El grito nació en las entrañas.
Fue un grito terco, abarcativo, lleno de contenidos.
Andrés Caro Berta
El grito nació en las entrañas.
Fue un grito terco, abarcativo, lleno de contenidos.
Ahogado. Emocionado. Mitológico.
Arquetípico. Ancestral. Tremendo.
Nació en las entrañas
de padres conocidos.
El Terror, o "Pánico",
y la Angustia, o " Impotencia".
El grito nacido de las entrañas, trepó.
Reptó como el salmón,
contra la corriente, por las tripas,
y llegó a las cuerdas vocales totalmente saturadas de
sonido y emoción,
las que se apretaron al paso del grito
y contribuyeron a que el volumen, cargado de afectos,
fuera mayor.
Como enorme caja de resonancia,
con el aire contenido, caliente,
enviciado de los pulmones,
la cavidad bucal contribuyó a un mayor dramatismo;
y el grito, haciendo temblar los dientes y las muelas,
la lengua y los labios
salió del cuerpo, despedido, expulsado, emitido
e invadió el aire que fue golpeado
por el grito nacido en las entrañas.
Y el grito,
al encontrar el espacio para desarrollarse,
libre,
se expandió hacia delante,
y hacia los costados.
Y fue tan grande que los ecos
rebotaron en la gente, los edificios, los árboles
que retransmitieron su sonido
enorme, agudo y grave,
lleno de contenidos,
y hubo quienes se sintieron heridos,
perros que encogieron el lomo y mostraron los dientes.
Gatos que crisparon sus pelos,
íconos que se cayeron y
edificios que temblaron.
El grito atravesó campos y ciudades,
océanos y glaciares.
Cruzó los continentes,
los canguros se asustaron
y los lamas hicieron un mandala.
Los osos polares se levantaron en dos patas,
y los tigres atrapados en las jaulas
quisieron romper las barreras infranqueables
que impedían el regreso a casa.
Y el grito volvió,
dando vuelta a la Tierra.
y regresó hasta el hombre que lo había emitido.
Sus oídos se taparon por el aire que arrastraba,
su cuerpo se sacudió
y el grito volvió a su lugar.
Al papel
del que nunca se emitió.