El abuso infantil se suele ver en acciones violentas. Sin embargo, hay conductas que pasan desapercibidas y son graves para nuestros hijos.
Psic. Andrés Caro Berta
Publicado en diario El País, Suplemento Padres e Hijos. Agosto 2006 y SUS On Line. Agosto 2006
El abuso infantil se suele ver socialmente en acciones violentas de padres y madres, incluso con desgraciadas connotaciones sexuales.
Sin embargo, la falta de respeto a los derechos del niño encierra conductas que pasan desapercibidas habitualmente, por entenderse equivocadamente que las mismas no tienen consecuencias en los hijos.
Veamos dos extremos (graves) de violencia hacia los menores por parte de los padres y que sin embargo, a pesar de ser absolutamente comunes en lo cotidiano, no se perciben como dañinas, y hasta muchas veces se las toma livianamente como fuentes de bromas.
¿LOS NIÑOS SON SERES PENSANTES?
Por supuesto que inmediatamente me van a contestar que sí. ¿A quién se le ocurre decir lo contrario? Sin embargo…
Muchos padres parecen, en los hechos, opinar lo contrario.
Ocurre que a la hora de expresar afectos positivos o negativos hacia su pareja, los adultos no toman en cuenta la presencia de hijos y ello, no cuidándose en su manifestación.
Habitualmente ese ocurre, más seguido de lo que uno puede suponer, y basta que pongamos atención a lo que se da a nuestro alrededor, o lo que nosotros hacemos o decimos, para darnos cuenta de que, por ejemplo, ante una crisis de pareja, uno de los dos o ambos integrantes comienzan a agredirse verbalmente sin considerar al niño que está presente.
Pero también ocurre que no se toma en cuenta al menor cuando se sostiene un vínculo sexual, sin considerar si el pequeño capta por alguno de sus sentidos algo que no entiende, que le confunde y que luego será fuente de traumas que incidirán en su vida adulta.
Cuando se le señala al adulto esto, comúnmente expresa que eso no importa, que el hijo no entiende por ser eso: niño, que son cosas que se dicen o se hacen y sólo los mayores pueden comprender.
Gravísimo error.
LA PELEA ENTRE ANTONIO Y MARÍA, CON SOFÍA COMO ESPECTADORA
Muchísimas de las conductas que luego se tienen con los años, comienzan justamente en ese papel pasivo de observador o espectador que se le impone al niño, sin respetarle en sus derechos.
Ejemplo:
María está divorciándose. Encontró un papel en uno de los bolsillos del pantalón de su esposo que le generó la sospecha de una relación fuera del matrimonio. María comenzó a acosar a Antonio para que le dijera la verdad. Éste negaba hasta que luego de varios días, aceptó que eso era así. Sofía, la niña de 7 años fue espectadora de todo ese proceso. Por momentos se acercaba a su madre, por momentos lo hacía a su padre.
Ambos adultos en ese tiempo se insultaron de muchas formas, y como es de imaginar, fueron subiendo el nivel de agresiones, llegando al borde de la agresión física.
Sofía se angustiaba. Se refugiaba en su muñeca, tuvo dificultades serias en la Escuela, se tornó taciturna. Finalmente, presenció el desenlace de esa crisis, sentada en el comedor, mientras la madre echaba al padre y éste decidía irse.
Los dos estaban más preocupados por lo que pasaba entre ellos, que en la niña.
Pero eso no terminó ahí.
María encaró la vida en solitario. Frente a la hija, permanentemente murmuraba su decepción por lo que había hecho Antonio, y a los pocos días armó dos bolsas con algunas pertenencias de su esposo infiel y con la ayuda de la niña que no estaba muy convencida de lo que estaba haciendo, las tiró por la ventana quedando éstas en la calle. Alguien alertó al hombre, quien vino a buscar lo que le pertenecía, y a su vez a increpar a su mujer. Sofía seguía presente, escuchando. Ninguno de los dos prestaba atención a lo que ella pudiera sentir, más buscaban generar una alianza contra el otro.
Ahora María inició el divorcio. Pero está furiosa. Discute con Antonio por teléfono largas horas con Sofía dando vueltas a su alrededor. La niña pide su atención, pero María no puede salir de su crisis matrimonial, e incluso se ha puesto violenta alguna vez hacia la niña, rezongándola por cosas menores.
María, en un cumpleaños estaba con gente conocida de la pareja. Sofía permanecía pegada a ella. Por momentos se iba con los otros niños, pero cada tanto volvía a donde estaba su madre. María hablaba en voz alta a quienes la rodeaban trasmitiendo lo porquería que es Antonio, lo desgraciada que es ella, la poca suerte que tiene en la vida, cómo Sofía sufre por lo que hizo su propio padre, mientras la niña miraba cada tanto hacia arriba, o directamente actuaba como si no estuviera prestando atención.
Alguien le pidió moderar sus palab
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