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Categoría: Escritos

Hablemos sobre los miedos que nos atenazan permanentemente, en la medida que somos seres vivos que desconocemos casi absolutamente todo.

No sabemos de dónde venimos, no sabemos a dónde vamos, no sabemos cuánto nos queda de vida… A partir de esas que

 

(Presentado en las Jornadas de Psicología 2008)

 

 

RESUMEN

 

Hablemos de los miedos, esos incómodos compañeros de ruta

Reacción instintiva frente a un peligro real o imaginado. 

Podemos quizás distinguir entre angustia, temor, miedo, terror pero decir miedo permite abarcar a todos ellos 

¿A qué le tengo miedo? 

¿Soy temeroso? ¿Los miedos me condicionan? ¿Me invaden? ¿Los controlo? ¿Me ayudan?

 

Hablemos, entonces, sobre los miedos que nos atenazan permanentemente, en la medida que somos seres vivos que desconocemos casi absolutamente todo.

Y vayamos inicialmente a lo esencial: No sabemos de dónde venimos, no sabemos a dónde vamos, no sabemos cuánto nos queda de vida… 

 

A partir de esas que son preguntas existenciales profundas y sin respuesta aparecen en lo cotidiano, vacíos de información que, como si se tratara de una escena primaria, rellenamos como podemos, lo cual no siempre es conveniente. 

 

LOS MIEDOS Y LOS TIEMPOS

 

Individuos, los seres humanos, que no podemos sostenernos en  equilibrio entre el pasado, el presente y el futuro. Por el contrario, tenemos tendencia a anclarnos en alguno de dichos tiempos.

Lo hacemos  en el pasado, añorando lo que vivimos anteriormente o en crisis por hechos traumáticos que sufrimos, sin poder entender que lo que nos convoca ya pasó y no puede volver. Vivimos el pasado como si se tratara del presente contaminando nuestras acciones cotidianas con referencias a lo que ya fue.

 

Si el anclaje es en lo cotidiano actual, nos tornamos absolutamente presentistas y descuidamos el pasado y el futuro, no saboreando el aquí y el ahora, lo que además nos lleva a no generar la construcción de futuros acordes a nuestras necesidades y nuestros deseos, en el presente.

 

Si nuestra mirada es hacia delante buscando afirmarnos en lo que puede ocurrir, o intentando  evitar algo que aún no sucedió, descuidamos la valoración del presente como elemento que nos sostiene en la realidad

 

Realidad e irrealidad, entonces, principio de placer – principio de realidad, miedos adquiridos, acontecimientos propios que los refuerzan, ansiedad por llegar o no llegar, traumas del pasado revividos en situaciones nuevas y con actores nuevos, pasatismos de vidas que, en definitiva, van hacia la muerte sin la conciencia de la construcción de lo placentero, lo disfrutable, del goce de vivir.

 

En definitiva, sin lograr un equilibrio interno necesario para encarar nuestra existencia de una forma creativa. Por el contrario, siendo permeables a la invasión de los miedos.

 

¿CÓMO  SE CONSTRUYEN LOS MIEDOS?

 

Los miedos se construyen a partir de vivencias muy tempranas, que nos marcan el sendero no consciente de nuestro futuro accionar.

Un hogar, un entorno familiar que los estimula, un hogar que nos transmite mitos basados en valoraciones equivocadas de nosotros mismos, un entorno que nos ampara en demasía o nos larga sin ninguna red, situaciones traumáticas de todo tipo, vivencias demasiado placenteras que luego se chocan con nuevas realidades, en fin, nuestra primera infancia será el sello de lo que luego seremos, en este caso, en relación a los miedos.

 

Gigantes con pies de barro, los humanos transitamos por nuestras vidas aferrados a creencias, mitos, delirios, sorteando las vallas con anteojeras no pudiendo aceptar nuestro final, lo que contamina nuestra vida.

 

Los miedos distorsionan  nuestra percepción de los hechos que nos ocurren, no podemos verlos en su justa dimensión, pasan las oportunidades sin que nos demos cuenta o las boicoteamos, miedosos del miedo.

