Participamos del 2º Festival de Teatro y Danza de La Plata. Esta es la crónica
EL ORGASMO DE MARÍA
CRÓNICA DEL FESTIVAL DE TEATRO DE LA PLATA
LA(S) CIUDAD(ES)
Buenos Aires. Allí enfrente. Nosotros dentro del puerto viendo pasar la vida de Buenos Aires, y no poder traspasar la valla… Como dice María en la obra: “Los edificios altos. Como ciudades en chiquito…” Sentados en el bar de la terminal, como buenos uruguayos tomando mate y siento una voz que me nombra. Gustavo Delfino. Muchachón desgarbado, barbudo, con gorra con estrellita, herencia de un viaje a Cuba, amable, conversador. Cargamos todo en el auto de una colaboradora y actriz y marchamos por la autopista. Todo se ve distinto desde arriba. A la izquierda Puerto Madero. Lujo disfrazado de hangares, un trencito sin nadie adentro. Lo que sigue, el puerto. A la derecha, Buenos Aires, después La Boca, campo, después bolsones de miseria, edificios, campo, miseria, edificios, Avellaneda, peajes, autopista, campo y al fondo, edificios y las dos torres de una iglesia: La Plata. Entramos. En las rotondas, racimos de carteles electorales proponiendo a tal o tal candidato para Gobernador de La Plata. Extraño. No se usa pintar o pegar carteles en los muros. Estos orgullosos lucen una frase que anuncia, con firma de la Municipalidad que los muros allí son limpios. Los carteles como los de las manifestaciones en EEUU, tienen un palito que se clava en el pasto de las plazas. Globos, muchos globos de distintos colores según el candidato. Autos. Muchos autos. Entramos al centro. Plaza Italia. Grande, con puestos de artesanos, como Villa Biarritz. Venden discos piratas, películas piratas, todo expuesto en metros y metros y metros, unos al lado de los otros sin ningún peligro de secuestro por la autoridad. La ciudad cada pocas cuadras tiene una plaza donde confluyen diagonales, que se subdividen en otras diagonales. Muchos árboles. Muchos tilos. El centro. Los edificios públicos majestuosos de dos períodos de auge económico: Principio del siglo XX, con ganadería incluida y Perón. Llegamos al teatro. El Pasaje Rocha (en homenaje al arquitecto que diseñó la ciudad) es la vieja estación central de trenes, convertida luego en el correo y finalmente en centro cultural. Es un edificio majestuoso, con una inmensa plaza de dos cuadras al costado. Allí acampan sin que la gente les de mucho corte, los veteranos de la guerra de las Malvinas, buscando reivindicaciones… En el segundo piso tenía la sede el festival. Corredores, hall y las dos salas. Traspasando la grande, el encuentro con los demás teatristas convocados. Abrazos, conocimientos, compartir. Todos los mediodías, durante el almuerzo, y luego de la última función, la cena fueron los dos momentos claves para dialogar, conocerse.
Luego, el jueves, un viaje en tren hacia Buenos Aires, junto a Clara, Mafer y Jimmy, de Colombia, disfrutando de la ciudad durante tres horas. Encontré un edificio casi gemelo del Palacio Salvo sobre la Avenida de Mayo (Jorge Ricci me lo había mencionado). Quedé impactado. Hasta con los seres mitológicos, medievales, alquímicos en sus rincones. Pero con una diferencia… Fue bendecido en 1923 por un Monseñor… En una de las inscripciones del techo dice en latín: “En la construcción de este edificio no trabajó ningún judío”…
Otros lugares: La Catedral de la Plata, majestuosa, con una plaza de varias cuadras; el Teatro Argentino, un edificio controvertido que parece un estacionamiento, de muchísimos pisos, pero que igualmente impacta, el Museo de Ciencias Naturales en un lugar paradisíaco (como nuestro Prado), con dinosaurios gigantes como los del Parque Jurásico, y millares de maravillas recolectadas con amor, los jóvenes de La Plata con una intensa vida nocturna…
Y la Ciudad de los Niños, uno de los lugares donde habitamos en esos días. Una ciudad prolija pero abandonada. Sin gente, sin actividades, a no ser algunas los fines de semana… Si la agarrara una empresa privada… Me imaginaba a Evita visitándola con la parafernalia peronista…
EL FESTIVAL
Este 2º Festival Internacional de Teatro y Danza de La Plata fue organizado por el grupo La Cuarta Pared. Gustavo Delfino, Horacio Rafart y Andrea Arias, los responsables. Los colaboradores, muchos, muchos, muchos. Todos con la mejor disposición y la amabilidad necesaria para uno sentirse en casa.
