Psic. Andrés Caro Berta
Publicado en Diario Cambio y SUS On Line Junio 2006
¿A QUIÉN ELIJO?
Match Point es hasta ahora la última película de Woody Allen y no parece ser de él. No es peyoratívo. Es que se trata de un filme diferente a otros realizados por este realizador norteamericano.
En el mismo, se muestra un conflicto que por reiterado en el cine y la literatura, resulta un tanto obvio. El muchacho un tanto trepador que a la hora de elegir, tiene que optar entre el verdadero amor y la conveniencia.
UN LIBRETO SUPERFICIAL
Woody Allen presenta a los personajes, no profundiza en sus intereses, sólo ofrece hechos, algunas informaciones y no se detiene en cavilaciones existenciales. Es el espectador el que tiene que ir armando dentro de sí, la madeja de afectos que se va mostrando apenas en la pantalla.
RICOS Y DESEABLES
El personaje central es Chris Wilton (JONATHAN RHYS MEYERS) que se presenta a pedir empleo de instructor de tenis en un club exclusivo de Londres.
Uno se entera que estaba entre los mejores de los campeonatos internacionales, pero no quiso continuar, aunque los datos no agreguen muchos más detalles.
Allí conoce a alguien que desea tomar clases. Así el tenista fracasado entra en el círculo familiar de su alumno Tom Hewett (MATHEW GOODE), y conoce a la hermana de éste, Chloe Hewett (EMILY MORTIMER) con la cual establece un romance relativamente formal que lleva a la pareja al matrimonio.
Claro, siempre aparecen las complicaciones. Y aquí surgen con la presencia de la novia del alumno, Nola Rice (SCARLETT JOHANSSON) una frustrada actriz primeriza, norteamericana, un tanto ordinaria que no pega con el clima de británicos de clase alta y que en un juego de conveniencias convive con el millonario Tom, usándose mutuamente entre sí.
Chris y Nola descubren una conexión que se inicia con miradas penetrantes, que los lleva en definitiva a una relación oculta, cargada de pasión y donde aparece finalmente el amor.
¿SER O TENER?
Pero, repitiendo lo describió Shakespeare en su atormentado Hamlet enfrentado a la calavera y a la disyuntiva, aquí él repite internamente el ser o no ser, o mejor, el SER O TENER, dado que en inglés el TO BE puede ser tomado como eso, ser o tener.
En este relato, se da el tener que decidir entre mantener la posición social y económica que conquistó o perder todo pero ganar el estar en pareja con quien realmente quiere, que a esta altura tiene un hijo del tenista fracasado en su vientre.
Hasta aquí es una película.
Sus ritmos son lentos, todo está narrado con cierta distancia, el clima y los actores se muestran muy británicos.
SE VA LA SEGUNDA
Lo que sigue es otro filme. Uno que tiene un tono de tragicomedia, con toques surrealistas de humor y una acción delictiva atropellada que busca una resolución demasiado simplista. Y ahí sí aparecen todos los malos guiños de Woody Allen.
Aquello que estaba descrito en un tono costumbrista pasa a ser un relato policial un tanto insólito, y traído de los pelos, con incluso dos policías ingleses un tanto lejos del prototipo de la Scotland Yard y Sherlock Holmes y su compañero Watson, que lejos de investigar optan por suponer cómo se dieron los hechos y así, no profundizar.
La resolución es burda, atropellada y cargada de apuntes de un psicoanálisis trasnochado.
AY, WOODY, WOODY
Debo reconocer algo.
En general no me gusta el cine de Woody Allen.
Eso sí, rescato películas puntuales que son pequeñas obras de arte como "Manhattan", "La Rosa Púrpura del Cairo", "Broadway Danny Rose", "Dulce y melancólico" y poca cosa más.
Este director sobrevaluado especialmente por sus toques de humor intelectual judío, con años de diván psicoanalítico, que le dieron pie a varias bromas sutiles en sus parlamentos, fue reiterándose en sus obsesiones y así, película a película se ha ido repitiendo, lo que para muchos ha resultado una virtud.
GUIÓN SUPERFICIAL
En esta producción, filmada totalmente en Londres, Allen se torna descriptivo y superficial con sus personajes.
Las actuaciones, claro, no ayudan mucho, tampoco.
La sensación que queda es la de haber visto la misma historia ya muchas veces, sin que se aporten en este caso, nuevos elementos que enriquezcan lo que se narra.
PREGUNTAS, PREGUNTAS
Y quedan preguntas sin contestar. ¿El personaje central es un trepador o un perdedor? ¿Por qué abandonó la competencia y terminó en un club exclusivo de Londres? ¿Qué buscaba allí? ¿Estaba programado todo? ¿Lo estaba ese matrimonio con la hermana de su alumno? ¿Qué sentía por su esposa? ¿Era sólo un tema de dinero? ¿La amante quién era en realidad? ¿Por qué trama el acto trágico del final? ¿Valía la pena algo tan cruel? ¿No sentía nada?
Estas preguntas que podrían resultar interesantes como para que el espectador se quedara razonando y opinando, acá están sin contestar porque Woody Allen directamente no profundiza en los personajes ni en la acción,
O sea que la falta de respuestas no es virtud del director, que deja librado al espectador a que suponga lo que no muestra, sino la omisión del narrador, que deja de lado datos importantes para hacer creíble la historia que cuenta.
Si no es fanático de Woody Allen…
