Es un buen policial, que deriva inteligentemente en un caso de gran corrupción, y que abona la creencia popular norteamericana de que hay que desconfiar de las grandes empresas y de los gobernantes. No es poco.

 

(Publicado en diario Cambio)

 

Hay que reconocer que Mel Gibson es un buen actor. Cuando se mete a elaborar guiones y dirige aparece toda su faceta moralizante y sujeta a un catolicismo muy conservador (La pasión de Cristo, Apocalypto), aunque también hay que aceptar que es muy bueno en su labor como director.

 

 

COMIENZO DE LA HISTORIA

 

Aquí aparece Gibson como actor en una historia que en los primeros tramos parece ser un policial más. 

Un detective, espera el regreso de su hija a la casa, en una estación. Entre medio recuerda imágenes de filmaciones de cuando era chica, en una playa. Cuando aparece ella en el andén parten para el hogar y en la cocina surgen conflictos entre ambos aún no resueltos, pero en vía de superarlos. Ella comienza a sangrar y vomitar, pide ir al médico urgente y cuando están saliendo, en la puerta un disparo acaba con su vida.

 

Eso ocurre apenas en los primeros minutos de la película. 

 

 

¿A QUÉ LE TEMEN LOS NORTEAMERICANOS?

 

Lo que sigue es la investigación que hace por su cuenta el padre en busca de la verdad. Y allí (es bueno no desvelar mucho de lo que ocurre después) se va desatando una trama que tiene más que ver con la corrupción de privados en combinación con el gobierno, que meramente un hecho delictivo destinado a eliminar al policía.

 

No es casual que en los títulos iniciales aparezca una corriente de agua, frente a una construcción en una de las orillas, con cuatro cadáveres flotando.

 

La pregunta sería, ¿A qué le temen los norteamericanos? Si nos guiamos por el cine de ese país, más que a los terroristas, le temen a las empresas privadas que tienen convenios con el Estado, y a los gobernantes, entre quienes se  cuelan individuos que manejan Poder con corrupción

 

Esa es una constante en la filmografía de Estados Unidos, casi desde el comienzo del cine, lo cual se agigantó a partir de la década del 40, cuando excelentes escritores como Hammett y Chandler fueron componiendo sacrificados e idealistas detectives que luchaban contra, justamente, elementos corruptos de las altas esferas

 

Abundan los ejemplos, y sería cansador hacer una lista aproximada de filmes que tratan esos temas, pero vale sólo recordar por ejemplo dos: Uno en tono de drama y el otro, en el de comedia. El embajador del miedo en su segunda versión (la primera era con Frank Sinatra y se trataba de un explícito panfleto contra el comunismo infiltrándose en Estados Unidos, en plena Guerra Fría) mostraba otras intenciones. De la mano de la investigación llevada por un férreo Denzel Washington se descubría una conspiración de lavado de cerebros en el ejército que no provenía de los musulmanes (aunque se buscaba ese efecto) sino del propio interior de la capital política norteamericana, que ocultaba una conspiración para poner en el gobierno un presidente digitado por una madre posesiva y ambiciosa, respaldada por un grupo de corruptos.

La otra era La Pistola desnuda en la que Montalbán hacía de un individuo que también buscaba encaramarse en el Poder, mediante estrategias semejantes a un Golpe de Estado

 

Por tanto, mi opinión anterior. Los norteamericanos temen, o al menos desconfían de lo que hacen las grandes empresas privadas, y más cuando las mismas tienen contratos con el Gobierno, donde siempre hay un consejal, o un senador o diputado que está comprometido con quienes buscan beneficiarse abusivamente, no importando el bien común, ni si están envenenando a la gente, por ejemplo

 

 

HOLLYWOOD DENUNCIA

 

Esto no es más que aceptar que Hollywood hace cine de denuncia. Ni más ni menos. Aunque cueste creerse, tiene más peso esto que las películas de otras regiones donde aparecen izquierdistas luchando contra el Imperio. Esta es una denuncia explícita hacia dentro de dicho país, algo que está cimentado además por un periodismo que también sabe denunciar (Watergate, por ejemplo) llegando a desestabilizar a los gobernantes

 

Aquí, las muertes se producen por ir contra de una empresa que fabrica armas nucleares para el gobierno norteamericano, pero que las hace pasar como si fueran hechas en países opositores. Si bien, este hecho es dicho como al pasar, queda claro que son los malos estadounidenses que no tienen límite en la ambición de Poder. También queda claro cómo se compra el alma de gobernantes mientras, desde el Gobierno, sus representantes tratan de que todo quede oculto. Red de corrupción entonces involucrando a unos y a otros.

 

Y en medio, el personaje de Mel Gibson, desolado y solitario, cada vez más solo en la medida que va conociendo la trama que condujo a la muerte de su hija.

 

Más es mejor no decir, porque sería un pecado contar la película.

 

 

DIRECTOR Y ACTOR

 

El guión está muy bien hecho (hay sobre el final el temido pozo narrativo, pero dura pocos minutos) y la dirección de Martín Campbell mantiene el nervio constante de lo que puede venirse. Esto está sostenido por una excelente fotografía donde los primeros planos de rostros y objetos crean un clima de suspenso que le hace muy bien al argumento.

 

El filme está construido para el lucimiento total de Mel Gibson, por tanto todos los demás actores están en función de él, lo que hace que si bien son convincentes en sus papeles, no se destaquen lo suficiente

 

 

EN RESUMEN

 

Es un buen policial, que deriva inteligentemente en un caso de gran corrupción, y que abona la creencia popular norteamericana de que hay que desconfiar de las grandes empresas y de los gobernantes. No es poco.

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