En este filme norteamericano podemos participar de dos desastres. El penúltimo de la humanidad, y la propia película.

 

 

 ¿SE ACUERDAN DE LA AVENTURA DEL POSEIDÓN?

 

Cuando terminó la del Poseidón, recuerdo que salimos del cine tomándonos de las butacas, y queriendo tocar el piso y besarlo como el Papa, teniendo la sensación de que recién nos habíamos bajado del barco en cuestión.

Entre medio vinieron "Terremoto", "Infierno en la torre", "Titanic", y tantos otros títulos del cine llamado "catástrofe". Pero los años pasan y el cine norteamericano se está volviendo viejo.

 

Entonces, los argumentos, por repetidos, terminan agotándose.

 

 

 DOS DESASTRES EN UNA SOLA PELÍCULA

 

Podemos decir que conviven en el metraje dos películas absolutamente distintas. La primera tiene que ver con el desastre "natural" aunque sea causado por el Hombre. El avance de la tormenta en el lado norte del planeta, la información relativamente científica que aporta, el nervio que se le imprime a esa parte de la historia hacen una muy interesante película. Es evidente que además tuvieron participación colaboradores que pudieron asesorar sobre el proceso de desastre.

 

Pero junto con ella está la "otra" película. Allí se desarrollan unas cuantas historias que terminan teniendo un punto común. El enamoramiento, el sacrificio, la valentía, la tozudez, la negación de los gobernantes que no pueden ver más allá de sus narices, lo heroico, todo ello desmelenadamente colocado sin ton ni son interrumpiendo lo verdaderamente importante, qué pasa en el minuto siguiente con el mundo.

 

 

 PÉSIMO GUIÓN

 

Lamentablemente, el guión es absolutamente desastroso. Incurre en tonterías, en alusiones banales sobre cosas del presente como la suspensión de la deuda externa de los países de Latinoamérica en agradecimiento al apoyo a norteamericanos que huían de la destrucción. También es pueril la construcción de cada uno de los personajes y las situaciones. Aquello que quizás pretendió ser chistoso (como la Biblia de Guttemberg que es rescatada de las llamas por un celoso funcionario público o la conversación sobre si tirar al fuego a Nietzsche porque estaba enamorado de su hermana), pasa a convertirse en algo tonto.

 

 

 FALTAN GUIONISTAS

 

El cine norteamericano viene en picada en relación a los guionistas. Preocupados por la tecnología, se apoyan en textos anodinos, personajes absolutamente esquemáticos y situaciones resueltas a las disparadas. Todo ello sumado a finales (como en este ejemplo) donde lo que falta justamente es un final, un remate. (Se dice en la película que vamos a entrar en una nueva Era Glaciar una vez que se vaya la tormenta, pero cuando termina ésta, sale el sol y todo indica que los sobrevivientes retornarán a sus hogares y la vida volverá en cualquier momento a ser lo que era antes... En ningún momento se explica qué pasó y qué pasará al sur del Ecuador...)

 

 

 LA TECNOLOGÍA

 

Lo que resulta realmente impactante son las escenas de esta tormenta que azota el norte del planeta, con un uso impecable de la computadora al servicio de graficar qué es lo que va ocurriendo. Las tomas de Los Ángeles y Nueva York en pleno desastre tienen una fuerza ejemplarizante para aquellos que aún creen que no pasa nada, y tampoco pasará.

 

La ola que inunda el centro de NY es de una veracidad tan cruda que va a hacer pensar a más de uno por un tiempo en aflojar con la polución.

 

Pero junto con eso debemos soportar la tontería más pueril de un argumento absolutamente endeble, que ni los propios actores se lo creen.

 

Lo dicho en el comienzo. Dos desastres. El primero, el de la Naturaleza, está magníficamente contado a través de las imágenes. Eso inmediatamente anterior a la escena final (porque ahí  se trivializa todo)

 

El segundo, en cuanto a las historias que se entrecruzan unas con otras, que estiran hasta lo insoportable la película.

 

Lo más importante de esta película es el mensaje ecologista. Es poner en nuestros ojos lo que va a suceder. Bueno, lo que les va a suceder a los norteamericanos, lo que no está mal porque al fin y al cabo es hecho por ellos y para consumo de ellos... y de nosotros... Pero como lo expresa el Presidente, somos del Tercer Mundo...

 

(*) Publicado en Diario Cambio y Arte7

You have no rights to post comments