 

Dos imágenes me vienen a la mente.

 

Una: un partido de tenis. El tenista debe esperar la llegada de la pelota calculando correctamente el movimiento que debe hacer. Un error de percepción lleva al fracaso del envío.

 

Dos: Alguien está detrás de la puerta esperando que otro golpee en ella para abrirle. El otro, duda en hacerlo. Ambos se frustran. 

 

 

¿QUÉ HUBIERA PASADO SI…?

 

¿A dónde apunto con estas dos imágenes? A que, las oportunidades cuando se presentan, hay que evaluarlas y en caso de que consideremos que son beneficiosas, debemos aprovecharlas.  No intempestivamente, no de una forma acrítica, sino a través de una evaluación donde la razón y la emoción actúen en concordancia entre sí.

 

La vida está llena de situaciones desperdiciadas, que además contaminan hechos futuros.

 

Hace muchos años, un paciente vivía una situación de crisis severa  de pareja.

Mientras ella sostenía la ruptura entre ambos, él buscaba un acercamiento.

En la consulta comenta que se había enterado de que la mujer debía viajar con urgencia a un país limítrofe con el nuestro, con su hija, dado que la niña debía recibir rápidamente una intervención delicada.

Me dice “No sé qué hacer. Si quedarme acá, en Montevideo, y pasar el resto de mi vida pensando qué hubiera pasado si yo me arriesgo a ir a donde está, o si voy, y aceptando el riesgo de su rechazo, me atengo a las consecuencias”

 

Lo que ocurrió fue que en definitiva se arriesgó, viajó en ómnibus (lo ideal hubiera sido el avión pero su situación económica no lo permitía), buscó por entre los sanatorios de esa ciudad hasta que finalmente dio con ella. La encontró en un pasillo esperando por su hija. La sorpresa de esta mujer fue mayúscula cuando lo vio. 

 

De regreso a Montevideo ambos retomaron la relación, aunque por un breve tiempo pero él mismo señalaba posteriormente su conformidad con la acción que había llevado a cabo. Y volvía a preguntarse: “¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera ido? Me siento satisfecho de haberlo hecho”

 

En definitiva había vencido sus miedos al rechazo, una desvalorización de sí mismo que lo llevaba a actuar de forma pusilánime, había aprendido una lección.

 

Tenemos que animarnos a vivir intensamente nuestra vida porque esta vida tiene fin. No somos eternos.

 

EL PESO SOCIAL

 

Desde nuestra infancia, como decíamos anteriormente, la Sociedad, la Cultura, representadas por nuestros padres en esa instancia, generan que vamos construyendo un mapa de miedos, ansiedades, inseguridades, que nos van delineando.

Nuestros instintos que claman por expresarse y la censura que busca contenerlos, nos lleva a situaciones críticas que en el mejor de los casos terminan en algún tipo de Neurosis.

 

Lo que está bien o mal, lo sano o lo enfermo, lo posible o imposible, lo que puede lastimar a los otros, lo correcto o incorrecto, pares antagónicos de un mundo binario en el que nos movemos y que nos llevan a la parálisis de nuestros afectos, muchas veces de forma absurda.

 

El vivir la vida de los otros como si fuera la nuestra, los sacrificios por el posible daño que podemos causar, el no arriesgarnos a hacer algo creyendo en las debacles que puede provoca, el no animarnos por miedo a cometer un error que puede costarnos caro nos llevan a situaciones frustrantes, a vidas desperdiciadas…

 

Estupidez humana, entonces.

 

En “Judou, un amor secreto”, película china dirigida por Zhabg Yi Mou se relata una historia aleccionante. Jodou, una joven es comprada por un viejo dueño de una tintorería para que le de un hijo, pero este hombre por su edad no logra cumplir su deseo, por lo que la castiga feroz y constantemente. La muchacha recibe el amor de un empleado y sobrino del anciano y se establece una relación secreta entre ambos llena de afecto que desemboca en el embarazo de la mujer. El tintorero cree que el hijo es suyo y se desata la tragedia, ante la inhibición de ambos amantes de huir y vivir juntos una vida nueva.

