La película de Robert Redford, Leones por Corderos es un inteligentísimo ejercicio de cine político hacia la interna de Estados Unidos

 

 

 

(Publicado en Diario Cambio)

 

Como tal debe ser leído. No es causal que se estrene en cercanías de las elecciones presidenciales donde se vota la continuidad del Partido Republicano, con las ideas sustentadas por Bush, o el electorado apuesta al cambio dirigido por el Partido Demócrata.

 

El filme es un compilado de todos los temas posibles que la ciudadanía puede hacerse sobre la realidad de su país, y sirve, evidentemente como para sustentar las ideas de aquellos que se oponen a la continuidad de la guerra de Estados Unidos contra el Eje del Terror, y también para los muchachos que, hartos de tanta hipocresía de la clase política optan por desinteresarse de todo y permitir, con su ausencia, que los más retrógados puedan otra vez ganar.

 

Lo que  se narra está dividido en tres en tres historias que siendo paralelas, están absolutamente ligadas entre sí.

 

En la primera, el senador ambicioso que busca ser electo para la presidencia llama a quien es la periodista estrella de una cadena televisiva a su despacho. Allí, le informa a esta vieja izquierdista e idealista que supo ascender la imagen de este político habiéndolo señalado hace ocho años como la promesa más joven de su partido, que diez minutos antes de comenzar la charla comenzó a desarrollarse la campaña definitiva del ejército norteamericano en Afganistán.

La misma consiste en instalar bases de pocos hombres en las cimas nevadas de ese país para así poder tener el poder de divisar a los enemigos. Objetivo que también es el de las fuerzas talibanes.

El duelo entre la periodista que busca mantener el honor frente a un trepador político que quiere usarla para dar a conocer a la opinión pública una visión distorsionada se quiebra cuando los informes secretos que le llegan al senador durante la conversación no son los mejores…

 

La segunda historia es el duelo entre un joven con una postura muy clara y cercana al anarquismo de la mugre que es el sistema político y un profesor de Ciencias Políticas que trata de convencerlo para que asuma la responsabilidad de modificar lo que considera nefasto para el país.

Es un verdadero duelo de ideas. El profesor le increpa porqué dejó de ir a sus clases. El muchacho primero le da varias excusas que suenas superficiales. El docente entonces le dice que acepta que no vaya más a su curso y que en cambio de hacerlo reprobar la materia, lo exonera con un 8 pero con la aceptación de que nunca más será alumno de él.  El muchacho se siente chantajeado y finalmente confiesa que ya no cree en nada, que los jóvenes como él están hartos de los políticos, y de la corrupción y que en realidad llamar al curso "Ciencias Políticas" es una mentira, porque la política  no es una ciencia, es apenas el saber trepar derribando a los que están alrededor, sin importarle nada lo que públicamente dice sobre todos los temas planteados.

Es brillante este duelo y es evidente que los argumentos golpean al espectador.

El profesor confiesa a su vez que el muchacho es brillante, el mejor de su clase y quiere salvarlo para que enfrente al sistema.

Y allí aparece una escena donde en un ejercicio, la clase defiende el que haya jeringas gratis para los drogadictos, y él, en solitario, dice que está mal. Porque en realidad lo que habría que hacer si estamos interesados en la temática ciudadana es abrir una vía para alcohólicos en las autopistas porque esa droga mata mucho más gente que la otra. 

Pero este comentario es apenas una perla de un largo collar que se va desgranando a medida que avanza la conversación.

 

Finalmente, la tercera historia es la de dos ex alumnos de este profesor que deciden alistarte para ir a pelear por Estados Unidos, entrando en el Ejército que invade a Afganistán, no por la Patria en sí, sino porque de esa forma podrán, si es que regresan, tener un seguro social que les va  a permitir a ese afroamericano y al mexicano vivir mejor el resto de sus vidas.

El docente se indigna con esa determinación de los dos jóvenes y se pregunta, y pregunta al espectador, por qué la gente más pobre, en vez de preocuparse por mejor la vida en sus barrios, eliminar la pobreza, se alista primera para defender la bandera. ¿Por qué?

Y por qué los que van a los colegios más caros son los que dudan de alistarse para combatir. ¿Por qué?

 

Este filme excelente, que busca que el espectador, en especial el norteamericano se sensibilice ante tanta mentira organizada (como decía "La marcha de la Bronca", de Pedro y Pablo) encierra dardos para todos los bandos.

El cuestionamiento que hace el político corrupto a la prensa y su papel en la guerra de Irak, es indiscutible. Señala que los medios de comunicación tienen sus propios pecados, y también algún día deberían pedir disculpas al público que los consume.

 

La gran cachetada está en el título del filme. Un viejo militar alemán un día dijo que admiraba a los soldados ingleses pero despreciaba a sus mandos, que los primeros eran leones dirigidos por corderos. Y el profesor lo trae a la realidad de Estados Unidos, haciendo el paralelo de las tropas que demuestran el valor, pero que son dirigidos por generales y políticos que no merecen su respeto.

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