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Categoría: CRÍTICAS Y NOTAS DE CINE

Hace ya varios años vengo insistiendo que hay que hacer un boicot internacional a Mel Gibson. Mis colegas se reían. Creo que ahora comienzan a compartir mi posición.

 

JESÚS EN EL PLANETA DE LOS SIMIOS

 

Vengo del cine. Es de madrugada. Mis nauseas son reales. Pocas veces he visto un espectáculo más violento, más sádico y además gratuito.

Cuando Passolini se metió con Sade y realizó SALÓ, pensé que difícilmente alguien podría superarlo. Cuando en un festival de Cinemateca, en el cine Miami, en plena dictadura, en una trasnoche veía cómo caían los espectadores y eran recogidos por los porteros en medio del Crimen de Cuenca, pensé que era demasiado.

 

 

PERO VINO MEL GIBSON

 

Gibson  en Corazón Valiente comenzó a mostrar un nacionalismo exacerbado y violento, en ese caso contra los ingleses. En El Patriota ya se vislumbraba la era Bush.  Gibson pasaba a ser uno de los representantes más importantes  de un cine que comenzó a regodearse con lo militar, un cine que alineado con el Partido Republicano de USA empezaba a aleccionar a la gente, envolviéndola en un clima de guerra sin ningún otro contenido. Así, el punto alto (más allá de los Terminators, Invasiones y otras yerbas) estuvo en la segunda versión de El Planeta de los Simios, donde no importaba la anécdota y sí, las tomas de los monos idiotas que parecían inteligentes.

 

Pero Gibson no paró. Llegó hasta hacer una campaña mundial contra los extraterrestres en SEÑALES, donde inmerso en el paroxismo religioso mataba al alienígena con un bate de béisbol y volvía a ponerse los hábitos, recuperando la fe perdida.

 

 

Y VINO BUSH 

 

Y entonces, todo aquella violencia deliberada comenzó a salir de las pantallas e inundó nuestras vidas cotidianas. 

Pero este filme, contra los propósitos del mandatario fraudulento (como decía Moore) y del propio Gibson, marca el fin de la era Bush. Este sadismo del director queriendo hacer ver la violencia de los otros, comete un error: es demasiado burdo.

Mel Gibson no es un religioso. Mel Gibson apunta a repetir en este siglo las Cruzadas para rescatar el cáliz de Jerusalem, o algún otro souvenir, mediante el maniqueo juego de los buenos muy buenos, y los malos muy malos.

Por suerte, Gibson no es sutil. Por suerte Bush no es sutil. De lo contrario tendríamos a estos personajes por muchos más años.

 

 

LA HISTORIETA DE JESÚS

 

En esta historieta sobre Jesús, el director, de entrada quiere meter un dato milagroso, pero contado por alguien que es un ateo fundamentalista pero no un  religioso.

Uno de los guardias (malísimos y estúpidos como aquellos nazis de las películas norteamericanas, ¿se acuerda?) que atrapa gracias a la traición de Judás, a Jesús, es atacado por uno de los seguidores de éste que, a influjo de Tyson le arranca una oreja. Pues Jesús, que es bueno bueno, ve su dolor y antes de ser llevado encadenado tiene tiempo y ganas para apoyar su mano sobre la zona estropeada y, oh milagro, vuelve el soldado a tener oreja.

 

Estas tonterías se repiten en el correr del metraje, pero insisto contadas por alguien que no cree, contadas por alguien que busca otras intenciones.

 

 

EL PLANETA DE LOS SIMIOS Y LA MOMIA

 

Todo el relato, además, desembozadamente está dentro de una estética de El Planeta de los Simios de Tim Burton. Hay escenas prácticamente copiadas (el pie de Jesús golpeando el suelo arenoso cuando va a rescatar a Magdalena, o los ropajes y movimientos de los soldados judíos, por ejemplo), pero también parece  La Momia con los decorados y la iluminación del templo de los Sacerdotes judíos. Hasta aparece el monstruo de computadora personificado en un ser andrógino que parece que es el diablo, y los niños transformados en la fantasía de Judas, en enanos. 

 

 

LOS SUFRIDOS  GOBERNANTES  INVASORES

 

Entre medio, los romanos aparecen diluidos. No es difícil hacer el paralelo con la fuerza norteamericana de ocupación. Pilatos sufre por estar mucho tiempo en esa tierra administrando justicia y está harto de lidiar con esos habitantes que le resultan fastidiosos; la mujer como gesto de dolor le da toallas a María para que lave la sangre derramada por Cristo... del piso... luego de los castigos ejemplarizantes a los que es sometido por estúpidos soldados romanos.

Nadie entiende por qué Jesús es tan castigado hasta que su cuerpo queda casi sin piel, por qué luego le ponen (sería mejor decir, le insertan en la cabeza) la corona de espinas y luego durante el trayecto cargando la cruz, recibe permanentemente los latigazos que hacen dudar (si es que uno no sabe cómo termina la historia) si podrá llegar a donde lo iban a crucificar.

 

 

JESÚS TERMINATOR

 

El final, con un Jesús resucitado, ya limpito, desnudo como la escena inicial de Terminator y sin ningún signo de tortura en su cuerpo pero con la mano agujereada por el clavo que permite ver a través de ella, levantándose cual el actual gobernador de California cuando hacía de robot del futuro dispuesto a cumplir su tarea, avanzando para pasar a la Historia, es absolutamente infantil.

 

 

GRACIAS A DIOS NADIE APLAUDIÓ

 

Por suerte, en el preestreno curiosamente (y en contra de las previsiones) había poca gente, nadie aplaudió, y por suerte hubo gente que se levantó y se fue. 

Sinceramente yo también quise hacerlo. Pero entendí que para opinar debía terminar de ver la película.

 

 

GIBSON NECESITA UN PSIQUIATRA

 

Gibson está mal. Necesita tratamiento psiquiátrico (los psicólogos ya no podemos hacer nada con él). Su violencia cada vez es mayor. Su odio cada vez es mayor. 

Por suerte es tan desembozado, tan falta de argumentos, tan grosero que provoca rechazo. 

De lo contrario, si fuera más sutil realmente hubiera sido un arma mortal en beneficio de los neo nazis encaramados en Washington.

 

 

HOSANNA JESUCRISTO SUPERSTAR

 

Viendo esta barbaridad reaccionaria, uno revaloriza aquella "Jesucristo Superstar". Quizás, y a su pesar,  Gibson nos está haciendo un favor. Al hartarnos de tanta violencia, comenzamos a reclamar a viva voz la ida de los violentos del Poder.

Gracias, Mel Gibson. Eso sí, háganme caso. Generemos un boicot internacional para sus películas. No merecemos ser tan agredidos.

 

(*) Publicado en Diario Cambio y Arte7