Además de las notas de críticos teatrales, se incluyen dos cartas importantes de Carlos Reherman y Nelson Caula.

 

 (Opina Jorge Arias. "La República")

 

"Andrés Caro Berta retoma la reivindicación de Sade que comenzara hace medio siglo Maurice Heine y Gilbert Lély. El único elemento nuevo que encontramos es una breve enumeración de las crueldades y torturas cometidas por el hombre en el curso de la historia y que no son imputables al marqués. (...) Caro Berta recurre a los mismos argumentos de Lély para minimizar las fechorías que llevaron reiteradamente a Sade, pese a la protección de la monarquía, a la cárcel. (...) Nos permitimos disentir. El marqués confesó haber flagelado a sus víctimas varias veces y no negó los graves desarreglos gástricos que sucedieron en lo que Lély llama modestamente el episodio de los 'bombones con cantáridas' (...) Caro Berta que presenta a Sade como un común y corriente adicto al sexo anal molestado por unas prostitutas, no sólo pasa por alto al sadismo, sino que omite cuidadosamente la afición más insistente y por descontado más molesta, que aparece en los escritos del marqués: la coprofagía, a la que se añaden, por supuesto, las hermanas menores de la coprolalia y la coprofilia"

 

" 'Sade, el divino marqués...' tiene un mérito, ya muy raro en el teatro uruguayo de hoy, donde la vulgaridad de las ideas, la deliberada grosería del lenguaje y los atentados contra la sintaxis gozan de especial favor, de estar correctamente escrita. Walter Rey interpreta con dedicación ejemplar a su personaje, y es convincente. Pero no es Sade,  sino alguien que ha tomado su nombre"                                                                                                                  Jorge Arias

 

(Opina Jorge Pignataro. SODRE)

"Inicialmente debo señalar la exploración de tema que hace el autor, Andrés Caro Berta.

Me sorprendió, además, por inesperada, la fluidez, comodidad, precisión y puntería con que se maneja en el uso del lenguaje dramático. (...) Aborda un personaje bastante frecuentado pero no siempre con la justeza que merece, como él lo hace puntual y acertadamente. En ese sentido, impresiona el pulso dramático que le impone a la pieza, que más allá de algún puntual descaecimiento que no llega a alterar gravemente el previsible crescendo que deberá desembocar en el climax final, abre un ancho cauce para que el alto oficio de Walter Rey se ejercite en todo su esplendor, en uno de sus mejores trabajos (y tiene muchos) y le preste al propósito dramático un espléndido servicio. La parquedad en el uso de elementos accesorios (escenografía, vestuario, luces) dota al conjunto de un encomiable aire de teatro de cámara (...)

 

Si tuviera que resumir mi impresión, no parece una "opera prima" No, detrás de la  obra de Andrés Caro Berta hay una experiencia, una veteranía, nada que ver con 'un principiante'. Quedamos en espera de la próxima.                                                       Jorge PIGNATARO

 

"CONTRADICTORIO Y APASIONANTE"

 

"(...) Andrés Caro Berta dramaturgo uruguayo de fina sensibilidad y vigorosa posición histórica, demuestra en esta pieza un interesantísimo equilibrio entre la sensatez objetiva necesaria para formular el conflicto y un apasionado sentimiento dramático. Caro Berta da garantías de una gran solvencia en la escritura y como director manifiesta habilidad para graduar el crescendo de las situaciones, que avanzan simétricamente generando una moderada unidad de tiempos teatrales, sin desbordes ni fisuras en el tratamiento escénico. La interpretación de Walter Rey es el punto más alto y sorprendente del espectáculo. Una actuación que ratifica al actor como uno de los grandes intérpretes dramáticos del teatro uruguayo. Sutil en el trazo más sensible, sugerente en la seducción inicial, descarnado y a puro pellejo para someter a sus víctimas, procaz, obseno sin límites que interfieran en el hallazgo del gozo sexual, decidido al uso de instrumentos aterrorizantes para provocar los estados de placer, mediante tormentos y torturas y un rico repertorio de inspiradas depravaciones. Cáustico, irónico, capaz de insospechadas crueldades; no obstante guardando en su más profundo abismo las iras propias de la naturaleza de los hombres, los miedos, las frustraciones, la soledad. Este Marqués de Sade que formula Caro Berta, descubre además de su carácter libertino, de su personalidad configurada por los contrastes más antitéticos, de su constante confrontación con todos los dogmas sociales, una voluntad de despellejar el paisaje hipócrita de la sociedad que le condena. A partir de una versión bien movida, excelentes luces, muy buen vestuario, Walter Rey profundiza en un personaje contradictorio y apasionante". (CRISTINA LANDÓ. "LA GUÍA DEL OCIO")

 

"EL DEDO ACUSADOR"

 

"(...) La atracción de esa figura consular -que también el francés Enzo Cormann supo recrear- atrajo al novel autor y director Andrés Caro Berta, que construye un monólogo en el que el marqués se enfrenta a sus propios recuerdos a partir de la relación con una dama que está y no está frente a él. Caro Berta juega con una tela plegada que hace las veces de esa mujer, objeto de los placeres y dolores de Sade, recurso interesante que podría haber repercutido hacia el final en la conciencia del protagonista, reforzando la ficción y la imposibilidad de concretar sus fines.  (...) Walter Rey, nominado recientemente por "En la Colonia Penitenciaria" pone al servicio del personaje toda la carga emocional y los recovecos que éste requiere, aunque su discurso parezca algo alambicado, con un diagramado escénico de escasos cambios. Lo que se dice es punzante y audaz, para aquella época y para la nuestra, prolonga su eco en un tiempo en que los dobles discursos siguen existiendo. El marqués continúa allí, enhiesto, con el dedo acusador y su bandera del goce, instándonos a sumergirnos en nuestras zonas oscuras". ALFREDO GOLDSTEIN ("Brecha")

