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Categoría: TEXTOS DE OBRAS

El Orgasmo de María, comedia dramática, unica a su protagonista, una joven venida del Interior a trabajar en una casa de Carrasco, en una pensión. La misma dialoga consigo misma y con la Virgen María sobre sus amores y desamores.

 

Andrés Caro Berta

 

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(Basado en el cuento del mismo nombre incluido en el libro 

“Adrenalina Montevideanis (nada será igual)”, del mismo autor

editado en 1999, en Montevideo por Abrelabios Ediciones)

 

 

(“La pieza del hotel era oscura. Las paredes de un color ocre indefinido  por los años y por el uso; la lámpara de la mesita transmitía muy poca luz; la única ventana que había no aportaba luminosidad porque afuera gobernaba la oscuridad…. Todo contribuía a que la habitación se mostrara deprimente. A eso se le sumaba una cama de hospital, muy vieja, el olor del aceite que dejaron las frituras diarias en uno de los rincones, el ruido intenso de las fábricas cercanas y los autos. La pieza 25 del Gran Palace Hotel, vieja gloria hotelera convertida en un inmenso elefante blanco, era realmente depresiva.

Allí, María entraba en una etapa preorgásmica provocada por ella misma. Esta vez contra uno de los rincones, sentada en el piso, con los ojos cerrados, los cabellos negros pintados de rubio tapando la cara, angustiada y escapando hacia adentro, evitando el afuera. María se retorcía gozando con sus dedos que le deparaban caricias que recordaban a otras manos, pero que eran sus manos.

El gemido fue corto. No fue nada romántico. Hubo un espasmo, dos, tres seguidos de un momento de silencio. Su jadeo quedó como un solitario sonido en la habitación. Un jadeo cansado por el esfuerzo no querido y a la vez deseado. Sus manos quedaron cubriendo su zona genital unos instantes, la cabeza gacha, los ojos cerrados, los pelos formando un escudo sobre su rostro. María resopló, dijo algo y golpeándose cariñosamente las nalgas, apoyó sus manos en las baldosas gastadas por muchas pisadas, se levantó y volvió a la realidad. Sobre la mesa de luz, dos cajas, una de cigarrillos y otra de fósforos esperaban. Su cuerpo aún temblaba, le pedía recostarse un rato. Prendió un cigarro y quedó acostada mirando el techo. Extendió su mano y encendió la radio. Una canción romántica  inundó el cuarto: ‘Serás siempre mía, será siempre mía, toda la vida, siempre mía, aunque otro te tenga entre sus brazos, serás siempre mía, toda la vida, siempre mía…’ Apagó  la radio, angustiada”) (Texto del cuento)

 

 (María en un rincón se masturba. Cuando termina dice):

