MUY BUENA PELÍCULA PERO…
PROHIBIDA PARA DEPRESIVOS
(Publicado en diario Cambio)
La película es extraña. Me hizo acordar a aquella “UNA SERIE DE EVENTOS DESAFORTUNADOS”, con la actuación entre otros de Jim Carrey, donde un cuento infantil es contado tan oscuramente que parecería haber sido hecha para que los niños huyan ante ella.
Esta otra, basada en un cuento corto de Scott Fitzgerald, dirigida por David Fincher, con el guión escrito por Eric Roth y protagonizada por Brad Pitt, Cate Blanchett,Tilda Swinton y Jason Flemyng es una muy interesante película donde el centro del relato está en la muerte. Nacemos y morimos, y entre medio, vivimos. Pero por sobre todo, morimos. Y antes de morir, sufrimos.
Como si se tratara de un filme de Tim Burton donde el gusto por mundos donde lo tétrico es aceptado como lógico y saboreable, El extraño caso cuenta la historia de alguien que nace viejo y muere bebé. Así. Sin más. Y todos lo aceptan. Quizás algunos más sorprendidos que otros, pero nadie arma ningún escándalo, no es llevado a ningún laboratorio, ningún circo lo convoca. Es así. Nace anciano y muere bebé.
LO QUE OCURRE EN LOS PRIMEROS MINUTOS DE LA PELÍCULA
El comienzo es trágico y apunta a cierto compromiso pacifista.
Ocurre que piden a un relojero ciego que haga un gran reloj para una estación de trenes. Entre medio estalla la primera guerra mundial y su hijo es enviado al frente. Y, como ocurre habitualmente, regresa dentro de un cajón.
El hombre sigue trabajando en el reloj y cuando lo inauguran, con cierta pompa por el fin de la guerra, ceremonia a la cual asiste hasta el Presidente de Estados Unidos, todos observan con asombro que el reloj va con sus agujas hacia atrás. Entonces, el relojero explica en un breve discurso que es para que el tiempo vuelva y quizás así regresen sanos los hijos que murieron en la guerra.
El Presidente duda, acepta el mensaje y se va a hacer sus cosas, y el reloj queda con las agujas marcando para atrás, quizás por burocracia o vaya uno a saber por qué hasta el 2002 donde es sustituido por uno digital, quizás fabricado en China
Ese es el tiempo que vive Benjamin Button. El 11 de setiembre de 1918, cuando culmina la primera guerra mundial.
Mientras se festeja en las calles de Nueva Orleans el final de la primera guerra mundial, su madre lo está pariendo y está perdiendo su vida. El padre, al ver a su mujer moribunda y a su hijo recién nacido, un anciano entre mantas, desesperado quiere eliminarlo pero finalmente lo deja en las escaleras de un hogar de ancianos
Allí será criado por una mujer de color que no pregunta mucho y le da todo el amor, y por todos los verdaderos viejitos que residen allí, esperando la muerte.
De esa forma, Benjamin crece, bueno, va volviéndose más joven en medio de permanentes mensajes de lo corto que es todo, de los que se mueren, de ir a despedirlos al cementerio, de un reloj que contrariamente a todos va en su marcha hacia atrás, hasta que aparece una niña.
Esa niña crecerá, será adolescente y luego mujer. Y entre ellos habrá una historia de amor.
No se asusten, lectores. Esto ocurre en los primeros minutos de la película. El resto es mejor no contarlo.
LO QUE SIGUE
Sólo indicar que Benjamin se encontrará con su historia familiar, recorrerá el mundo en un barco, tendrá descubrimientos sexuales, un gran amor y luego se unirá a aquella niña, ahora mujer.
Hay un momento sublime en el filme. Y es cuando el protagonista llega con el barco Chelsea a la Unión Soviética y se hospeda en un hotel cercano al puerto. Allí entabla una curiosísima relación nocturna con una dama británica llamada Elizabeth Abbott, esposa de un diplomático, de la que se enamora.
Ver a Tilda Swinton es de por sí todo un placer, pero el vínculo que entablan tiene mucho de detenimiento del tiempo. Es un alto. Porque la mujer, un buen día, el 8 de diciembre de 1941, cuando se produce el ataque a Pearl Harbor y Estados Unidos entra en la guerra, ella lo abandona inesperadamente.
Todo huele a finitud en este cuento. A cajón de muerto. Todo termina. Todo es tragedia. Hasta el huracán que amenaza arrasar con el hospital donde está la madre muriéndose y su hija, quien va descubriendo por primera vez en su vida, la verdadera historia suya y su vínculo con Benjamin Button.
TODO TERMINA
Con mucho de Tim Burton, un dejo del Efecto Mariposa y sabores interesantes de Magnolia, la obra cumbre de Paul Thomas Anderson, este Curioso Caso de Benjamin Button avanza en el metraje morosa pero atractivamente, y deja un sabor agridulce al espectador.
Todo se termina. Todo. Nada queda. La felicidad es un instante y está rodeada de muertes. Muertes de gente querida, de aquellos que se alejan, de frustraciones, de equívocos, nada dura…
Más allá de un buen guión, los efectos visuales de un Brad Pitt bebé anciano en el comienzo, a un Pitt adolescente surten su efecto. Este es un papel que cualquier actor quisiera para lucimiento personal.
En realidad Brad Pitt no se destaca mucho en su actuación. La misma es medida, ajustada, casi sin palabras, con gestualidades mínimas. El gran protagonismo del personaje no está en el actor sino en el maquillaje y los efectos especiales (la cabeza del Brad y el cuerpo de otro, sin que se note que son dos, por ejemplo) que permiten el asombro de la transformación, opuesta a las reglas conocidas de la vida.
Quien realiza un excelente trabajo es Cate Blanchett
La niña convertida en mujer, testigo de toda esa vida al revés, un amor que perdurará hasta el final, con una escena que cierra la película extremadamente sensible.
RECOMENDACIÓN
Si gusta de este tipo de filmes, si disfruta con situaciones extrañas vea este Curioso Caso de Benjamin Button
Eso sí, si usted está en un momento depresivo, o tiene alguna enfermedad jorobada, o una persona cercana está cercana a la muerte, huya.