 

"NI EL DIVINO POETA PUEDE CONTRA LA VIOLENCIA DEL MUNDO 'ACTUAL'"

 

"(...) Para arremeter con el desafío que el personaje genera, Caro Berta utiliza a un excelente actor y director nacional que es Walter Rey, el cual traspira sangre, sudor y lágrimas para condensar en una hora de buen teatro de cámara todo el caudal de vivencias y emociones que corren por las venas de un veterano comediante cuando tiene que encarnar a un monstruo de la historia. Esta acertada elección por parte del director automáticamente genera un buen crédito en el desarrollo de la representación, asegurándose una más que correcta interpretación del texto dramático que abunda en citas poéticas del mismísimo Sade, volviéndolo particularmente deleitable y gozoso para nuestro subconsciente. 

También fue hábil Andrés en la elección del escenógrafo y sobre todo a Inés Saavedra y Daniel López para la música, la cual le da a la Mise en Escene un carácter como cinematográfico, sobre todo en el comienzo draculiano de la puesta que el propio autor, en un paso tan peligroso como atrevido para la crítica uruguayo hace de su propia tragedia. (...) Le deseamos a todo el equipo de producción, el mejor de los augurios, recomendando la difusión de esta pieza sobre todo entre el público que no conoce la obra del Sabio francés, sirviendo como un excelente vehículo introductorio". LIC. FERNANDO PALUMBO ("SIETE SOBRE SIETE")

 

DOS CARTAS (ENTRE TANTAS) QUE RECIBIMOS:

Esta vez de Carlos Reherman y Nelson Caula.

 

"Andrés: Leyendo los comentarios de Friedler y otros, y recordando la obra (cosa que he venido haciendo desde el domingo), te comento dos desacuerdos con esos comentarios:

Primero, que el texto no sostiene el trabajo de Walter, o más bien lo sostiene, sí, pero después del gran trabajo de Walter. Es un texto que podría haber sido destruido por un trabajo actoral que no llegara a la convicción del que hace Walter. No porque el texto sea flojo, sino por lo contrario: es un texto tenso, que sospecho (sin ser actor) muy difícil de sostener sin disponer de una intensidad equivalente a lo que se está diciendo. Así, con esa intensidad y convicción, el texto adquiere su verdadera dimensión. 

Segundo, y relacionado con lo primero, las reiteraciones no me parecieron tales; creo que un monólogo largo requiere esas vueltas a un tópico para arrancar con un nuevo ciclo (que en música se llamaría variación). Pero para el actor sí que es difícil no entrar en un bucle cuando hay un retomar algo ya dicho, y esa dificultad hace más impresionante el trabajo de Walter. Mi gusto personal está un poco alejado de los estilos realistas o naturalistas de actuación, como el que ejerce Walter. Pero reconozco un buen trabajo cuando lo veo. Y cuando está muy bien hecho, me atrapa y me engancha. Eso me pasa muy pocas veces. Me pasaba con Mingo Solari, por cuya camaleónica capacidad de trasmutación tengo una admiración sin límites. Me pasaba con Halty, que era siempre Halty pero siempre me convencía; me pasa con Walter Reyno. Ves que hablo de actores de una tradición que podría decirse stanislavskiana, aunque yo prefiera a los grotoskianos. Estoy siendo muy bruto, pero más fino no puedo hilar.

Bueno, con tu obra creo que Walter se ha colocado, en mi estimación por el actor, en uno de los primeros lugares, de los veintipico de años de espectador de teatro que tengo. Me hizo disfrutar del espectáculo, algo que me pasa poquísimas veces. 

Un abrazo, y felicitaciones" 

Carlos Reherman

 

"Mi muy entrañable y querido Andrés: La primer sorpresa es la calidad, profundidad y fluidez del texto, con sus "deciveles" tan variados, como armónicos. No es que  te subestimara ni nada por el estilo, pero no parece el texto de un debutante, sino de alguien muy depurado y experto en la materia. Supongo que tanto cine (de dónde se desprende una ambiciosa e inusual banda sonora para teatro, excelente además) y periodismo han tenido algo que ver. Lo demás debe correr por cuenta del psicólogo, por suerte lejos del aburrimiento que caracteriza esta estirpe. El comunicador está muy presente. 

Lo segundo es la imagen; de Sade todos tenemos otra idea -que la obra no esconde, a pesar que hay jueguitos y jueguitos- y acá se exalta su faceta removedora en el plano de las ideas. Al "paisito" le viene bien, en ésta y cualquier época, esta bofetada a su clásica hipocresía y a nuestros actuales reyes y reinas y curas, y sus fiestecitas, como las que describe el propio Sade en tu obra. Felices de ellos, lástima que no inviten y después condenen a los otros, por lo que para muchos de ellos es costumbre. 

No siempre el monólogo tiene el actor que merece; en este Sade tuyo, don Walter cae como anillo al dedo. Sobre su insuperable nivel, no vale la pena detenerse, lo cual debe haber ayudado mucho al también novel Director, pero impacta hasta en lo físico. 

La cosa salió redonda, tendremos que ir acostumbrándonos al Andrés Caro autor -y ¿guionista?- ganado en muy buena ley. 

Un abrazo, extensivo a todo el equipo que se lo nota gozoso con la obra y el emprendimiento, otro mérito innegable de quien los junta. Probablemente volveré a verla". 

Nelson Caula.

 

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