Pocas veces he visto una película que busque el rechazo como ésta.

Esto además, incentivado dado que se presenta como para niños.

 

 

Psic. Andrés Caro Berta (*)

Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay/ Fipresci

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AMOR - ODIO 

 

Pocas veces he visto una película que busque el rechazo como ésta.

Esto además, incentivado dado que se presenta como para niños.

"Una serie de eventos desafortunados" propone un juego de atracción y rechazo de sí misma por parte de la platea, intentando que los pequeños espectadores huyan o queden apretados en la butaca frente a sus mayores, que se preguntan si eligieron bien lo que fueron a ver con sus hijos.

En los primeros minutos un dibujo animado al estilo de los '40, con un muestrario muy edulcorado de animalitos del bosque y música romanticona parece ser lo que vamos a ver. Me pongo nervioso. ¿Me equivoqué de cine? Pero inmediatamente, en un corte abrupto, el paisaje se torna cenagoso, la niebla invade la pantalla, tres niños están en situaciones de mucho aislamiento, rodeados de mundos de adultos…

 

FILME GÓTICO

 

Muy al estilo estético de "Los Locos Adams", en ese comienzo que apunta a informar lo que ha ocurrido hasta el presente con los tres hermanos Baudelaire, los presenta a  cada uno de ellos con sus características propias. La mayor, capaz de hacer los mejores inventos si recoge su pelo; el varón, verdadera enciclopedia humana a partir de leerse todos los libros de la extensa biblioteca de la casa, y la más chica, quien aporta la sabiduría aunque nadie la entienda.

Lo penoso para el resultado final es que todo esto está muy planteado pero, lamentablemente, a lo largo del metraje no se le saca el jugo necesario del correspondiente humor negro. (Un solo ejemplo: el grupo decadente de actores de teatro que siguen al tío malvado está desaprovechado)

Éste es un filme triste, oscuro, dramático, gótico aunque pasen cosas que parece, pueden sonar divertidas.

Cada pocos minutos el locutor en off advierte a los espectadores que si son inteligentes pueden dejar de verlo e irse a la sala de al lado, a disfrutar de una película más divertida.

Y la verdad es que cumple con su advertencia.

A estos hermanos Baudelaire les ocurre de todo. 

 

CLIMA DE LAS NOVELAS DE DICKENS

 

Jugada la historia muy a un estilo Dickens, con niños huérfanos, funcionarios buenos pero inocentes y algo tontos y villanos malos, muy malos nos cuenta qué les ocurre a esos niños a partir de la muerte de sus padres, ocurrida en un incendio de origen nada claro. 

Como decía, se prende fuego la casa paterna, no queda nada; los padres mueren, y a partir de ahí los niños son pasados a la Justicia que dispone que sean entregados a  un tutor quien tiene la tarea de encontrarles un nuevo hogar.

Allí aparece un tío lejano, supuesto Conde llamado Olaf, que en realidad es apenas un actor de teatro de feria quien enterado de la fortuna que quedó para los huérfanos  buscará por todos los métodos, hacerse con la misma.

Así irá produciendo los sucesos del título, pero como ocurre con los malos en este tipo de historia, no logrará nunca lo que desea, aunque deje resultados nefastos en cada acción.

 

BIEN LOGRADO TÉCNICAMENTE

 

La forma de narración es oscura, con los dientes apretados mostrando una superficie sonriente, mirando lo que ocurre como a través de un microscopio, casi sin meterse en lo afectivo de lo que está sucediendo, aunque parezca lo contrario.

El resultado es un filme difícil, netamente para adultos, y no para todos los adultos, con un gran despliegue técnico que no redunda en el atractivo de lo que se cuenta.

Da cierta pena ver cómo se elaboraron cada uno de los escenarios, con el detalle preciosista de cubrir las paredes cuidadosamente de pequeños objetos, por ejemplo y cómo luego eso pasa apenas a ser un telón de fondo sin mayor trascendencia.

 

Y ésta parte técnica quizás es la más atractiva del filme. La casa paterna, la extraña morada del egocéntrico Olaf, la del científico rodeado de serpientes, la de la solitaria tía en medio de un acantilado, a punto de desarmarse…

 

En cuanto a las actuaciones, dejando aparte la de los tres niños (no más allá de tanta historieta de Disney y sucedáneos) se destaca casi un desconocido Jim Carrey. Muy bien caracterizado y contenido en sus desbordes, éste actor canadiense es el malvado Olaf, y a uno le queda claro que está dispuesto a todo. Con un muy bien realizado maquillaje, Carrey despliega sus valores actorales, casi sin molestar.

Los demás actores conocidos se prestan gustosos a la diversión. Meryl Streep construye una señora que sabe más de lo que dice, pero que es una eterna soñadora lo que la lleva a la destrucción,  y Dustin Hoffman en un cameo da su cara a un crítico de teatro que evita el ser "comprado" en su opinión al comienzo de una obra de teatro, instante que es disfrutable.

 

PELÍCULA HECHA CON CARIÑO

 

Esta es una de esas películas que son hechas con cariño. Cuidadosa en los detalles, británica por todos lados aunque no lo sea, debe verse como un curioso ejemplo de cine gótico.

Cabe señalar el diseño gráfico que acompaña a los títulos finales, cosa que engancha a la platea hasta el último minuto y pone nerviosos a los acomodadores del cine que esperan que la gente se vaya.

 

(*) Publicada en Diario Cambio y Arte7

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