(Publicada en Diario Cambio)
BRUCE WILLIS ES MUCHO MÁS QUE ESTE PERSONAJE
Este excelente actor es uno de los tantos que se ha eternizado en nuestro imaginario, en determinado papel. En su caso, el de policía. Aquel corajudo que enfrenta al crimen organizado… y también a aquellos compañeros corruptos.
Pocas veces se le vio en otro tipo de películas y es una pena porque por ejemplo resulta un excelente comediante.
Nacido en 1955, en Alemania (su padre era militar norteamericano afincado en una base allí, y se casó con una alemana) A los dos años se radicó la familia en Nueva Yersey, y allí luego de terminar sus estudios comenzó la escuela de arte dramático, y luego marchó a Nueva York a probar fortuna. Solventando su búsqueda con trabajos de camarero, Willis intentó en varios elencos teatrales y también se dedicó a la música, especialmente su pasión, el blues y el soul.
Pero su descubrimiento fue a través de la serial de los '80, "Luz de luna" (1985), junto a Cybil Shepherd, con la que consiguió ganar un Emma.
Su primer trabajo fue en "El primer pecado mortal" (1980) sin figurar su nombre, y luego Veredicto Final (1982), con Paul Newman.
Dos años después del éxito de Luz de Luna, Black Edwards lo dirigió en Cita a ciegas, con Kim Bassinger y posteriormente La muerte les sienta bien, notable comedia negra.
Luego actuó en La jungla de cristal (1988) que ya lo iría acercando al cine policial.
Pero Bruce Willis es más que ese insólito agente (como en Duro de Matar, Sin City o esta 16 calles), porque incluso en dramas como Sexto sentido o Pulp Fiction se destaca la calidad actoral.
Acá Willis está cansado. Como su personaje. Y sostiene su papel en base a oficio. Pero no es uno de sus mejores trabajos.
EL ARTE DE CONTAR
Los norteamericanos son especialistas en narrar. Desde el siglo XIX se fueron sucediendo excelentes cuentistas que fueron contando historias que permitían sostener la atención.
En el cine, desde un comienzo, el cine yanqui ha sabido llevar un hilo argumental que permite al espectador estar atento a cada minuto siguiente.
Hasta que… llega la película a la resolución.
Ese es el gran talón de Aquiles de la industria hollywoodense.
Cuando hay que hacer un redondeo y un cierre, difícilmente y casi siempre (hay destacadas exepciones) en pocos minutos se pincha el globo de la atención y torpemente se llega a las letras FIN.
Aquí ocurre algo por el estilo.
Todo el desarrollo del filme (hasta la media hora final) está muy bien narrado.
LA HISTORIA
A las 8.02 de la mañana, Jack Mosley (Bruce Willis), un veterano y cansado policía recibe la orden de llevar a un prisionero, Eddie Bunker (Mos Def) de su celda a la Corte para que testifique contra policías corruptos. Debe llegar a las 10 al edificio que queda apenas 16 cuadras de allí.
Encerrado el prisionero- testigo en la parte de atrás de su auto, comienza el trayecto sin darse cuenta de lo congestionado que está el tránsito.
Cuando se detiene a comprar una bebida (no puede con su alcoholismo), Eddie está a punto de ser asesinado, pero el agente se adelanta. Mata a uno de los atacantes y descubre que lo que buscan sus compañeros es eliminar a Bunker porque si llega a testificar, van a encarcelar a varios policías corruptos.
Y además esos compañeros están vinculados a él a través de un pasado oscuro.
Y le piden que elimine al delincuente.
Muy al estilo de otros personajes tercos de Willis, este policía decide luchar por la vida del prisionero y entregarlo como correspondía, a las 10 en la Corte.
Hasta allí, la película anda a la perfección. La adrenalina se apodera de la acción y el espectador no puede dejar de estar atento a lo que ocurre.
HASTA QUE…
…Llega el momento de la reflexión. Entonces, comienzan las aclaraciones, las explicaciones, se unen los hilos, se entiende más lo que pasa pero el filme se empantana y no sale de ahí.
Hay un conjunto de personas que permiten que esta historia se sostenga. Lamentablemente en este caso no es Bruce Willis. Los méritos están en la parte técnica.
La fotografía de Glen MacPherson es excelente. Tiene el nervio suficiente, con el uso de la cámara móvil, como para captar como si se tratara de un documental o un noticiero, lo que ocurre.
También el montaje de Steven Mircovich y la dirección de Richard Donner, hasta que se pierde en el final, aunque eso pueda deberse a la flojedad en esos minutos del guión de Richard Wenk.
En suma, buen entretenimiento, con las salvedades señaladas.