Nos perdimos la inauguración con Leonor Manso y el cierre con Pavlovsky, además de algunos trabajos de entre medio como por ejemplo el Teatro de la no palabra, de Buenos Aires, Hilario Quinteros, La Gotera, de La Plata, La biznaga (Francia – México), Colectivo Teatral Espacio Blanco, de Guatemala, el Grupo Teodora Ciega Caníbal, de Tucumán, Art- Narco, de México, Poquilín Teatro, de Misiones…
Pude ver y disfrutar de Contraviento, de Ecuador, con la dirección de Patricio Aristiazabal (Pato) y la actuación de Verónica Falcioni, Sara Zambrano y Jimmy Rancel. Estupendo trabajo, sencillo, ancestral, conmovedor por la economía de recursos y movimientos que transmiten tanta emoción.
Me perdí El teatrillo del Mundo, de Bolivia con el Clown Nelson Ugarte y su Máquina de Hacer sueños, y también Il Fait Mauvais… Llueve de los tucumanos del Teodora Ciega Caníbal, pero gané la amistad de ellos durante el tiempo que compartimos.
Adya- Natya, del grupo Travessia Teatro, de Brasil, con la dirección de Leandro Lobo, toda una recreación de una historia hindú, con mucho de mitológico, contada por dos bailarines- actores y dos músicos en escena.
La Pepa Cases, de España, llevó Báilame… hasta cerrar los ojos al caer, espectáculo de danza que ya conocí en Montevideo. Estupendo relato de una joven llena de vida y que queda embarazada y sola… También fue una hermana de estadía
Las viajeras, del Tibia Teatro, de República Dominicana con la danza y la actuación de María Isabel Bosch, un duro relato de las dominicanas traídas a Argentina bajo engaño para luego ser prostituidas.
Artaud estuvo presente con La Geografía de los Nervios, un intenso y controversial trabajo de Vendimia Teatro, con la dirección de Carlos Araque, y la actuación de éste, Clara Contreras y María Fernanda Sarmiento y una música ideal de Jenny R. Ortiz
Lombrices, un juego de teatro absurdo y negro, por el grupo Barataria, con dos muy buenos actores Omar Musa y Nico Van y una historia muy bizarra, de dos vecinas muy bizarras
La Compañía Noreen Rojas trajo a tres jóvenes bailarinas clásicas en un muy buen trabajo coreográfico, combinado con fotografía proyectada
Y Nikki Fronneman con una muy buena conferencia sobre el teatro y la danza en Sudáfrica
Finalmente, Rohaihu, por la Cuarta Pared, teatro danza sobre presas durante la dictadura, de una poesía y contundencia emotiva difícil de explicar. Un tema que podía haber resultado meramente un panfleto lo convirtieron (a partir de un trabajo de investigación y de taller) en un poema visual, donde lo que vale (además de tanta crueldad aplicada a jóvenes de 19 años) son los afectos…
EL ORGASMO DE MARÍA
Nos fue realmente bien. Dos funciones a sala llena, con aplausos sostenidos al final y el deseo de poder llevarnos a distintos países con nuestra propuesta. La actuación de Mariana Pagani fue estupenda y fue valorada como correspondía.
Recibimos por nuestra participación, una hermosa estatuilla de dos manos juntándose para aplaudir, que mucho agradecemos.
AMIGOS
Hicimos amigos. Muchos. Verónica, Patricio (Pato) de Ecuador; Sara y Jimmy, de Colombia (viviendo en Ecuador); Nelson, de Bolivia; Leandro, Jaffer y Pablo, de Brasil, los tucumanos Loló, Mauricio, Diego, Alejandro, Huerto y Javier; Pepa, de España, Nikki, de Sudáfrica, Carlos, Clara, Ma Fer y Jenny, de Colombia… Y todos los de la Cuarta Pared y colaboradores, en especial Gustavo Delfino, Horacio Rafart y Andrea Arias, quien tuvo la dura tarea de darnos todos los días, de comer, resolver los transportes, entre otras cosas. Y el recuerdo para dos hermosas periodistas, Melina y Rocío.
LAS ENSEÑANZAS
El darme cuenta que los mismos dramas que vivimos quienes pretendemos trabajar en Cultura en Uruguay, tienen todos los demás en los otros países de América Latina. Falta de apoyo estatal o municipal, tener que hacer todo a pulmón, luchar contra la burocracia y los burócratas… Y la necesidad de unir vínculos… para no desaparecer…
Que la unión nos hace fuertes, y que crear hay que creer, y para creer hay que querer, como decía una paciente mía.
Abrazo a todos
Psic. Andrés Caro Berta

