¿Cómo vender las tristezas para que entre el Sol? El titiritero encontró la solución.
SE VENDEN TRISTEZAS A BUEN PRECIO
Andrés Caro Berta
El titiritero siempre se ponía en el borde exterior de la Plaza, un lugar abierto enorme, donde la Iglesia imponía su presencia. La gente se amontonaba a la hora que el titiritero hacía su acto de magia.
Ese pueblo tenía un problema serio. Estaba triste. Por más que lloviera o hiciera buen tiempo, por más que naciera alguien o se casara la chica más solitaria, todos estaban tristes.
El titiritero no entraba en ese clima porque era del pueblo de al lado.
Cuando el títere hizo su aparición, frente a cien rostros tristes, incluso de los niños, el hombre dijo a través del monigote: "Se venden tristezas a buen precio"
Eso fue como cuando sale el sol por el horizonte.
El muñeco de trapo quedó mirando a los espectadores que observaban sin entender.
Entonces, el títere comenzó a saltar histéricamente de un lado para otro del teatrito y repetía: "Se venden tristezas a buen precio. ¿Alguien las quiere comprar?"
Un viejo gritó: "¿Para qué si me alcanza con las que tengo?"
Y otro saltó: "Entonces vendo las mías"
Y la mujer de las tortas se rió. Y el cantinero se rió. Y comenzaron a mirarse. Y fue milagroso.
Todos vendieron sus tristezas al viento, que se las llevó muy lejos y para siempre.
Hoy, el pueblo tiene en la entrada, un cartel: "No compramos más tristezas. Si tiene una, siga de largo"