-Maldito… ¿Por qué me dejaste sola? Con un hijo tuyo en las entrañas… Yo sé… Tú no tenés la culpa de dejarme. Fui yo… Maldito… ¡Y te quería! ¡Claro que te quería! En el baile fuiste mi luz, esa noche. ¿Por qué me elegiste? ¿Por qué hiciste que me enamorara  con solo verte? ¿Por qué no me animé a seguirte?... La culpa es mía… Tarada… Soy una tarada… (Se va levantando. Mira la habitación. Prende la luz al lado de la cama) ¿Por dónde empiezo? Siempre me pasa lo mismo… Como si tuviera toda una casa para arreglar… (Sigue con el tono melancólico. Queda mirando al público. Va hasta la mesa de luz donde hay una virgen María) ¿Cómo era aquella canción? (Tararea) “Un día apareciste en mi vida / bebiste de mi río y te fuiste / y me queda todavía el sabor de tu amor. /  Nunca más / nadie pudo / entrar en mi corazón. / Regresa, te lo pido. / Regresa a tu nido. / Yo te espero, todavía, / yo te espero, mi vida. / Nada, nada, nada tiene valor desde que te fuiste / perdí el deseo de vivir… Regresa, te lo pido. / Regresa a tu nido / Yo te espero, todavía / Yo te espero, mi vida” (Queda en silencio) ¿Qué hora es? ¿Dónde lo dejé? (busca el reloj) ¡Las 9! ¡Qué tarde! Tengo que comer algo… Pero no tengo ganas… ¡Qué fastidio hacerse comida para una sola! La comida es para muchos… Para hacer para los demás y compartirla… No tiene gracia eso de cocinar todos los días y para una sola… Y la cocina que siempre está ocupada… (Imitando burlonamente) “Pum, pum, pum… ¿Quién es? El encargado. Señora, hay olor a frito en su pieza. Le recuerdo que no puede cocinar allí adentro. No me obligue a decirle a la dueña”… Cornudo… Claro, defiende su empleo… ¿Y cómo quiere que haga? Si me roban todo lo que dejo en la heladera… Y aquí se pudre…Lo tengo que hacer rápido… Se me va lo que no gano en comer porquerías… Capaz que mañana la Tota lleva algo, no, no puedo abusar… Seré cualquier cosa, pero abusadora… ¿Qué me hago? Mejor compro fiambre mañana, antes del trabajo y ya está… Total, si engordo… ¿quién se va  a dar cuenta?... (Sentada en la cama) Vida de mierda… Extraño… ¿Qué estará haciendo Felipe con la abuela? ¿Y si voy a verlo? No, mejor no… Después se pone mal cuando me vengo… Mamá me lo dijo… “No vengas tan seguido que tu hijo después que te vas se pone insoportable”… Para peor la foto que le saqué salió mal… ¡Qué bajón!... Bueno, bueno… Arriba ese ánimo… (Va hasta la cómoda)  El sábado… ¿Qué me pongo?  (Irónicamente) ¡Tengo tanta cosa  para ponerme!... (Se prueba varias prendas) ¿Irá el Carlitos? (Prende la radio y baila una cumbia como si estuviera con su pareja) “¡No apretés, che!”. Je… (Ve un agujero en la última prenda que se prueba) ¡Polilla de mierda! (Saca hilo y aguja, va hacia la cama y   apaga la radio) No, no debo ilusionarme… No debo ilusionarme… Me dijo de salir, pero mirá el día que es y todavía no me llamó… Capaz que el maldito del encargado no me pasó la llamada… Me tiene bronca… Pero seguro que no me llamó… No me llamó… No me llaman nunca… Es acostarse… Un polvo y nada más… Eso es lo que soy… Un agujero para un polvo… Ni dos ni tres. Uno… ¡En lo que  me convertí…! (Va hacia la cómoda)  Era lindísima cuando recién vine a Montevideo… (Sale de frente del espejo)  Aquel viaje sí que estuvo bueno… Los edificios altos… Me mareaba… Nunca había visto edificios tan grandes… Pensar que adentro vive tanta gente, son como ciudades en chiquito… El ruido del tránsito… Me lastimaba los oídos… ¿Y cuando pasó el ómnibus por la rambla?… Nunca había visto tanta agua junta… ¡Qué susto que me llevé!… Creí que nos estábamos inundando, lo juro…  Ja… ¡Qué tarada! Una pajuerana… Hasta me vine con la valijita… Un regalo… Suerte que nadie me asaltó… Me bajé en la terminal y en vez de irme directo a Carrasco, me quedé dando vueltas por las vidrieras de ahí… Había de todo un poco, montones de revistas, muchas revistas… Las actrices de la televisión estaban en las tapas… Romances… Casamientos…  Y además, lleno de diarios… ¡Qué cantidad de diarios! ¡¿Y la gente lee todo eso?! Y ropa… ¡Qué hermosa!  Fue lindo llegar… Fue como cumplir un sueño… Salir de la mitad del campo, siempre en la estancia, para la casa de unos amigos de los patrones, en Carrasco… Recomendada… Iba con la carta en la cartera… La Rosa me decía allá que una vez vino a servir en una fiesta y estaban todos los que veía en la tele… “¡¿De verdad?!”… Y mientras miraba las tapas de las revistas en la terminal, en el quiosco,  soñaba con que esos estuvieran allí, y yo con mi uniforme nuevito, bien peinada, sirviéndolos… En las novelas que pasan en la tele, los señores se fijan en las empleadas… Y se enamo

 

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