con poco de cerebro, quieren ser los dueños del lugar y avanzan hacia su propia destrucción de una forma previsible.

Un elegante empresario que juega con los políticos de turno para que los residuos tóxicos sean enterrados en vertederos, sin la menor culpa por su acción contaminante.

Su empleado que observa lo que hace.

Los africanos y los colombianos que son vistos apenas como viñetas, pero que queda claro que también forman sus propios grupos alrededor de la droga.

Un sumiso sastre que explotado por un empresario para que haga copias de ropa de alta costura y al que se le presenta la oportunidad de su vida cuando un extraño chino lo contrata para que enseñe a sus conciudadanos, su arte, cosa que no es bien visto por los prestamistas que presionan a su patrón…

 

 

EL VALOR DE LA MUERTE

 

La muerte está presente en todo momento. Comienza la película con ella, en todo su metraje son asesinados unos y otros, y finaliza también con ajusticiamientos.

Y entre medio, la vida continúa. La vida de las organizaciones mafiosas donde no importan los soldados, donde la vida misma no tiene valor.

Es por eso que se sostienen estas organizaciones. Porque lo individual no pesa, no importa en qué lugar de la pirámide se esté.

Cada individuo debe vivir intensamente el presente sabiendo que en cualquier momento es asesinado.

 

 

LAS DENUNCIAS

 

Con claras referencias a otros filmes, emparentada a Ciudad de Dios y Tropa de Elite, Gomorra está jugada casi como un documental.

Acompaña a sus personajes sin tomar partido por ninguno de ellos, porque lo que importa, justamente es comprender que, como decía anteriormente, todo ese submundo se sostiene porque el individuo no cuenta. Cuenta el sistema.

 

Es interesante observar por ejemplo cómo la vida cotidiana de la gente que no participa de todo ello, que está por fuera convive (convivimos) sin darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor. 

Y cómo se nos envenena diariamente hasta con alimentos y espacios contaminados sin que se haga nada desde los poderes que uno vota. La pregunta es de quienes son empleados los políticos. ¿De nosotros que los votamos? Seguramente que no.

 

Si bien en algún momento se estira innecesariamente con demasiadas historias, la película es muy buena. Como todo filme italiano es desprolijo. Pero tiene muchos valores. La cámara en mano recorre los espacios, escudriña, denuncia, acentúa. Los actores se muestran espontáneos, con un aire de la gente común que utilizaba en sus producciones, Passolini. El hilo argumental es perfecto y nunca descansa o se detiene en una situación. Salta de una a otra, sale, vuelve, y concluye cada historia, sabiendo que no es el final de lo que se narra. Que lo inconcluso del final es porque esto es apenas una muestra microscópica de un mundo que se reconstruye momento a momento.

 

La dirección de Matteo Garrone es muy buena, en una tarea nada sencilla. 

La fotografía de  Marco Onorato es excelente

 

 

LA MAFIA FINANCIA SU PROPIA CRÍTICA A LA MAFIA

 

Como en las películas de Frank Sinatra y su clan, uno al final se puede preguntar cómo les cae a los verdaderos protagonistas el verse en la pantalla.

Y la sensación que me queda es que les debe haber gustado mucho.

Porque si bien hay denuncia, Gomorra sólo muestra.

Y más de una lágrima de emoción habrá aparecido en los rostros de los retratados, sentados en la oscuridad del cine,  o frente a la pantalla del televisor.

 

Porque Gomorra no asume un rol de denuncia. Muestra. Dice, miren, esto es así. Y será por siempre porque los soldados se reproducen permanentemente, los mandos medios cambian y los jefes, a la larga también, y lo que se sostiene es el aparato, el sistema que incluso llega a financiar mega emprendimientos, con el beneplácito de los gobernantes, conocedores sumisos del entramado de donde viene el capital.

 

Estamos rodeados.

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