UNA PELÍCULA PARA NORTEAMERICANOS

 

La primera sensación que se tiene es que esta película está hablando de cosas que uno ya conoce. Ello puede generar cierta decepción porque "casi" todo ha sido ya publicado. Incluso faltan terribles situaciones que se dieron luego de haber finalizado la producción (entre ellas las torturas en las cárceles iraníes y de Guantánamo). 

El tema es que quienes no lo saben son los propios norteamericanos. Es por eso que Moore que no es ningún tonto, apunta a concientizar a sus compatriotas contra Bush, un presidente fraudulento y carente de los mínimos escrúpulos, según lo que se ve en el filme, y lo que uno sabe por otras vías.

 

Por ese motivo, Fahrenheit 9/11 es un minucioso recordatorio de cosas que si uno no las ve juntas, cree que no tienen vínculos entre sí.

Allí, Moore ataca directamente a la familia Bush haciendo un recorrido a través de por lo menos treinta años. Descubre a un adolescente George W., inconsistente y mediocre que, apoyado por su padre escala hacia el Poder sin saber muy dónde está parado, acompañado por los amigos de papá, integrantes de la familia Laden, entre otros. 

Como ocurre habitualmente, este muchacho no es más que una pantalla para tremendos negociados con el petróleo que concretan su papá y los árabes sauditas, de la mano de esa familia Laden, la misma que inmediatamente después de la caída de las Torres es autorizada a dejar al país, en tanto todos los vuelos de y hacia EEUU se encuentran cancelados.

 

Duele ver cómo se construyen los imperios por encima de la ética y la moral. Es doloroso aceptar, como lo hace Moore al final del filme que quienes más quieren a su país, quienes más desean sacrificarse por el mismo, quienes no dudan en luchar por los ideales son aquellos que  tienen menos.

 

¿DOCUMENTAL O PELÍCULA DE PROPAGANDA?

 

Este especial director ataca donde más duele. Y sí, termina siendo una película de propaganda, por momentos alejándose del clásico concepto de "documental". Y sí. Pero, ¿quién está libre de culpa en los medios de comunicación? En el metraje se descubre cómo la población fue realmente manipulada a través de las noticias deformadas buscando generar pánico de hipotéticos ataques terroristas, para así gobernar libremente, casi al borde de la dictadura (tal como lo plantea el mismo Bush, lamentándose que dicho régimen no sea el que sustituya a esta devaluada democracia) 

 

¿IMPACTARÁ EN LAS ELECCIONES DE NOVIEMBRE

 

Esa es la pregunta que gran parte de los espectadores se hace, cuando apenas faltan unas semanas para las elecciones.

Las referencias que tenemos es que luego del impacto del estreno, la película ha comenzado a quedar perdida entre otros filmes y muchos norteamericanos ni siquiera están interesados en ella.

Quizás se deba a que Fahrenheit es un producto para convencidos, lo cual es un punto en contra.

Los que son demócratas podrán divertirse con algunos montajes que ridiculizan lo que ya es ridículo y se sentirán estimulados a votar en noviembre contra los republicanos; pero otros podrán ofenderse mucho y jurar que no son ciertas las imágenes.

 

LO QUE SÍ ES CIERTO

 

Lo que no puede negarse es el negociado internacional del petróleo que denuncia Moore y el cariz trágico que tomó la historia cuando comenzó dicho negociado a generar víctimas y más víctimas, primero en Nueva York y luego en Irak.

Los norteamericanos tienen una censura previa que les ha impedido observar por ejemplo a los soldados heridos (o en el momento preciso en que lo son); los cuerpos calcinados de compatriotas colgados y apaleados, los féretros con la bandera lo cual genera más pánico que otras imágenes, las mujeres irakíes ajenas a la guerra, llorando por sus muertos, la entrada de las tropas aliadas a los domicilios particulares en busca de posibles enemigos a USA; y a su presidente sonriente y haciendo morisquetas antes de contarle al pueblo la decisión tomada de invadir Irak . Tampoco seguramente conocían que sus legisladores no habían leído previamente las leyes que otorgaban el permiso para que ese país fuera a la guerra, ni que ellos no tenían hijos en el país invadido.

 

La película es muy importante. Y más allá del impacto que puede tener en el norteamericano medio en cuanto a que sea otro ingrediente para que vote a los demócratas, para nosotros que estamos afuera de EEUU nos queda la sensación amarga de que, como en otros ejemplos, la política es una porquería. Que no se puede creer en quienes la ejercen ya están absolutamente subordinados a otros poderes mayores que el visible, y que el deseo de ejercer el Poder no es más que para hacer negociados más fácilmente, así se vaya contra los propios compatriotas. ¿Se entiende?

 

(*) Publicado en Diario Cambio y Arte7

 

You have no rights to post comments