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Categoría: Escritos

(Depositaciones familiares; no-yo; excrementos y prohibición del incesto)

 

Psic. Andrés Caro Berta

 

(Trabajo presentado en el

1er. Congreso del Taller de Montevideo,

"La creatividad en el aquí y ahora) 1994 Sindicato Médico del Uruguay.

 

Publicado en SUS On Line. Año 2 nº 4 Junio 2006

 

SÍNTESIS

 

A través del presente trabajo, se hace una breve recorrida por los momentos más decisorios en la evolución del niño, luego devenido en adulto, observando las dificultades que se le van presentando cuando la presión de la ideología familiar, el descubrimiento de una realidad ajena a él, la valoración negativa que recibe de sus excrementos, y la prohibición del goce sexual, porque tiende al incesto hacen que sus primeros años de vida, los más importantes para la constitución de su personalidad generan frenos a su potencial creativo, un potencial no necesariamente vinculado a la producción de lo artístico, sino a la capacidad innata del ser humano de generar situaciones nuevas, de dar respuestas a las dificultades que se presentan, a modificar, en suma, la realidad.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

Cada etapa, cada fase en el desarrollo del niño tiene sus características propias, dadas por la libidinización de distintas zonas corporales y a través de los vínculos que establece ese nuevo ser consigo mismo y con lo externo a él.

Pero, este proceso de socialización del ser humano, ese entramado que nos contiene y a su vez nos limita, no se inicia luego de nuestro nacimiento.

Esa red de depositaciones empieza a gestarse cuando nuestros padres inician el proceso de ideación de tener un hijo.

A través del presente trabajo, haremos una breve recorrida por los momentos más decisorios, a nuestro entender, aunque no los únicos, en la evolución del niño, luego devenido en adultos, y las dificultades que se le van presentando cuando la presión de la ideología familiar, el descubrimiento de una realidad ajena a él, la valoración que recibe de sus excrementos, y la prohibición del goce sexual, porque implícitamente tiende al incesto, hacen que ese niño, en sus primeros años de vida, los más importantes para la constitución de su personalidad, tenga ya frenos a su potencial creativo, no necesariamente vinculado esto con la producción de lo artístico, sino con la capacidad innata del ser humano de generar situaciones nuevas, dar respuestas a las dificultades que se le presentan, a modificar, en suma, la realidad.

 

DEPOSITACIONES FAMILIARES

 

Comencemos con el primer punto.

 

Cuando aún somos un proyecto, o nos encontramos creciendo dentro de nuestra madre, ésta, nuestro padre, abuelos, tíos, amigos, motivados por la expectativa hacia el nuevo ser, la necesidad de trascenderse  y el deseo que en ese recorrido llevemos características propias de quienes nos rodean, comienzan habitualmente por manejar qué nombre vamos a llevar el resto de nuestras vidas.

 

Es así que, una vez nacidos, pasaremos a ser "el altar del cielo", es decir Araceli; o "el represor", es decir: Darío; "el más grande Emiliano "que equivale a señalar al varón más importante de la gens Aemilia, es decir, Maximiliano, por nombrar al azar tan solo algunos nombres.

 

Esto unido a la necesidad de mantener vivos a muertos ilustres de la familia, o buscando perpetuar determinados acontecimientos o personales importantes para los dos padres, o para alguno de ellos, y a veces, para ninguno de los dos, pero sí para alguien que detenta el poder en la familia. 

En un trabajo anterior, relataba cómo una paciente presicótica es sistemáticamente rechazada por su madre durante la infancia. En la adolescencia se entera que su nombre había sido puesto por su padre, en recuerdo de una novia que tuvo y que nunca pudo olvidar, lo que llevó a la esposa a asociar a su hija con esa mujer, y así rechazarla.

 

Y preferimos en este trabajo, no entrar a analizar los motes, sobrenombres y calificativos que nos individualizarán, a veces, con más fuerza que los nombres propios.

 

Las depositaciones familiares también alcanzarán a las marcas de fábrica, necesarias a la hora de saber que el recién llegado no es un hijo bastardo: la mirada del padre, la nariz del abuelo, la boca de la madre, el mal genio del tío, lo sumiso de la abuela.

 

Y en lo íntimo de la pareja de padres, y en cada uno por su lado, las frustraciones propias volcadas en el niño, encargado de limpiar el vapuleado honor de los adultos. · "Éste sí va a ser un campeón", "Espero que no salga como el padre", "Yo quiero que haga todo lo que yo no pude hacer", son algunos de los tantos ejemplos. Supongo que cada uno de nosotros puede revisar, sin mucha complicación, historias personales

 

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