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Categoría: CRÍTICAS Y NOTAS DE CINE

 

Psic. Andrés Caro Berta (*)

Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay/ Fipresci

 

Los adolescentes se pasan acuñando nuevos sentidos a viejas palabras, cuando no inventan algunas. Salado es algo así como que alguien se pasó de la raya, que mete miedo. Bueno, ese es Islas.

Esta miniserie que se estrenó en nuestro país, filmada en el 2001 en Chicago, asusta y no porque esté mal hecha, porque así de simple, asusta.

 

LOS COLEGAS E ISLAS

 

Días atrás, en una reunión de críticos de cine, uno de ellos dijo cosas horrorosas de este director uruguayo. En realidad habló de sus producciones. "Asco" fue uno de los términos que usó. Pero hubo más. 

¿Es así? ¿Por qué hay gente que está peleada con lo hecho por este coloniense? En las dos proyecciones de "Amor brujo" eramos sólo dos críticos en la sala. El organizador y yo. ¿Por qué? Casi ninguno publicó en los distintos medios, la actividad y por tanto poca gente se enteró. ¿Por qué? 

Los colegas tienen como alergia a algunos géneros. Jamás votarían como mejores del año a filmes de animación, de terror, de ciencia ficción. ¿Por qué?

 

EL CINE DE ISLAS

 

Claro, alguna explicación puede encontrarse. Ricardo Islas hizo siempre un cine de mínimo presupuesto, ajeno a tecnologías digitales, y que desde los guiones apunta al suspenso, el susto a través de mostrar poco para que el espectador rellene con sus propios miedos.

Es cierto que muchas veces suena como un autoboicot algún muñeco pésimamente resuelto (el lobo de Plenilunio, o el perro de este Amor Brujo) que abaratan escandalosamente un producto que es muy correcto, pero bueno, parece que más allá de bajos presupuestos, hay una intención del director para que ello ocurra.

 

EL ESTILO

 

Su estilo es el de un estilete, como debe ser en este género. Prepara el clima, introduce los personajes, agrega música adecuada, las tomas se enlentecen, uno respira el peligro y de pronto, Paf, ocurrió lo que se temía que podía pasar. O, en una perversa forma de asustar al espectador, no ocurre lo que iba a suceder. Al estilo aprendido de cientos de películas del género de terror y ciencia ficción, Islas le imprime el sello personal, el que es engañoso.

Parece desprolijo, desalineado, algo tonto y por momentos infantil, pero es todo lo contrario. Todo es milimétrico, está estudiado, resulta inteligente y no es nada infantil. Y da miedo.

 

SUSTO

 

Pocas veces en años, viendo una película tuve tanta tensión encima como con los dos últimos capítulos de Amor brujo.

Los golpes bajos se van sucediendo y el susto gana a la platea. Algunas risas nerviosas lo testifican.

Finalmente, cuando se sale del cine, uno lleva consigo el clima de tensión y el pánico, y en la calle, y de regreso a la casa, dan ganas de revisar hasta en los placares por si algo de lo mostrado en la pantalla se salió de la misma, y nos acompañó sin que lo supiéramos.

 

NO SE LO PIERDA

 

Aproveche todo este ciclo que ARTE7 y la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay están llevando a cabo en el cine Libertad. Y entenderá un poco más lo que le estoy diciendo. 

 

(*) Publicado en Diario Cambio y Arte7