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Categoría: TEXTOS DE OBRAS

La obra transcurre en una de las habitaciones de la casa del Marqués de Sade, adaptada para sus particulares juegos eróticos. De pronto golpean la puerta...

 

Andrés Caro Berta

Registrada en AGADU

 

-Existe una cuota de terror a la que todos somos afines... ¿No le parece? El límite, la frontera con el horror es tan endeble... Y sin embargo, tan delimitado... El asco, el terror viene de lo vulgar, de lo ordinario, de todo aquello que deja de lado, ya, el juego. El jugador pasa a perder la noción de lo que es, y el personaje invade y sustituye a la persona... No crea en lo que dicen de mí... Eso sí, témame... Si yo como victimario no tengo resistencia suya... Si usted no me ofrece una respuesta acorde a mis actos... imposible que disfrutemos ambos de lo que hacemos... Yo soy el que debe sostener el límite, no puedo trasgredirlo teniendo todo a mi disposición para hacerlo... Y usted... Usted debe entregarse hasta el infinito... Usted tiene que  darme su ser para que pueda hacer con él lo que quiera, y me contenga. No es fácil lo nuestro. Somos complementarios... ¿Ve este cuchillo? Podría insertarlo en alguna parte de su cuerpo, pero se acabaría el acto... No habría suspenso, magia... No escucharía su miedo trasmutándose en terror... No vería el sudor frío, la mirada extraviada, sus manos no bailarían en el aire buscando lo imposible, la libertad... Su cuerpo no se contorsionaría al extremo, reclamando escapar aunque... Aunque quizás quiera quedarse... Esa es la historia, mi adorada víctima... Yo soy por un instante el dueño de su vida  y su muerte... Yo soy el que pongo el pulso, el que marca el tiempo, el creador del juego, quien dice cuándo termina, o quien lo prolonga con otros juegos... Pero usted, usted es mi argamasa, mi barro con el que elaboro las fantasías para que los dos gocemos... Los de afuera no lo entienden... Me consideran bárbaro, asesino, loco, y  en algo soy responsable de esa idea que tienen de mí. ¿No cree que hablo  demasiado? Es que me quitan la razón con tantas mentiras... ¿Siente sobre la piel el afilado del cuchillo? Es posible que esté preparándose para no solo estar sobre usted, cortarle la piel tan dulce y tersa que tiene, arrancarle gotas de sangre para saborear entre mis dientes, para luego introducirse  en ese cuerpo rollizo y maravilloso, mientras yo me permito abusar de su cautiverio... Pero no tema, quizás diga estas cosas  tan solo para asustarle... ¿Toma vino? Ah, claro, no puede... La mordaza... ¿Aprieta? A ver... Mmm... Esa saliva que le sale por la comisura de los labios... Permítame  lamérsela... Tengo los labios secos... ¡Qué sabroso es este vino mezclado con su líquido!... ¿Ve esta soga? Dentro de un rato estará bordeando y jerarquizando el par de senos gigantes que posee... ¿No es extraño que a usted le crezcan senos tan grandes? Parecen montañas... Le aseguro que crecerán más con la presión... Y arriba de las colinas, como dos faros, los pezones quedarán más erectos que nunca... Ah, se moja... Está mojado, mi ser cautivo... Está asustado y excitado... No, no, ¿qué dice? No, no... dentro suyo, no... Quizás después, ahora no... (le mira detenidamente) ¿Qué puedo hacerle con placer y dolor que no hayan hecho ya, antes solo con dolor, a la humanidad? Éstos bárbaros han llevado a la muerte a miles por estúpidas guerras, han probado medicamentos adulterados, fomentado la tortura para sacar datos a través de la misma, han mutilado, asesinado, todo por dioses que no existen, dioses creados por ellos mismos para tener más Poder... O para luchar con alguien que se oculta y otro al que no pueden derrocar... Me acusan de tirar por un balcón a una pobre infeliz, dar veneno a otra, violar a una tercera... Se dicen cosas horribles de mí, una caricatura de quien está frente suyo... ¿Para qué? Para silenciarme, porque soy el espejo en el que no quieren mirarse, son ellos quienes hacen lo que yo apenas me animo a escribir, o representar con gente como usted... Sé  que luego de nuestros encuentros, si no le satisfago, o si lo hago... es posible que usted salga corriendo, en busca de recompensa y perdón, gritando a quien quiera escucharle, los horrores a los que le he sometido... No sería la primera vez... No me importa... Usted es  fuente de inspiración... Estará en alguna página de mis libros... Mi adorable víctima, se verá reconocida en alguna de las heroínas, claro que con detalles exagerados, cambiados para preservar su intimidad... ¡Ja! Pero, ha llegado la hora,  juguemos ya... Usted la presa, y yo la fiera que le atrapa,  violenta, le excita... A ver, tiemble, sí, tiemble, caramba... ¡Qué sudoroso  que está su cuerpo!... Mmmm... ¿Se acuerda cuando le colgué de  la cuerda sujeta al techo, boca abajo y usted introducía su boca en este aparato mío, totalmente erecto? Caramba... Me caliento de pensarlo... Sí, mi pecado es hablar y escribir de más... Todos tenemos esas fantasías... Algunos poseemos el privilegio de llevarlas a  la práctica... Otros sueñan con ellas, pero no se animan... Ja... No se animan... Temen que la frontera se les...

 

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