Este dulce sabor amargo que me deja
recorrer tu cuerpo con mi lengua.
Andrés Caro Berta
Este dulce sabor amargo que me deja
recorrer tu cuerpo con mi lengua.
Tu cuerpo se afloja, se tensa,
tiene montañas, planicies, montes y cuevas,
humedales, desiertos de sal y leche dulce.
Mi lengua recorre tu cuerpo lentamente,
sin apuro,
y tú estás entregada a ese juego.
La nuca que se eriza ante mi paso anunciado,
los lóbulos de las orejas
donde introduzco mi boca,
y saboreo como si fuera un caramelo.
Mi lengua da círculos concéntricos alrededor
de esos globos que se hinchan a medida
que se acerca.
Intuyo allá arriba un pico montañoso rojo
que se agranda y endurece,
esperando la llegada de mi boca,
que demora, demora, demora.
En la selva, la lengua bordea los precipicios.
abre sin pedir piedad,
y bordea las profundidades, besando lentamente
hasta llegar a esa maravilla de punto oculto
que se endurece, pidiendo a gritos ser tocado.
Y la lengua, luego de mucho andar, lo roza,
lo mima, lo castiga con pequeños golpecitos,
le da palmadas, lo protege poniéndolo todo
en la boca;
los dientes lo tocan levemente,
y tus gemidos pasan a ser gritos de auxilio,
pidiendo que no se aleje, que no se vaya,
que no se detenga,
que es increíble,
que no puedes más,
que te vas a desmayar,
que, que, que,
y el grito sacude esa parte del cuerpo,
que arrastra a la lengua,
que sabe, terminó su labor.
Entonces, beso con besos muy chiquitos
ese cálido lugar tuyo,
le hablo, le digo cosas casi en silencio,
y apoyo mi cara entre tus piernas y
oigo la humedad y los estertores.
Y subo y te beso en la boca.
Me pides que te abrigue porque te vino frío,
y nos cubrimos con la manta,
y te apoyas en mi pecho y cierras los ojos,
y ronroneas,
mientras me dices: "te quiero".