 

El peso social y cultural que castra, el posible castigo social que uno supone y tiene internalizado, el absurdo de leyes, normas, convenciones que  muchas veces frustra  la realización de nuestros proyectos, aunque los mismos no vayan contra nada ni nadie.

 

Está claro que en todo acto humano, en cada decisión que tomemos siempre hay potencialmente una pérdida y una ganancia. 

 

¿Cuántas oportunidades nos damos, y cuántas nos negamos en pos de retrasar los procesos, evitarlos por miedo, dejarlos para un incierto futuro?

 

¿Cuánto efecto mariposa frustramos con dejar de lado las oportunidades que se nos presentan?

 

Debemos evaluar qué es lo mejor y arriesgarnos.

 

Y no pensemos, necesariamente,  en situaciones trascendentes.

 

¿Es mejor que salga a pasear en un día hermoso y deje para después lavar los platos, o es mejor hacer esto y luego disfrutar, sabiendo que eso va a ser así?

Puede parecer tonto el ejemplo pero nuestras vidas están llenas de renuncias, y pérdidas de oportunidades por hechos que no lo merecen.

 

Muchas veces nos tornamos administradores de nuestras parejas, de nuestros hogares. 

 

En pos de una educación y bienestar de nuestros hijos, nos negamos salidas, dejamos el televisor prendido y perdemos horas y horas, evitamos conversaciones por enojos, jerarquizamos lo que no lo vale, nos doblegamos ante lo que creemos como inevitable, nos derrotamos antes de tiempo.

 

¿Cuántas parejas, luego de un tiempo inicial de mucho amor, luego deambulan por la vida, aburridas, sin diálogo, queriendo escapar de la cárcel que ellos mismos crearon al no poder sostener una relación en permanente crecimiento?

 

Cómo depositamos en el otro nuestras propias frustraciones, cómo acusamos a quien tenemos al lado de lo que no nos animamos a hacer, esperando que la decisión la tome alguien que no sea yo…

 

Cuánta pérdida de tiempo hay, y cuánta pérdida hacia delante en cuanto a las expectativas que puedo tener en el futuro… Se me aprieta el pecho cuando veo muchachos muy jóvenes que son viejos, y a veces se me aprieta el pecho cuando veo gente mayor, de la mano, muy enamorados

 

ENTONCES, HAY QUE ENAMORARSE DE LA VIDA

 

Muchas veces, por miedo a sufrir no vivo. Y muchas veces por miedo a la muerte estoy viviendo una vida que está muerta. 

 

Lo importante es el presente, el aquí y ahora, con el apoyo de mi pasado y la apuesta permanente a un futuro acorde, insisto a mis necesidades y mis deseos, algo que puede sonar egoísta pero que no lo es.

 

En la medida que estoy en armonía conmigo mismo, los demás que me rodean también se benefician.

 

 Saber que hoy estamos construyendo futuros, y lo que vamos a ser en el futuro es lo que estamos construyendo hoy.

Es desgarrante ver en el consultorio como muchos pacientes se quedan en guerras personales, llenos de rencor, con odios  hacia determinada persona, que a veces ni  se entera de este drama interno que quien lo sufre,  vive. 

 

Un pasado que contamina el presente, un pasado que sigue siendo presente.

 

Una de las funciones de la terapia es, como decía Freud, recordar sin emoción.

Los hechos no se olvidan, y los hechos dolorosos, menos, pero el tema es decir, “está bien, a mí me pasó esto pero yo lo he superado”

 

La función terapéutica también es la búsqueda de derrotar los miedos. No significa que no aparezcan nuevos, pero en la medida que nos conocemos más, podremos estar alertas para derrotarlos cuando nos quieran invadir.

 

 

UN APUNTE PERSONAL

 

Mientras garabateaba estos escritos me atacó el miedo de no poder darles una escritura final acorde a este evento.  El pánico ante la hoja en blanco. Sin embargo, hoy puedo presentárselos a ustedes que juzgarán si valió la pena o no el que los completara.