UNA MUY MALA PELÍCULA PARA UN TEMA MUY SERIO
Para entender mi postura, debemos separar la historia real, terrible, con un escenario más cruel aún como es la esclavitud humana, de esta película de Steve McQueen.
Selecciones del Reader's Digest es una revista que nació en 1921 en Estados Unidos. En 1940 aparece el primer número en español. Durante toda su vida, en la parte final de la misma incluyó un libro resumido. Ahora bien, era tan alevoso el corte y pegue de la obra original que creó toda una corriente en contra, ya que el lector quedaba convencido que ese era el texto creado por el autor, cuando en realidad el mismo había sido bastardeado hasta falsear su contenido.
Acá, en ésta 12 años de esclavitud, ocurre algo similar
En el cine pocos autores han podido sintetizar correctamente muchos años en un filme dado, de una forma razonable, entendible, sin caer en lo simplista. Quizás el ejemplo más notorio sea El Baile (1983), de Ettore Scola.
Aquí los acontecimientos se van sucediendo uno tras otro, sin mayor continuidad dramática; cada episodio no dura más que unos minutos escasos, y los personajes poco o nada salen de la caricatura o la epidermis
De por sí, el actor principal (Chiwete Ejiofor) es muy malo y pocas veces da valor a sus gestos, pero además, la lectura de lo que se cuenta es tendenciosa por lo escaso de su contenido, y hay demasiadas situaciones que no tienen resolución. Algo imperdonable en el cine norteamericano, donde cada cosa está colocada porque tiene un sentido en ese momento, a los diez minutos o al final de la película.
El guión de John Ridley aporta escasez de contenidos para entender más la tragedia de los esclavos en Norteamérica, aunque quizás el sentido del filme apunta a captar al espectador común, que va a sensibilizarse por la temática, no importándole tanto si la película es buena o no.
Entonces, si ese es el sentido de 12 años de esclavitud, puede ser que se logre el resultado positivo. Aunque igual dudo que mucha gente llore ante determinadas escenas que buscan el golpe de efecto.
El protagonista está en Nueva York, unos minutos para que lo veamos caminando con su familia por la calle o en familia; salta la acción a un encuentro con dos interesados en su interpretación del violín. Salta a que están en un restorán, según parece, luego de convencerlo de ir con ellos a una gira en circos y con buena paga. Salta a que el protagonista está borracho y estos dos parece que son malos y lo llevan a un hotel. Salta a que el protagonista está en un cuarto que parece una celda, esposado, despojado de todo, y se supone que esos contratistas eran quienes lo vendieron. Salta a que está en un barco con otros negros. A una mujer la separan del hijo, a otro lo matan, él y los demás son llevados en un carro a un comercio donde se venden seres humanos. Lo compra un terrateniente bueno, pero que no se la juega. Lo entrega a otro que es malo, muy malo. Está en un campo de algodón. Hay una esclava que es amante del patrón, contra la opinión de la esposa de este, él la viola noche a noche, ella pide al protagonista que la mate, él no lo hace, de pronto aparece una negra en un chalet, con un esposo blanco haciendo las tareas mientras ella toma el té con la muchacha acosada, con una criada al lado. Al rato, aparece el patrón malo, enloquecido de amor salvaje con la muchacha, junto a un niño pequeño que se supone es el resultado de la unión con ella. Y así, sucesivamente, un tramo tras otro, como en la revista mencionada, sin desarrollo dramático sostenible para los personajes, pintándolos como buenos, malos, muy buenos, muy malos, epidérmicamente, apuradamente, en pocos minutos, sin profundizar.
Como en el caso de un blanco que por posibles deudas está trabajando en los campos de algodón y resulta un traidor para el protagonista, además de bailes muy crueles, latigazos terribles, pero todo contado a la apurada.
Hasta que aparece el bueno de Brad Pitt (tenía que ser), que es un constructor de casas que escucha el relato del protagonista y acepta el encargo de mandar una carta a Nueva York, en busca de un amigo, para que lo venga a buscar. Y así, luego de doce años, vuelve a casa y se encuentra con los hijos crecidos y con un nieto, y se supone que la mujer murió, porque simplemente… no aparece.
Finalmente, los títulos finales aclaran qué ocurrió con Solomon real que, si es por lo que se ve en esta película, no hizo nada por sus compañeros esclavizados; sólo buscó salvarse él mismo.
Sin embargo, se indica en un cartel que después escribió el libro 12 años de esclavitud y luchó contra la esclavitud.
El tema es demasiado serio para ser tratado de esta forma. Burdamente, buscando el golpe de efecto sin entrar en profundizar en algo que merecía un respeto mayor.
Pero además, como película es pobre. No tiene cada anécdota una continuidad, las historias son dejadas por la mitad. No se sabe nada de muchos de los personajes que aparecen. Entran y salen, uno tras otro, y en determinado momento no sabemos más qué fue de ellos (el caso del blanco traidor, un negro que entra a un comercio cuando el protagonista está con su familia comprando telas, para hablar con él, éste lo observa pero quien entró debe salir apurado porque un señor, posiblemente su amo, lo va a buscar; entre tantos otros ejemplos)
ACLAREMOS PARA QUE NO SE MAL INTERPRETE
Separemos entonces la historia real de esta versión caricaturesca y hecha con la intención de sensibilizar al gran público, sin preocuparse de lograr algo más serio, como la propia anécdota lo merecía.
LOS ACTORES…
Ya dije que Chiwete Ejiofor como Solomon Northup no aporta mucho a su personaje.
Es una pena que una cantidad de breves apariciones de buenos actores sean apenas breves fogonazos sin ningún valor
Tal es el caso de Paul Dano, que lo vimos hace poco en La Sospecha, acá como un cobarde violento y tonto, o el estupendo Paul Giamatti, brillante en Entre copas, como un vendedor de esclavos que va y viene por una pieza ofreciendo a sus posibles compradores, carne humana; o Michael Fassbender que hizo una buena interpretación de Carl Jung, en Un método peligroso, como el cruel Edwin Epps, enamorado de Patsey (interpretada por una incipiente Lupita Nyong’o), la buena actriz Sarah Catharine Paulson que sólo hace gestos de fastidio por las preferencias de su marido por su esclava, o incluso Brad Pitt que aparece unos pocos minutos mientras arma una casa y acepta llevar la carta a Nueva York para que venga Parker a rescatar a Solomon…
La gran responsabilidad recae en el autor del guión, John Ridley y el propio director inglés, Steve MacQueen
Ah, la producción es (entre otros) de Pitt, o sea que su personaje salvador tiene sentido…
RESUMIENDO
Películas sobre la temática de la esclavitud abundan y hay muchas de ellas, muy buenas. No es esta…