CARTA ABIERTA A LOS HERMANOS ARGENTINOS
Psic. Andrés Caro Berta
Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay / Fipresci
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(Publicada en Diario Cambio y www.cartelerateatroff.com.ar)
Queridos parientes, los uruguayos somos como esos fumadores pasivos que se envenenan con el humo de los que fuman a nuestro lado.
La televisión de nuestro país ha pasado a ser una repetidora de programas argentinos. Y el espectador se enfrenta a la tinellización de la realidad.
TINELLIZANDO
Tiempo atrás, al señor Tinelli se lo veía en un solo canal, y en un solo horario. Eso permitía que se tuviera la opción de ver el producto, apagar el televisor, cambiar de canal, leer un libro, escuchar música, o todo lo que la imaginación permitiera.
El resto del día se podía respirar buen aire, a pesar del mal aire de ese par de horas, emitidas en Buenos Aires. Sólo se debía soportar luego, al día siguiente, a alguien contando lo gracioso de las cámaras ocultas con un infeliz infradotado supuesto actor, desnudándose y diciendo estupideces para que el o la incauta se espantara, antes de que se le endulzara la vida a la víctima con algún electrodoméstico, lo mismo que aquello de burlarse cruelmente del otro rompiéndole el auto, o destrozando su vida, con la ayuda de algún amigo o familiar, con tal de ofrecerle posteriormente al escarnio, un televisor, una heladera…
Pero, todo estaba resumido a un determinado horario, y un solo canal.
LAS REPETIDORAS
Hoy la realidad es distinta, y peor. El señor Tinelli (uno sospecha que ha comprado tantas almas para que ello ocurra…) está en todos los canales, de mañana, de tarde, de noche, entre semana, sábado y domingo gracias a sus repetidoras.
Así, los viejos programas de chismes como Intrusos y los Profesionales, VTR, otros de siglas similares, Zapping y hasta el querido CQC repiten hasta el cansancio, y servilmente, las guarangas que pasan en el programa de Marce.
DOS O MÁS PLATOS DE SOPA
De esta forma, la tontería ha ganado. El televidente debe ver una y mil veces el mismo baile, explicado, analizado, en cámara lenta, en cámara rápida, el replay, los resultados de cada jurado, sus comentarios posteriores, las reacciones de los juzgados, los camarines, los entretelones, los antes, los después, los durante, las payasadas cada vez más groseras del ahora Tío Marce, los nuevos héroes de pacotilla como la Tota Santillán, las mediocres mujeres con sus prominentes nalgas alabadas, elogiadas, tocadas, analizadas, todo cada vez más burdo, más ordinario, más estúpido, las peleas armadas previamente en Producción con individuos cada vez más infradotados, pero que van idiotizando a la platea…
TODOS LOS DÍAS
Y así, de mañana, de tarde, de noche, lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados, domingos, en este canal, en aquel, en el otro uno debe ver lo mismo. Sí. Lo mismo. Los llantos y las alegrías, los insultos y la estupidez, el noviazgo o el divorcio, la separación o el enamoramiento, todo perteneciente a la troupe del programa de Tinelli.
Nadie pide algo de calidad. No. Por favor. A esta altura pedir eso… Pero sí un poco de asumir responsabilidades.
Se están perdiendo los valores esenciales que nos sostienen como Sociedad, la sexualidad pasó a ser algo barato, comprable, sucio… (Tinelli lo explicó diciendo que ahora las amas de casa quieren ser bataclanas…)
Todos los días de la semana, a toda hora los canales argentinos repiten las mismas escenas, con comentaristas en estudio que explican lo obvio, siempre riéndose amigablemente con alguien que en el mejor de los casos, los gratifica con algo.
LO QUE SE VIENE
¿Pensaron ustedes, hermanos argentinos, en los que hoy son chicos? ¿Lo que ustedes están haciendo a las nuevas generaciones siendo indiferentes?
¿Todo es joda? ¿Todo es burla? ¿Todo es cada vez más chabacano y está bueno?
¿Qué nuevas generaciones de comunicadores están procreando? ¿Qué nuevas generaciones de consumidores están fomentando?
Nadie pide ya, a esta altura una televisión y una radio de calidad, cultural, amena, informativa. No. Hoy por hoy la batalla está perdida.
Pero no se puede seguir mirando para el costado, sin hacer nada.
Aquellos que se burlaron del bigotito de Hitler, aquellos que no le dieron importancia a esa manga de energúmenos, aquellos que minimizaron algunos actos vandálicos de esos años, aquellos que quisieron seguir ciegos luego sufrieron graves consecuencias en carne propia.
¿Quieren lo mismo?
Sé que se me puede decir que después de Tinelli existirán otros que incluso, quizás, lo superen.
Sí, es verdad.
Que no es un fenómeno que sólo ocurre en Argentina.
Sí, es verdad.
Que la tontería ha ganado a la televisión (y a la radio)
Sí, es verdad.
Que uno cada vez siente más vergüenza ajena.
Sí, es verdad.
También alguien puede decirme que junto con él, los obsecuentes, los que viven vampirísticamente de lo que él hace, los que disfrutan con él, los que reciben beneficios de algún tipo con lo que él hace, son tanto o más responsables que él.
Que si no hay espectadores que sostengan el producto, el mismo desaparece al poco tiempo.
Es cierto.
Pero lo cierto es, también, que este señor ha tinellizado la realidad. Y ahora se le ha ido la mano. Porque nadie le ha puesto un límite. Nadie ha dicho: Basta
Y son ustedes, los argentinos, los que tienen que frenarlo.
¿Van a hacer algo?
Andrés Caro Berta
