El dirigir una obra teatral tiene sus claves personales que imprime cada quien lo hace.
Esta es mi relación con los actores y los técnicos.
Queridos compinches, el armado de esta obra mía, con la actuación de Mariana Pagani me ha llevado a borronear (como en las anteriores) hojas y hojas con indicaciones a la actriz, sugerencias de climas, errores a corregir, descubrimientos, en fin… Todo aquello que luego, visto a la distancia toma una coherencia mayor a la prevista y que, trasciende la tarea a la que estaba destinada.
En La Mejor Historia de Amor (cursi y con final feliz) fueron dándose hojas de bitácora de los ensayos, los que compartí con ustedes. Me preguntaba ¿por qué no ocurrió lo mismo con esta obra? Y la respuesta tiene su lógica en ver que ambas son distintas en su elaboración, en su propuesta y su puesta.
Aquella era abierta, no importaba que se conociera su argumento, El Orgasmo de María plantea el misterio de su contenido, que sólo puede desvelarse una vez sentado el espectador en la platea. Porque ahí está su magia.
Igualmente, si alguien lo propone, con gusto puedo aportar algunos apuntes de los ensayos que pueden ser comprendidos como útiles para otros emprendimientos.
Pero quería compartir con ustedes algunas reflexiones que me fueron surgiendo sobre el rol del director teatral. Son apenas eso, reflexiones, y por favor, no se tomen como algo más que eso.
Esta es la primera parte. Quizás les interese el envío de otras. Quizás sea oportuno, a partir de ellas establecer una discusión sobre la labor directriz.
Un abrazo. Andrés Caro Berta
Mi rol de director teatral (4 obras, de las cuales tres son de mi autoría) se basa en una premisa esencial: El respeto a quienes trabajan conmigo.
Y en ello, el respeto hacia los actores.
Estos son los que van a dar la cara por todo el resto del equipo, nos representan, pero por encima de todo, más allá de su función son seres humanos.
¿Es tan obvio eso?
Quizás, pero no siempre se valora.
El actor, insisto, es un ser humano que está cargando con una tremenda responsabilidad en dos campos.
El de la actuación, y en su vida privada. Ambas, durante el transcurso de la elaboración de la obra y luego su representación, se entremezclan, una y otra se retroalimentan, se confunden debido a la intensidad del compromiso, la relación que se establece en el grupo, la fuerza del personaje que trasmite lo bueno y lo malo de él, en medio de una cotidianeidad que también incide en el trabajo actoral.
El director debe saber manejar los tiempos y los límites de sinceramientos, descargas, aperturas emotivas para que el ser humano y el actor que conviven en la misma piel no se vean perjudicados, uno y otro.
Aborrezco de esos directores que consideran que una persona puede rendir mucho más en la medida que se le castigue, porque se establece un vínculo de amor- odio que no tiene por qué contribuir en el buen resultado final.
El clima de armonía debe imperar en el equipo para que cada uno de quienes lo integran sienta el sudor en su camiseta por el proyecto y la pertenencia al mismo lo dinamice y enriquezca, tanto actoral como personalmente.
Por supuesto que los conflictos siempre pueden darse, más en un grupo adrenalínico, pero estos no pueden sostenerse como una fuente de energía.
No. De ninguna manera.
El clima habitual debe ser el de armonía, con todas las diferencias que se establezcan durante el proyecto.
La otra premisa mía como director apunta a dejar hacer, escuchar, recibir y modificar, sabiendo de antemano qué es lo que uno quiere.
¿Qué quiere decir esto?
Que el director debe "ver" la obra desde el momento en que acepta la función, y deberá marcar su visión y sostenerla, asumiendo su responsabilidad ante el resultado, pero no por ello dejará de escuchar las pautas y modificaciones que surjan de los actores, y el resto del equipo, siempre y cuando no se monte una obra paralela.
En definitiva, es el equipo de trabajo el que aporta desde su compromiso las situaciones innovadoras que enriquecen el texto. Y entre ellos, hay que escuchar a los actores, quienes tienen mucho para decirnos en cuanto a la construcción de los personajes y la obra.
El director es el guía, el capitán, es el que conoce el rumbo y el puerto al cuál arribar pero es también el que sabe detenerse para escuchar cómo puede enriquecerse el viaje en el que todos están embarcados.
No debe olvidarse que el director es el primer espectador. El representante de los futuros habitantes de la platea. El que debe "ver" para que los demás puedan hacerlo. Pero para ello debe lograr que los actores "vean", que los técnicos "vean" para que el proceso se de, y termine de la mejor forma posible.
El "ver" se produce a través del "sentir" que pueda ser trasmitido por ti de tal forma que yo pueda verlo y sentirlo. Sólo de esa forma lograremos la comunicación entre los dos.
Un abrazo a todos
Andrés Caro Berta
