AL SERVICIO DE SU MAJESTAD: MERYL STREEP
(Nota publicada en diario Cambio)
Meryl Streep es, evidentemente dentro del reino del celuloide, una reina. Ha sabido recorrer decenas de personajes centrales totalmente diferentes, unos de otros y les ha impreso su sello característico: la distinción
Resultó una bichicome, una madre judía, la hermosa veterana hippie que quiere que su hija conozca al padre con quien la engendró, y así podríamos seguir un largo rato
Pero, la diferencia con otras actrices está en ella misma: reitero, la distinción con que aplica la caracterización de los distintos personajes que le tocan en suerte.
Aquí se transforma en Margaret Thatcher, y uno sabe que es ella, pero es la real, pero es ella, pero es la real, y en esa fascinación transcurre la película.
La anécdota parece pasar a un segundo plano, y lo que resalta es esa actuación magnífica de la Streep, ayudada claro por un estupendo trabajo de máscaras, pero que no lo quita valor a su labor.
STREEP RESCATANDO EL FILME
¿La película? Bien, gracias. Ah, perdón, debería hablar de ella.
Esta reflexión viene a cuento por la importancia de la actuación. Pocas veces el cine ha estado tan en función de determinados trabajos protagónicos. Pero cuando ocurrió, todo se centró en el elegido.
Recordemos apenas un solo caso: Capote caracterizado por Philip Seymour Hoffman
Allí, si bien el film es estupendo todo estuvo al servicio de este magnífico actor. Todo, hasta los demás actores.
Aquí ocurre lo mismo, con un punto en contra. La Dama de Hierro es mala (la película, digo, aunque el personaje real, también)
Sin la actuación de Meryl Streep el filme se desmoronaría estrepitosamente.
¿Por qué? Porque se trata de una biografía demasiado lineal, muy al estilo de la revista Selecciones, donde la carrera política de la protagonista está contada apenas en flashes demasiado acotados y pueriles.
Uno podría decir que eso está bien porque lo que la directora y los libretistas buscaron fue retratar la vejez de quien fuera la primera dama de la política británica por unos cuantos años.
Y sí, es verdad. La no aceptación de la muerte de su esposo, la incomprensión de su entorno ante una anciana que marcó la historia de gran parte del mundo con mano firme pero que ahora se siente acorralada y desamparada se muestra perfectamente, pero llega a abusarse de esa situación.
REPASANDO APENAS LA HISTORIA
Y así, cuando los recuerdos aparecen son apenas esbozos de situaciones tremendas que merecían un mayor destaque.
Por momentos hay un deseo de mostrar a una Thatcher positiva, constructiva a pesar de los reclamos y atentados que sufrió por ser conservadora y mujer.
A su vez, sus enemigos (y los compañeros de Partido) son crueles, burlones, ineptos y da la sensación que su fracaso se debió en gran parte, por los palos en la rueda que estos aplicaron, lo cual en la realidad no fue tan así.
En lo que nos toca en esta parte del mundo, la guerra de las Malvinas es apenas esbozada, y la muestra a la Thatcher como una verdadera líder que sabe enfrentar el conflicto armado con absoluta firmeza. Pero el coqueteo con Reagan y Belaunde apenas es esbozado, en tanto su relación con Pinochet es totalmente omitida. Y la presencia de los Burkas, determinante en el resultado de la guerra con Argentina, por la crueldad de esos individuos que generaron el pánico en las tropas del país vecino, inexistente.
A la Thatcher se la nota sensible con las familias de los soldados muertos (enviados por su gobierno); les escribe una a una, expresando que como madre que es puede entender el dolor de la pérdida de sus hijos (pero… fue ella los que los mandó a morir… por la Patria)
Su caída en la popularidad también es ambigua en el filme. Se siente que hay una cierta injusticia en ello.
Que la gente no la entiende, que los políticos la traicionan, que el IRA sólo sabe dialogar mediante atentados terribles
LA DESPEDIDA
La escena de la salida del edificio de la Primera Ministra, acompañada por empleados que lloran su derrota, con una hilera de rosas rojas, marcando una entereza envidiable conmueve al espectador, que admirará a esa mujer que supo enfrentar a los hombres de su Partido, a los enemigos, a los traidores, por los ideales de Justicia que aprendió de su padre, apenas un almacenero y oscuro alcalde, que le impartió el valor de los juicios propios, ante la hipocresía de las capas dominantes de la Sociedad…
Cabría preguntarse qué diría la propia Margaret si viera su película. Quizás, con ese carácter imperativo hasta cuestionaría grandes partes de la misma, aunque claro, hoy por hoy es una anciana recluida en una casa de salud.
La biografía, entonces, resulta condescendiente con la retratada, por momentos sintiéndose como un orgullo en mostrarla luchando contra tantas adversidades e incomprensiones, y ocultando aspectos muy oscuros de su período de gobierno. (El IRA y las manifestaciones populares quedan como expresiones equivocadas de descontento ante una mujer que busca salvar a su Patria de la anarquía)
AL SERVICIO DE SU MAJESTAD: MERYL STREEP
Pero volvamos a Meryl Streep. Se caracterización es magnífica, y sostiene la película. Sin ella, el filme no existe.
Es tan omnipresente su actuación que todos los demás actores están para coronarla a ella. Apenas podemos destacar a quien hace de esposo de la Thatcher, el magnífico Jim Broadbent que no deja de tener un rol peligrosamente similar al que componía en IRIS
El despliegue actoral de la Streep es tan impresionante que se comete una cierta injusticia con Alexandra Roach quien retrata a la protagonista en su juventud estupendamente, pero se diluye ante la magnificencia de la Streep
La dirección de Phyllida Lloyd (la misma de Mamma mía!) es correcta y nada más.
El guión de Abi Morgan es errático. Incluso en el retrato de la anciana incomprendida por todos por no poder desprenderse del afecto de su único compañero, su esposo muerto tiempo atrás
La película es floja, pero bueno, cuando aparece Meryl Streep, ya sabemos las consecuencias. Ella centrará las miradas en sí misma. Y no hay forma de evitarlo
Como expresaba en el título de esta nota, todo está al Servicio de su Majestad: Meryl Streep