Trabajo presentado en las Jornadas de AUDEPP (De Princesas, Magos y Brujas. Literatura Infantil y Psicoanálisis) Montevideo 2006
Psic. Andrés Caro Berta
RESUMEN - INTRODUCCIÓN
¿Cuáles son, en verdad, las princesas, los magos y las brujas de la vida cotidiana? ¿Los estereotipos buenos o malos que aparecen en las publicaciones infantiles, escolares, "del corazón", por nombrar sólo algunos ejemplos?
Cuanto mal se ha generado en la idealización de determinados roles sociales (princesas) y el estigmatizar al diferente… (magos y brujas) donde las máscaras del estereotipo se adhirieron al personaje, eliminando a la persona.
El Psicoanálisis ha permitido acceder al mensaje no dicho, el oculto, al descifrar los códigos que invaden estas acciones humanas y que construyen las ideologías (con sus mitos) en las que se basan las diferentes culturas.
Generados como sustentos morales, los cuentos infantiles clásicos encierran miserias humanas, crueldades desembozadas, peligros con las que deberá enfrentarse más adelante el que hoy es niño, para que realice interiormente un viaje lleno de obstáculos en el que predomina una visión edípica idealizada, que le remite a su Edipo vivencial.
Así, princesas, magos y brujas, podrán ser quizás madres y padres, padrastros y madrastras, además de hermanos con quienes deberá establecer luchas y alianzas particulares (historias cargadas de amor - odio) para definir un nuevo rol dentro del esquema familiar y social.
Los cuentos clásicos, a pesar de la competencia de nuevos materiales mucho menos directivos, no han perdido su fascinación, quizás porque remitan a lo que guardamos en el Inconsciente, especialmente aquello vivido en nuestros primeros seis años de vida.
LA BIPOLARIDAD EN LA QUE VIVIMOS
¡Qué seres extraños somos los humanos…! Somos personas, somos personajes. Somos animales, pero no lo aceptamos. Decimos que tenemos alma, como el resto de ellos (de ahí la etimología de "animal": que tiene alma), pero nos separamos de ellos, autoproclamándonos además, como los únicos seres vivientes que tienen espíritu, es decir "el soplo divino". Creemos ser los únicos en el Universo y buscamos desesperadamente señales que indiquen lo contrario. Nos imaginamos como la cúspide de la creación y somos capaces de cometer las peores acciones; desconocemos todo y creemos saberlo todo; partiendo de creencias construimos verdades; podemos discutir hasta cualquier extremo por lo que no sabemos, o dudamos en decir nuestra opinión por miedo al ridículo aunque manejemos la certeza; creamos dioses y creemos que ellos nos han creado a nosotros... En fin, somos contradictorios, ambivalentes. Mientras Eros y Thannatos luchan dentro de nosotros, construimos realidades por desconocer la realidad en su verdadera dimensión.
Extraños seres somos los humanos.
Hacemos discursos defendiendo la diversidad, y miramos desconfiados aquello que es distinto. Vamos por la vida sin entender el sentido de la misma; tenemos dificultades con los tiempos pasado, presente y futuro. Amamos y odiamos al mismo objeto; veneramos o destruimos; fluimos entre la atracción y el rechazo; construimos mitos muchas veces con bases falsas, o transformamos lo que en algún momento tuvo sentido real, en mito.
EL VALOR DE LOS CUENTOS CLÁSICOS
Los cuentos infantiles que denominamos como "clásicos" o "de hadas" hablan de todo esto. Es por eso que se sostienen y reciclan. Aún frente a historias quizás más apegadas a realidades más cercanas, e incluso menos violentas, pero que no tienen un sustento tan profundo y provocador como aquellos, donde hasta lo arquetípico está presente.
Construidos como cuentos morales, con moralejas implícitas o explícitas, estos relatos lejanos temporal y espacialmente de nosotros, e incluso de los propios recopiladores, sin embargo contienen los elementos que nos constituyen. Hay personajes con características aplicables a personas cercanas, hechos fácilmente trasladables a nuestras vidas cotidianas, aunque presentados lo suficientemente exóticos como para que creamos que están fuera de la realidad que nos abarca.
Relatando realidades tan lejanas… hablan de nosotros.
Con estructuras simples y básicas, los cuentos infantiles clásicos resumen nuestros miedos, y nuestras alegrías, vaticinan lo que nos puede pasar cuando chicos si desobedecemos a nuestros mayores o si persistimos en nuestros ideales; ubican a los adultos como figuras secundarias, amenazantes o protectoras; transforman lo cotidiano en situaciones heroicas que tienen a los destinatarios, los niños como protagonistas.
Diversos autores (entre ellos merece ser destacado Bruno Bethelheim por supuesto, aunque no ha sido el único), fueron desentrañando los sentidos ocultos y nos permitieron ver más allá del texto en sí mismo, asociando los estímulos subliminales, los personajes estereotipados, las acciones extremas con el proceso que se va gestando desde que nacemos hasta llegar a la resolución del Edipo, aunque, en relación a éste, uno pueda preguntarse si en los hechos alguna vez se resuelve, más allá de lo cronológico.
LA CONSTRUCCIÓN DEL HÉROE, LA HEROÍNA, LOS ANTIHÉROES, LOS VILLANOS
¿Qué es lo más importante de un viaje? El retorno. Porque sin éste, ese viaje se transforma en un temido exilio.
Es así entonces que estos relatos ofrecen desde el adulto que consciente o no imparte ideología, un viaje interior por lugares desconocidos, con personajes estereotipados y aventuras que luego, en el retorno a su hogar aplicará el lector o el escucha, en su propia vida.
Habitualmente en el esquema aparece un héroe o heroína, que partirá de su casa hacia el mar o el bosque, ambos tenebrosos y llenos de latentes peligros.
Entre medio ocurrirán determinados hechos que lo enfrentarán con sus propias valentías y cobardías, le generarán el desafío ante lo que parece imposible de superar, todo en pos de un objetivo que casi siempre es el rescate (de algo o alguien) que permanece secuestrado, en manos que no merecen tenerle.
La conclusión será el obtener, luego de un esfuerzo mayor (lucha, ingenio, batalla, sacrificio) lo que se buscaba para retornarlo a donde corresponde, y así ser premiado por el trabajo realizado.
Algo de eso hay incluso en Edipo, quien reúne muchas de estas características, incluso con otras que no pertenecen a Sófocles. Por ejemplo, una versión anterior a este autor señala que Layo coloca en un arca al niño recién nacido, la que es depositada en un barco que flota a la deriva. Cuando llega a las costas de Sición, Peribea, reina infértil que vigilaba cómo tra
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