Que las grandes productoras cinematográficas norteamericanas están matando al cine ya no queda duda.
Con producciones adocenadas, estúpidas, con superhéroes repetitivos, autos que explotan, veinte mil disparos, cabezas que giran y otras tonterías alejan al espectador y lo llevan a quedarse en la casa, a conectarse a lo que en su momento fue el enemigo más acérrimo: La televisión. Y ahora también internet.

Con este devastador panorama, las series televisivas dejaron de ser apenas entretenimientos para cuando uno cenaba, y se convirtieron especialmente por las producciones europeas, en un excelente competidor de un Hollywood que se va fagocitando a sí mismo.
Hoy, más de veinte canales de distintos países compiten en cantidad y calidad emitiendo productos que a uno lo invitan a no moverse del sofá.
Algo que empezó con la BBC y los nórdicos, luego se extendió a toda Europa, y hoy tenemos series que se superan unas a otras, y que en definitiva se transforman en películas de muchas horas de duración.
Más allá de los policiales como Wallander, Jack Taylor, Rocco Schiavone (salidos de novelas negras) pueden disfrutarse productos de todo tipo y cualquier género.
Entre ellos apareció una miniserie norteamericana basada en Criminal Justice (de la televisión británica, 2008) llamada The Night of, que es absolutamente recomendable.
Fue creada por Steven Zaillian (que dirige algunos capítulos) y Richard Price que la escribió en combinación con el primero.
EL ARGUMENTO

Nasir Khan, un estudiante de familia paquistaní, que vive en Nueva York una noche es invitado a una fiesta. Dudando qué hacer, decide ir y para ello toma el taxi de su padre, sin permiso. En el camino, sube una muchacha creyendo que está de servicio. Esta lo invita con drogas y terminan en la casa de ella, teniendo sexo. Luego, cuando él se despierta la encuentra muerta y escapa, con tan mala suerte que es detenido por la policía. Lo que sigue es el periplo de un abogado muy particular (John Turturro) buscando liberarlo, el muchacho que permanece en la cárcel, con todo lo que sucede allí dentro, y abogados y fiscales haciendo sus trabajos.
Lo interesante de esta serie de nueve horas de duración es el manejo de la crítica a las instituciones. Se puede ver el desinterés de los policías, los abogados, los médicos… Ahí surgen todas las miserias humanas, incluso ante la familia del acusado que debe afrontar la repulsa de hasta sus propios congéneres.
Y Nasir que se va hundiendo más y más en el oscuro mundo carcelario.
Todo este retrato, descarnado, donde no se busca tomar partido por nadie, sino casi mostrarlo como si se tratara de un documental, está apoyado por una fotografía espectacular donde se juega a los planos largos seguidos de los cortos (algo como una gestalt), donde importa el fondo y la figura.
Serie de HBO comenzada a filmar en 2015 y estrenada en 2016 tiene la textura y el guión de las viejas películas de Scorcesse, y otros directores de los 70.
Como en esos filmes, aquí lo que vale es la mirada a una sociedad cansada, multirracial, con habitantes que apenas sobreviven a sus propias miserias y donde cada uno termina defendiendo lo suyo, porque como en toda selva, lo importante es eso, sobrevivir.
Fue filmada en los barrios pobres de Mannattan y Brooklin, Nueva York, y contó con más de 230 actores.
Inicialmente iba a ser protagonizada por James Gondolfini como el abogado John Stone, un profesional carancho que recorre las cárceles para defender a perseguidos por la Ley, pero al morir éste, el papel fue para Robert De Niro que renunció, y se le entregó a Turturro, quien hace un tremendo desempeño como ese triste y alérgico defensor de rateros de poca monta.
Como compañero de elenco está Riz Ahmed, como Nasir, acusado de asesinato. Es magnífica su transformación a lo largo del metraje, de inocente universitario a un preso que se va hundiendo rápidamente en el ambiente de la cárcel.
Los personajes son creíbles, todos tienen sus luces y sombras, y no hay estereotipos, el veterano policía que nunca termina de definirse en cuanto al acusado, el abogado que se va metiendo cada vez más en defender a Nazir, la joven abogada que termina equivocándose, el negocio de estos defensores que exprimen a sus defendidos, la familia que nunca baja los brazos en apoyar a su muchacho pero que se va hundiendo económicamente, la fiscal que hace su labor aunque dude, el costo de los medicamentos, los conflictos religiosos, en fin… Cada personaje es un universo y así es mostrado por esta producción.
Miniserie con varios premios como tal, y para guionistas, directores y actores, vale la pena no perdérsela.
Eso sí, costará no intentar hacer un maratón y verla de un tirón, ya que es tan atrapante y mantiene tanto suspenso que es difícil no querer saber qué pasa en el siguiente capítulo.