Un maestro, Michael Haneke. De un argumento que se puede contar en dos minutos, hace un largometraje de 117 minutos, que además mantiene el suspenso hasta los créditos finales.

 

Publicado en Diario Cambio

 

 

¿DE QUÉ TRATA?

 

El argumento es bien simple. Un presentador televisivo de programas literarios de la televisión estatal,  comienza a recibir videos que primero muestran la fachada de su casa, desde un lugar cercano y luego lo van llevando a reencontrarse con los viejos fantasmas que habitan en su inconsciente, por maldades que cometió cuando chico.

 

Un poco al estilo de que el mal paga, aunque sea con sangre y luego de mucho tiempo, este filme francés juega al gato y al ratón entre dicho protagonista y quien filma los videos, y con el propio espectador.

 

Quizás, al terminar la película la sensación que queda es de cierta incomodidad, como que, como decía antes, Haneke, guionista y director jugó todo el tiempo con nosotros, mostrándonos un argumento simple envuelto en un paquete que parece ser de tremenda intriga policial.

 

La frase del título de esta crítica, que remite a una serie de películas de horror adolescente ("Sé lo que hiciste el verano pasado", y sus secuelas) puede ser perfectamente el título del filme. Y ahí está clara la resolución del caso, que por supuesto no voy a contar.

 

 

LAS MALDADES SE PAGAN

 

Alguien busca que Georges Laurent (Daniel Auteuil) asuma la torpeza que cometió cuando tenía 6 años. Ante la avalancha de videos que recibe, la policía no le da importancia, su hijo, vive unos doce años que apuntan a otros intereses, la mujer Anne Laurent (Juliette Binoche) lo acompaña en sus investigaciones privadas y escucha pacientemente los avances a los que va llegando el protagonista.

Finalmente, un sospechoso de la grabación y envío de los videos, protagonista de un hecho grave cometido por Georges cuando niño, aparece.

 

Es Majid, hijo de inmigrantes argelinos  que murieron  ahogados en el Sena, en medio de una manifestación en 1961. 

Así,  la historia entre estos dos hombres comenzará a cerrarse.

 

 

¿QUIÉN ES QUIEN?

 

Haneke juega con pistas falsas. Nos hace sospechar de todos. ¿Será el mismo presentador televisivo que inventa, vaya uno a saber con qué motivo, el ser perseguido por esas grabaciones caseras? ¿Será Majid que vuelve para vengarse? ¿O su hijo, ya adolescente? ¿La mujer, que parece tener un romance secreto con el mejor amigo, hecho que le reprocha su propio hijo? ¿Éste, que muestra cansancio por sus propios padres? ¿El productor televisivo que tiene el futuro de Georges en sus manos? ¿La máquina dispensadora de café del supermercado? ¿Alguien del estudio televisivo? ¿Alguna de sus admiradoras? ¿La madre que está postrada pero nunca se sabe? ¿La enfermera que la cuida? ¿Los amigos del hijo? Yo qué sé. ¿O acaso será alguno de los padres que esperan (im)pacientes la salida de sus hijos del Liceo? Nunca se sabe, mire. Todos parecen buena gente pero vio cómo es la cosa.

 

 

ESTÉTICA

 

Otro de los juegos de Haneke está en que las secuencias se parecen mucho al Dogma, aquel movimiento experimental danés que proponía que el cine debía volver a sus orígenes, evitando todo lo artificial y los montajes innecesarios. Así, el director hace largas secuencias donde sólo se ve correr el video de turno, maneja una cámara fija que se posa delante de los personajes y los filma, dando una clara intención  de voyeurismo de nosotros, los espectadores ante lo que ocurre en la película. Además, este manejo de la cámara crea más suspenso, subiendo la adrenalina de quienes permanecemos en la butaca esperando ser detectives improvisados que resuelven antes de que termine, quién es el culpable de todos estos desaguisados que fastidian a Georges, y lateralmente a todos los demás. A este clima de suspenso, contribuye la falta de música que curiosamente agiganta la tensión.

 

 

ACTUACIONES

 

Los actores están muy bien. Especialmente Auteuil que no se excede de su personaje. También Binoche, aunque un tanto desperdiciada.

Hay intervenciones muy pequeñas que son impactantes. Por ejemplo la de Majid, interpretado por Maurice Bénichou, un actor argelino de extensa carrera artística, Walid Afkir, como hijo de Majid, y una tristemente vieja Annie Girardot, que igualmente realza un papel que apenas está incluido un par de minutos.

 

Recordemos que Girardot estuvo como figura central, junto a Isabelle Huppert en la estupenda "La profesora de piano", un título mayor de este director alemán, que evidentemente es muy superior a este juego policial bien realizado, pero que no va mucho más allá de su propuesta.

 

Cabe rescatar siempre la sutileza de mostrar y no mostrar, la picardía del libreto por lo mismo, y los mensajes que igualmente no dejan de tener consistencia.

 

 

FINALES FRANCESES

 

Por último señalar, claro, que es un filme francés (aunque sea una coproducción). Por tanto (como sucedió con "La profesora de piano") tendrá un final que nadie entenderá. De lo contrario no sería una película gala.

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