Luego de construidos estos personajes perdemos la noción de que fueron creados por nosotros y les damos vida propia.
Andrés Caro Berta (*)
Cada cultura genera sus referentes. Crea en los imaginarios, dioses, demonios, héroes y antihéroes.
Espejos, en definitiva, en los que nos apoyamos para actuar caricaturescamente como tales o para hacer lo contrario de lo que ellos hacen.
Pero estas creaciones humanas no se construyen de la nada. Para su nacimiento confluyen muchas referencias. Datos que nos llegan de épocas pasadas, personas que recalan en nuestros territorios trayendo historias de sus culturas que luego se adaptan a la nuestra, valores que coinciden o son seductores con los nuestros, momentos oportunos para que esos datos se fijen, necesidades y deseos propios, en fin...
El inconsciente individual junto al colectivo, va construyendo según la geografía y la historia personal y la del grupo humano que nos contiene los dioses, demonios, héroes y antihéroes ajustados a nuestra medida.
¿EXISTEN LOS DIOSES?
Mi hijo me planteaba su certeza de que no existen los dioses. Y lo hacía desde un planteo lógico.
¿Por qué los dioses que eran vitales para los griegos, hoy ya no existen más, apenas son parte de piezas literarias o estatuas que les recuerdan? ¿Por qué se mató, se destruyó, se vivió al influjo de ellos y hoy... son otros los dioses?
Este planteo referido a los griegos que construyeron sus dioses, semidioses, héroes y humanos, puede aplicarse a cualquier pueblo. No existe una cultura a través de toda la historia de la humanidad que no haya edificado su panteón que le identifique.
Así, decir que hoy, por ejemplo tenemos un dios, dos, tres predominantes es acaso una temeridad que no se ajusta a la realidad.
Por debajo de un dios oficial, o de dos o de tres, o cien, encontramos una gama por demás interesante que se difunde a través de lo oral como lo escrito.
Porque, además, los dioses, demonios, héroes y antihéroes no son los mismos para cada una de las sub culturas que conforman Las Culturas.
En el cine, el video, los comic's, las novelas rosa, los dramas, las óperas, los diarios, el teatro, la danza, los ensayos, los poemas, los cuentos, el lenguaje hablado, permanentemente se construyen y desaparecen estos personajes que tienen la característica de que son elaborados por humanos a quienes luego trascienden pasando a formar parte del imaginario con características propias más allá de los propios creadores, simples mortales.
¿QUÉ HAY EN ELLOS QUE ES NUESTRO PERO DEBEMOS VERLO FUERA?
Básicamente las referencias morales, las preguntas filosóficas que nos inquietan, la vulnerabilidad ligada a lo indestructible, la justicia que ansiamos pero no conquistamos, las vidas que no nos animamos o no podemos vivir.
En esos "estados alterados de conciencia" en los que habitan, esos personajes son las partes nuestras que no mostramos a los demás, ni a nosotros mismos.
En ellos hay también locura, deseos megalómanos, incestos, mentiras, fanatismos, ansiedades, fantasías que no podemos cumplir... En fin, a través de ellos exorcizamos nuestras preguntas sin respuestas, podemos trascendernos, tocar otras dimensiones, saber de otros amores, ser violentos con permiso; somos dioses, demonios, héroes y antihéroes alternadamente para luego con esos referentes fuera nuestro, vivir nuestras vidas cotidianas.
Es por ese motivo que no cualquiera alcanza la altura requerida para ser aceptado como dios, demonio, héroe o antihéroe.
Deberá tener el candidato, características que tengan puntos de contacto con otros anteriores, así como también aspectos que lo distingan.
DIOSES, HÉROES Y PSICOANÁLISIS
La literatura psicoanalítica ha abundado mucho sobre el mito de los héroes y los dioses lo que ha permitido desentrañar determinadas claves.
Hablando de dioses, Freud planteaba el traslado que hacemos de la figura sobredimensionada de nuestros padres en los primeros años de vida, luego elevándolos a la altura de dioses.
En relación a los héroes, por ejemplo, Otto Rank (citado por Freud) indicaba que hay características similares en las historias de estos.
"El héroe es hijo de padres encumbrados, generalmente hijo de reyes. Su nacimiento estuvo precedido por dificultades, como la abstinencia o la esterilidad de los padres o traslados del hogar de estos debido a prohibiciones u obstáculos externos. Durante el embarazo, o poco antes de producirse el parto, se han oído predicciones alarmantes (sueños u obstáculos) que generalmente significan un peligro para el padre".
"Debido a esto los padres o personas allegadas han determinado matar o eliminar al recién nacido; de ordinario es lanzado al agua dentro de una caja.
"Luego, ha sido salvado por animales o por personas de modesta posición, pastores y criado por un animal o por una mujer humilde".
