Psic. Andrés Caro Berta
(Se permite la publicación parcial o completa, si se informa el autor y la fuente)
Habitualmente hablamos del Ego sin saber muy bien qué significa, aunque lo intuyamos. Lo aludimos cuando vemos que una o más personas procuran ser queridas o valoradas, o buscan más el afecto y el reconocimiento, priorizando esto frente a otras cosas, y valorando cómo les va (en cuanto a las respuestas que reciben), centralizando todo en su existir, sin poder observar la realidad más objetivamente.
Es que la vida en sus primeros años nos va formando una imagen de nosotros mismos que no siempre condice con la que ven los demás.
O demasiado fatuos, creídos, soberbios, o por el contrario disminuidos, desvalorizados, con una confianza muy baja en nuestras capacidades
Cuando ello ocurre, cuando no hay un equilibrio que permite un buen relacionarnos hacia lo interno y con los demás es porque persiste en nosotros un diálogo que quita fuerzas, genera inseguridades, mina nuestras potencialidades.
NUESTROS PRIMEROS AÑOS
Si seguimos el esquema que inició Freud en su segunda tópica, referida a la constitución de nuestro aparato psíquico (la primera aludía a que éste estaba conformado por tres instancias: consciente, preconsciente e inconsciente) veremos que las tres instancias ahora pasan a denominarse Ello, Yo y Super Yo. El planteo es muy interesante y tiene que ver con los primeros años de vida, donde se juega nuestra propia personalidad
En esos iniciales cinco o seis años vamos descubriendo nuestro ser, nuestro cuerpo y nuestra alma, así como también la realidad externa a nosotros.
Ese recorrido no es sencillo. Está lleno de ansiedades, dolores, amores y odios.
Iremos domando nuestras fuerzas instintivas con los mensajes que nos llegan de nuestros adultos, representantes de la Sociedad y la Cultura en que nos movemos, es decir los dueños de la Ideología familiar en la que crecemos que establecerán para con nosotros una relación de premios y castigos.
NARCISOS
Esa parte instintiva (que la conforman los tres instintos esenciales que son: El de supervivencia, de agresividad y sexual) irá reprimiéndose a medida que vamos creciendo y recibiendo los mandatos que nos permiten luego coexistir en convivencia más o menos armónica con nuestros congéneres.
Aproximadamente a los 3 años el recorrido se centra en la fase uretral o fálica, donde vamos descubriendo nuestros genitales (niñas y varones) y donde surge un interés profundo por nosotros mismos al que llamamos Narcisismo Primario. Allí toda nuestra atención está depositada en nosotros, asociando ello con lo que le sucedió al personaje mitológico Narciso que de tanto observarse en el agua, terminó imprudentemente acercándose demasiado, resbalando y ahogándose.
Existe otra versión que considero más interesante y que refiere a que Narciso no podía verse, y en esa necesidad frustrante de reconocerse, tiene el accidente que le lleva a la muerte
Allí hay una lucha importante entre el Yo (este comienza a desvelarse muy tempranamente cuando el bebé comienza a descubrir en sus primeros meses que hay una realidad ajena a él que distintos autores han nominado como No Yo, en contraposición de uno mismo) con los instintos primarios a los que busca sofocar a través de la sublimación, en tanto convive con una mirada egocéntrica, narcisista
SUPER YO
Cuando, en la segunda parte de esta fase aparece lo edípico y luego éste culmina (al menos cronológicamente) aparece como heredero del mismo el llamado Super Yo
¿Qué es este? Muy simple.
Hasta ese momento, la censura venía del exterior. Nuestros padres o los que hacían de tales eran quienes nos decían lo que se podía o no hacer, lo que estaba bien o mal.
Ahora, a partir de esa instancia ya no necesitamos eso, porque se nos instala una autocensura. Ahora seremos nosotros los que juzgaremos lo que podemos o no, lo que consideramos bueno o malo, los que nos reprimiremos o nos daremos la autorización.
YO YO
Aquella persona llamada egocéntrica, entonces, sería la que no logra tener un Yo fuerte que mantenga el equilibro entre el Ello (instintos) y el Super Yo (la autocensura) Por tanto, será impulsiva o reprimida y llegará a no poder ver la realidad de la forma más objetivamente posible, depositando en el afuera intenciones en los demás, que no dejan de ser apenas situaciones personales de las que los demás son ajenos. Mantendrá la auto referencia en forma constante, tanto persecutoria o auto complacientemente
Tendrá un diálogo interno perturbador donde todo lo que ocurre a su alrededor cree que tiene que ver con él. Si lo quieren o no, si lo valoran o no, si lo odian o no, todo estará referido a esas dificultades personales para poder visualizar lo que ocurre en su relación con su entorno
Hay en esas personas un gran miedo a lo externo porque está teñido por sentimientos propios que aún no ha resuelto. Y que, como decía anteriormente, nos remite a los primeros años de vida donde somos mucho más dependientes de nuestros mayores, lo que nos lleva cuando niños a hacernos preguntas existenciales tremendamente importantes ¿como papá o mamá me quieren?, por ejemplo
Cuando somos adultos y trasladamos a nuestras actuales relaciones dichos sentimientos que fueron en su momento válidos y trascendentes, entramos en un terreno fangoso y resbaladizo, donde la persona se identifica como una víctima de lo que hacen o no, los demás
Es decir, transfiero en quienes me rodean esos sentimientos no resueltos. Y creo ver intenciones que no existen, y actúo y respondo en función de esa idea de ser el centro del universo (para bien o para mal)
La pregunta sería, en vez del “me quiere, no me quiere”: ¿me quiero o no? ¿Me valoro? ¿Me respeto? ¿Me cuido?