Los dos primeros capítulos de esta extraña y húmeda relación entre dos mujeres.

Andrés Caro Berta

 

 

Capítulo 1

 

Mary era una hermosa descendiente de norteamericanos del Sur, que provocaba dolores de cuello  a los hombres y mujeres que caminaban por la calle, y tenían la suerte o desgracia de toparse con ella  sin previo aviso.

Con cabellos muy rubios y largos, Mary usaba vestidos ajustados, tacos altos, y gustaba sostener su  busto  procurando ocultar sus formas.

Los labios, carnosos, marcaban la sensualidad de su rostro, que se complementaba con otros elementos como un pocito en el mentón, una nariz perfecta y ojos soñadores.

Mary se reía de las miradas que provocaba, no creyendo que fueran para ella.

 

Vivía  en una calle pequeña de un pueblo pequeño, cercano a la gran ciudad.

Casi todos los que la conocían, se preguntaban, no sin cierto aire envidioso, por qué nadie compartía con ella su vida, siendo tan bonita.

 

Un día, Mary caminaba lentamente hacia el almacén cuando se encontró con Lena. Fue instantáneo. Las miradas se cruzaron y quedó fascinada con esa mujer desconocida.

No supo qué hacer ni qué decir. Se puso torpe. Se le cayeron unos papeles y esperó que la otra se agachara, pero Lena permaneció impertérrita frente a ella.

-Vamos- le dijo- Es hora de que los recojas.

Mary se fastidió, pero no tuvo más remedio que agacharse mostrando sus hermosas nalgas que se tornaban más notorias, a raíz de la ropa ajustada.

Pero no fue posible atrapar a todos, así que debió ponerse de rodillas para hacerse del último que estaba sujeto a un zapato de Lena.

Desde abajo, Mary levantó la mirada y vio que la mujer la miraba sonriente. -Adelante- le dijo y levantó el pie.

La rubia intentó pararse por su cuenta pero no lo logró por lo que estiró su mano en busca de la de Lena, pero la otra le dijo- Toma la pierna, es más segura.

Mary aceptó la invitación y como trepando por una columna fue subiendo hasta quedar nuevamente parada.

-Hola- le dijo Lena.

-Hola- contestó  Mary.

Lena era negra. Sus cabellos alborotados, labios carnosos, ojos intensos. Grandes pechos le daban fuerza a su cuerpo que se complementaba con buenas caderas y fuertes piernas. Vestía un pantalón  ajustado y una blusa suelta.

Mary estaba nerviosa. -¿Nueva por acá?

-Ajá- le dijo Lena.- Recién llegada.

-Ah, bienvenida, entonces... ¿Aceptas un té en mi casa?

Lena sonrió cómplicemente. -Acepto.

 

Capítulo 2

 

En el apartamento, Mary buscó ordenar precipitadamente sus cosas, pero Lena la detuvo. -Está todo bien- le dijo.

Entonces, la rubia fue a la cocina y prendiendo la hornalla, buscó el saquito de té y esperó mientras se calentaba el agua. Estaba ruborizada. Se ajustó el soutién. ¿Qué le pasaba? Abrió el placard y sacó una taza con tan mala suerte que ésta cayó hacia el piso.

Mary se agachó para recoger los trozos desperdigados cuando encontró los zapatos negros de Lena a su lado. Levantó la vista y observó que la otra mujer le decía- Adelante - y se quedaba quieta.

La fastidió, podía ayudarla, pero prefirió arreglar todo pronto.

Optó  esta vez no aferrarse a ella y se apoyó de un mueble cercano.

Cuando estaba parada, con los trozos de taza en la mano, Lena, a su lado le sonrió.

-Bien- le dijo. Y fue  a sentarse en el living.

Mary estaba confundida. ¿Qué era esto? Ella como mujer blanca merecía un trato al menos amable de esta... negra... que recién conocía... y que ya había traído a su casa... Se fastidió consigo misma... Tiró a la basura los restos, y viendo que el agua estaba caliente  sacó otras dos tazas, sirvió el té y lo llevó hasta donde estaba la otra.

Lena esperaba con una sonrisa en la boca.

-Aquí tienes... - le dijo la rubia.

-Gracias- respondió la negra.

Ambas quedaron mirándose a los ojos.

-¡Qué ojos grandes que tienes!

- Gracias dijo Lena.- A mí me llama la atención tu cuello...

-¿Mi cuello?

-Sí, merece un hermoso collar...

-¿Collar? Vaya...

-Sí, un día, si nos volvemos a ver...

A Mary se le apretó el pecho, sin saber por qué.

-Quizás te regale uno que tengo, que te va a encantar...

-¿Ah, sí? Dijo la rubia... ¿Qué tiene de distinto?

-Mmmm... Las sorpresas lo son en la medida que no se cuenten antes...

Mary sonrió nerviosa...

Las dos quedaron en silencio un rato.

De pronto, Lena tomó una mano de la rubia y mirando el cuerpo le dijo casi susurrando... -¡Qué hermosa eres!

La rubia tosió. No sabía si agradecerle o echarla. Pero algo la retenía...

Y sin decirle otra cosa, acercó la mano que sostenía en la suya, y la depositó en su boca. Los labios se abrieron dejando salir la lengua, mientras los dedos se resistían nerviosamente.

-¿Qué... qué haces?- le dijo la rubia.

-Nada, nada... Saborearte - Y la soltó.

-Bueno- Dijo Mary nerviosamente- Es hora de que te vayas...

-Bien- murmuró Lena y se levantó.

Cuando estaba llegando a la puerta, se dio vuelta y le dijo- Hubo algo que me  enloqueció...

-¿Lo qué? - dijo Mary ahogada

-Verte agachada, de rodillas  frente a mí...

-Ah, eh, bueno... No fue muy gentil de tu parte...

-Lo sé -contestó Lena- Pero me hubiera perdido el placer de verte a mis pies...

-¡Qué extraña que eres! ¡Mucho gusto de haberte...!

Lena se rió. -Eres hermosa cuando te pones nerviosa...

Mary intentó sonreír. Algo le pasaba. Se había mojado entre las piernas, lo  que hacía tiempo no le ocurría. Pero tenía que echarla...

-Mira- dijo Lena- Ya me voy... No pretendo hacerte nada... que no quieras... Quizás algún día desees  volver a verme...- Y le dio una tarjeta con su nombre.

Mary cerró la puerta y quedó con taquicardia del otro lado.

Miró la tarjeta. Había un teléfono.

 

(Continúa)

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