Trabajo presentado en las Jornadas 2006 de la Sociedad de Psicología del Uruguay.
Psic. Andrés Caro Berta
Poco estudiado, y con escasa bibliografía, transcurre un tiempo en el púber y luego en el adolescente en el que las distintas fases que se dan a partir del nacimiento y finalizan al comenzar el período de latencia, vuelven a reaparecer aunque con características diferentes a las de la infancia.
FASES PARA DESCUBRIRNOS
Si observamos lo que nos va sucediendo desde que nacemos, podremos ver que el proceso libidinal que se inicia en nuestra mucosa bucal pasa en una siguiente fase al otro extremo del aparato digestivo; luego se traslada a los genitales y a partir de estos, hacia el mundo externo. Ello tiene un objetivo claro que permite al niño ir descubriendo el mundo que lo rodea, descubrirse a sí mismo y entender la interrelación que se da entre ambas realidades, para luego, saliendo de la atención en sí mismo, a través de los padres, ir accediendo a otros objetos de amor - odio.
En este recorrido por nuestro cuerpo y nuestros afectos, donde depositamos la libido en las sucesivas zonas que recorremos, llegamos, entonces, al final de ese camino al Edipo alrededor de los cuatro - cinco años.
Durante el tiempo en el cual nos encontramos dentro del proceso edípico, se tramitan los afectos que fueron procesándose en los primeros años de nuestra vida con nuestros padres o quienes hicieron de ellos. Esa relación triádica con repercusiones según el género es la puerta de salida de nuestro entorno familiar más íntimo hacia vínculos fuera del mismo.
DISTINTAS LECTURAS DEL EDIPO
Dentro del Psicoanálisis la opinión no ha sido unánime en cuanto a las significaciones de nuestro Edipo. Freud por ejemplo acentuaba en lo sexual, en tanto Adler valorizaba la intención de ejercer el poder frente al padre, apoyado en un complejo de inferioridad (recuérdese que Edipo era disminuido físicamente, pero además era un hijo no deseado y temido). Jung en tanto sostenía que ambos sexos buscaban retornar simbólicamente a la madre, quien alimentara y diera protección en los primeros tiempos de vida. Los existencialistas sostienen que el drama de Edipo es la búsqueda de saber la verdad, Lacan plantea un desafío a la autoridad y en tanto otros como Deleuze y Guattari, autores del Anti Edipo desconocen el valor del mismo, quitándole validez universal.
Más allá de estas y otras posturas, lo que se torna evidente es que la temática resulta apasionante y generadora de distintas interpretaciones. Personalmente considero que el aporte de Freud ha sido esencial para entender lo que nos ocurre en nuestros primeros años de conformación de la personalidad.
En una nota de 1920 a sus Tres Ensayos para una Teoría Sexual señala: "Puede afirmarse que el Complejo de Edipo es el complejo nodular de las neurosis y constituye el elemento esencial del contenido de estas enfermedades. Llega en él a su punto culminante la sexualidad infantil, que tan decisiva influencia habrá de ejercer sobre la sexualidad del adulto. Todo ser humano halla sobre sí la labor de dominar el complejo de Edipo y si no lo logra, sucumbirá a la neurosis. El Psicoanálisis va fijando cada día más decisivamente esta importancia del complejo de Edipo y su aceptación o repulsa es lo que más precisamente define a sus partidarios o adversarios" (1)
En 1926, Freud, que consideraba que el complejo de Edipo desaparece al iniciarse el período de latencia debido a la amenaza de la castración, con la instalación del Super Yo, hace una nueva lectura y señala la reaparición del Edipo durante la adolescencia.
En el capítulo IV de "Análisis profano" señala: "Normalmente debe sufrir este complejo, al terminar la primera época sexual una transformación fundamental cuyos resul
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