La muerte de Mario Benedetti
Me hace acordar a la de George Harrison.
Es una de esas muertes silenciosas, sabidas,
no deseadas y esperadas.
De esas que se vienen sin que no puedas hacer nada.
No es de las violentas, impactantes, crudas,
Es de las mansas, crueles como toda muerte.
Pero la diferencia está en que estas
De Mario y George,
te llevan a la tuya,
a la del hermano, a la del amigo,
te arrastran a tus recuerdos, a tu propia vida,
a lo que viviste y lo que te queda,
a lo mucho que dejaste, y a lo poco que se viene.
Te traen a la finitud, a lo que hiciste y lo que te queda por hacer.
La muerte de Benedetti,
como la de George Harrison
te hace ver lo poco que es todo esto,
y cómo lo desperdiciamos.
Y te obliga a tomar conciencia
de que esto se acaba.
No hay vuelta.
Quizás haya otras vidas, quien lo sabe,
pero esta se termina
y no vuelve atrás.
Mario me hizo amar Montevideo,
siendo, él, de Tacuarembó,
Sus cuentos fueron mi referente a nuestra capital
a la que también quiero
de la que me enorgullezco
aunque me enoje con ella,
como corresponde con todo amor apasionado.
Una vez, le di un manuscrito mío con muchos cuentos
a Mercedes Rein,
en el liceo.
Era un trabajo que ella valoró.
Pero me hizo una observación que me llenó
de vergüenza adolescente,
"Están muy buenos, Andrés.
Trabajalos. Eso sí. Cambiale el título al libro.
Ya existe uno igual al que le pusiste.
"Montevideanos"…
Esa fue mi puerta de entrada a Mario.
También estaba Bradbury,
que me contaba de otras galaxias
demasiado semejantes a nuestro mundo cotidiano.
Y estaban John, Paul, George y Ringo.
En definitiva, quizás, Benedetti, sin saber ni quererlo,
Fue un caballero Beatle
Nacido antes que ellos, y muerto a mitad de camino
entre los cuatro de Liverpool.
Andrés Caro Berta
18 de mayo 2009