"Ya hombre, y siguiendo caminos variados, vuelve a encontrarse con sus progenitores, se venga del padre y luego, al ser reconocido es ensalzado, alcanzando su grandeza y su gloria". (Sigmund Freud. "Moisés y la religión monoteísta". Ed. Losada. Bs. As. P.10)
Esto es válido para héroes o antihéroes como Moisés, Edipo, Rómulo y Remo pero también lo es para Superman, por ejemplo.
NIÑOS, ADOLESCENTES Y ADULTOS
A su vez, el niño construye (se construye) un héroe a su medida, o se identifica con alguno de todos los que le ofrecen sus mayores.
Parte de su casa, lejos batalla por ideales y princesas o príncipes, rescata a quien está prisionero de un rival de fuste y regresa al hogar más seguro de sí mismo.
Ello podemos encontrarlo en los chinos, como en los griegos, irlandeses o árabes, uruguayos o esquimales...
Pero también en el adolescente que construye su mundo desde Superman o Flash o los Hombres X, o quienes tuvieron su adolescencia en los '60 y endiosan a los Beatles, o los Rolling y se identifican con ellos formando parte, en su fantasía, de sus mundos idealizados, o el que sostiene una ideología que marca a Marx, los chicos de Chicago, Tabaré Vázquez, o Alberto de Herrera o Batlle como los dioses, demonios, héroes o antihéroes de turno.
Pero también el que sigue a Shakira, Luis Miguel o Gardel o Gran Hermano.
También están los que se sienten marginados por tanto cariño, tanto amor y tanta miel y buscan identificarse con demonios, y los del cantegril que sienten como héroes propios a los que delinquen, o los que se creen ateos, aunque como decía Buñuel son religiosos sin saberlo: "Gracias a dios soy ateo".
En todo esto hay una necesidad de trascendencia, de valores morales, de preguntas que no tienen, en la vida diaria, respuesta, a no ser que actúe la fe y se tornen verdades incuestionables, dogmáticas.
De no existir esa identificación con esa gama de personajes sería imposible lograr la adhesión a las historias que se construyen en base a ellos.
En ese mundo mágico de opuestos irreconciliables, de justicieros y malvados, vamos construyendo nuestra cotidianeidad, nuestra identidad.
Amaremos, destruiremos, odiaremos, buscaremos evangelizar, colonizar como una caricatura de esos personajes creados por nosotros pero que nos trascienden y tienen características nuestras, pero también todo aquello que nosotros no poseemos así sean dioses, demonios, héroes o antihéroes.
RETRATOS DE LO QUE QUEREMOS Y LO QUE NO QUEREMOS VER DE NOSOTROS MISMOS.
Quizás en la llamada Ciencia Ficción, pero especialmente en el campo de la literatura vinculada al comic es donde puede verse esto con mayor desparpajo.
Allí los superhéroes y los supervillanos ya lindan con categorías semejantes a los dioses y demonios, aunque también no dejan de ser atormentados humanos que deben aceptarse como individuos que viven casi dentro de los estados alterados de conciencia. Eso está magníficamente retratado en toda la saga de mutantes.
Pero también lo podemos encontrar en todo tipo de literatura, desde la policial a la científica, la infantil o la política.
La construcción de héroes pero básicamente antihéroes está fielmente retratada en el policial negro con Chandler y Hammett como referentes de otros excelentes escritores.
Los cuentos infantiles clásicos con Caperucita, Pinocho, Cenicienta, Alicia en el País de las Maravillas entre tantos, que dos autores disímiles como Bruno Bethelheim y Eric Berne han sabido desentrañar para comprender porqué adquirieron estatura mundial.
En relación a la política, incluso cuando se le reviste de un seudo mensaje científico como en el caso del relato histórico que aparece en los libros de estudio, es claro que los dioses, los demonios, los héroes y antihéroes tienen marcada presencia e importancia.
La construcción de estos mitos no siempre tiene porqué ser un acto de mala fe. Ocurre que quien desarrolla la creencia casi siempre está convencido de lo que pone a los personajes.
Artigas pasa por momentos, según el autor, a ser casi un dios. Pero para otros es un demonio. No deja de ser héroe aunque aquellos que buscan revisar su figura no dejan de señalar que se trata de un antihéroe (pierde batallas, se conflictúa, emigra, abandona, no regresa...)
Por tanto, todo lo que ponemos fuera es lo que tenemos dentro, pero no sabemos, o no queremos (re)conocer.
Así nuestros personajes ficcionados adquirirán dimensiones que los harán independientes de nosotros, sus creadores, y si tienen la suerte de tener puntos de contacto con las creencias de otras personas dejarán el anonimato o el conocimiento de unos pocos, y pasarán a ser referentes, por lo bueno o por lo malo que representen.
LOS HUMANOS SOMOS ASÍ.
Luego de construidos estos personajes perdemos la noción de que fueron creados por nosotros. Los sentimos extraños, ajenos, con existencia propia. Pero nos van a acompañar en nuestro peregrinar por esta vida.
Todo para no aceptar que nosotros mismos, cada uno de nosotros, somos eso: dioses, demonios, héroes y antihéroes.
(*)Presentado en Encuentro Internacional ABRACE. (2003)