Esta película, evidentemente va a contrapelo de toda una corriente actual que acusa a los varones de todos los males de la violencia, dividiendo las aguas de forma que queden de un lado las víctimas (mujeres) y los victimarios (los hombres)
Psic. Andrés Caro Berta
Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay / Fipresci
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Es despreciable el uso de la violencia hacia la mujer, como lo es hacia cualquier ser.
La violencia no es algo tan sencillo de delimitar. Y tampoco es un tema de género, sino que tiene raíces muy profundas que parten de la educación y el afecto o no que hayan tenido las personas que se transforman en violentas, sumado a la historia de las mismas y su relación con el entorno y la sociedad.
Pero si algo me ha quedado claro en estos muchos años de trabajo como terapeuta es que violentos pueden ser tanto los hombres como las mujeres.
Con el agravante de que el varón es más reticente de confesar agresiones recibidas, prefiere ocultarlas, y en algunos casos, termina en actitudes violentas desmedidas y nada justificables.
Lamentablemente el caldo de cultivo de la violencia se da de forma sorda, sin que los integrantes del núcleo familiar lo resuelvan a tiempo y eso deriva luego de agresiones compartidas, permitidas de ambos lados, insultos, descalificaciones, lastimaduras, golpes, finalizan en el mejor de los casos en una separación consensuada.
Debemos tener claro que los humanos somos animales. Pertenecemos al reino animal, y entre nuestros instintos primarios está el de agresividad. Es decir, somos agresivos. Defendemos lo nuestro, el territorio, la propiedad…
Cuando la agresividad no se puede resolver correctamente surge la impotencia, el desamor, el rencor, el odio y la reacción negativa es la violencia, una violencia que se va gestando en una espiral que la transforma en incontrolable.
Por supuesto que estoy absolutamente en contra de la violencia cometida hacia la mujer, como estoy en contra de la violencia entre hombres, entre mujeres, hacia los niños. Y cada caso detectado debe ser resuelto antes de que se cometa una estupidez que luego es imposible de revertir.
Pero no se puede acusar a TODOS los hombres por lo que hacen una serie de energúmenos, como también sucede con algunas mujeres que son capaces de atacar y hasta matar a sus parejas e hijos.
Esto viene a cuento porque PERDIDA tiene un discurso actualmente políticamente incorrecto que sostiene maniqueamente hasta el final.
En esta película, todo parece indicar que el culpable es el hombre.
El guión, hábilmente es narrado desde la esposa a modo de diario íntimo e intercala el presente (la ausencia de la mujer y la denuncia por desaparición de ésta, a la policía) con cómo se construyó esa pareja, desde un amor que buscaba no agotarse y por sobretodo no caer en la mediocridad de la mayoría de las relaciones.
Así, se cuentan cuatro aniversarios y se descubre que esa felicidad alocada comienza a resquebrajarse en el último año. La mujer se muestra temerosa de él, piensa que la va a atacar, busca comprar un arma para defenderse por las dudas, entre otras pistas.
Estas, todas van llevando a que el hombre sea, a ojos de todos, el culpable de la desaparición y muerte de su esposa.
La única que duda es la detective del caso. El resto de la nación (porque ella es una figura muy querida por novelas que han escrito sus padres sobre su infancia, que han tenido éxito total de ventas) asume el caso como propio, y los medios de comunicación se valen de ello para hacer un seguimiento acosador hacia el esposo, ya sentencianda su participación en el crimen.
Una renombrada conductora de televisión, feminista, lo destruye ante cámaras y no hay salida posible para ese hombre.
Allí, la película da un giro en la narración y surge lo que ha hecho ella para que todo rodara como estaba sucediendo.
Así, propio de una conducta psicopática se desvela lo que realmente está ocurriendo.
El ardid es para destruir a ese esposo que la engañó con una mujer más joven y que salvajemente busca aniquilar ahora de la forma más terrible.
Evidentemente se trata de la peor mujer, de la bruja de los cuentos infantiles.
Y entonces, surge una tercera parte que es mejor no contar y que produce el desenlace con sorpresas varias, y una figura masculina que logra recuperar su dignidad ante todos, a pesar de confesar públicamente el engaño con otra mujer y mentir ante cámaras, para lograr que su esposa finalmente reconsidere la situación y retorne a la casa.
En esta película, los hombres maniqueamente son todos buenos. Y las mujeres, casi todas ellas (se salvan la hermana del esposo y la detective) son de lo peor.
La madre de la mujer desaparecida es manipuladora e inventó toda una historia de su infancia para vender libros convirtiéndolos en best sellers, y a ella en un modelo a seguir, mientras el padre acata fielmente lo que su esposa marca; la presentadora también es una hábil manipuladora; una vecina es una estúpida que es digitada por la protagonista para que todo señale a él como culpable; una pareja en un camping la asalta y es la mujer la que planifica todo…
El filme es muy bueno en cuanto a sostener la intriga, dando por cuenta gotas pistas nuevas que van aportando datos nuevos, pero es maniquea en cuanto a lo blanco y lo negro. No hay matices.
Porque en definitiva, tampoco los hombres son todos buenos y las mujeres, todas malas.
Como relato policial y de intriga funciona excelentemente. Tiene rasgos similares a las películas de Hitchcock y uno se introduce en la trama y espera sin deseo de separarse de la butaca, o del sillón, hasta que se descubra la verdad.
Esta llega… pero deja un final abierto que es inteligente porque permite que cada uno construya qué cosa puede suceder de ahí en más.
Ahora sí, no es conveniente para feministas.
La dirección de David Fincher es buena, al igual que el guión de Gillian Flynn, basada en la novela propia Gone girl, si le quitamos todo lo absurdo de esa polarización entre todos los hombres buenos y todas las mujeres, malas.
La música de Trent Reznor y Atticus Ross se adapta perfectamente al clima de las escenas, al igual que la fotografía de Jeff Cronenweth.
El montaje es muy bueno porque es el que sostiene la intriga permanente.