¿Cuál es el límite? ¿Qué hacer?
Estaría bueno que a partir de películas como estas se formaran foros, encuentros, tertulias para tratar el tema de fondo que plantea.
(Publicado en diario Cambio)
¿Cómo hablar de esta película, sin develar el final? Sólo decir que es uno de esos filmes que uno, cuando termina de verlo, queda… pipón… Con pena de que finalice…
La narración es excelente, los juegos de espejos con cara y contra cara, los las trampas necesarias para confundir no sólo a los protagonistas sino al propio espectador, en tanto la historia avanza de una forma contundente, conforman un relato que hasta último momento nos mantiene con la tensión necesaria para descubrir la razón de los hechos, pero también con pena de que finalice y tengamos que apartarnos de su desarrollo.
Porque si bien tiene todos los tics remanidos de los últimos policiales del cine norteamericano (policías a punto de jubilarse se meten en un caso que quizás no les permita llegar al retiro; delincuentes muy malos que siembran la destrucción y generan el odio de los policías, la impotencia de los uniformados ante la imposibilidad de quebrar la ley, ante la burla de quienes sí lo hacen amparados en esa especie de impunidad que la realidad les otorga), decía, a pesar de estos esquemas que terminan repitiéndose, este filme propone dos elementos interesantes. Uno es el encuentro (más allá del argumento) de dos grandes del cine actual, Robert De Niro y Al Pacino en un buen duelo actoral. Dos, una historia muy bien narrada
LA HISTORIA
¿De qué trata? De la lealtad, del difícil límite que tiene un policía correcto cuando enfrenta a la delincuencia. El qué hacer. El meterse y perderse en la mugre, en asumirse como un justiciero anónimo que se deshace (y limpia a la Sociedad) de los que cometen atrocidades…
La película comienza con una declaración de uno de los dos policías, filmada en video, que lo incrimina en una serie de asesinatos
Lo que sigue es la confirmación, sumándose pruebas, y el deseo de uno de que las cosas sean distintas
De Niro y Pacino son dos tenientes veteranos (juntos llegan a los ciento veinte años de servicio, bromea el superior), son una pareja perfecta que patrulla Nueva York
De uno no se sabe nada, del otro bastante. Pero son seres que ocultan sus sentimientos, que se han endurecido de tanto contacto con la escoria, uno de ellos tiene una amante muy particular que disfruta de juegos sadomasoquistas cuando está fuera de servicio, y actúa como CSI en el resto del día.
Ambos se cuidan, se amparan, se defienden.
Pero la mugre está ahí. Y el deseo de vengarse de los criminales que han cometido infamias, especialmente a niños lleva a uno de ellos a buscar hacer por justicia propia.
El disparador de la trama está en un llamado para que investiguen, antes de jubilarse, un asesinato de un proxeneta que tuvo algo que ver en el pasado de ellos. Lo que llama la atención es un poema que quien lo mató, dejó a su lado. Es un poema de cuatro líneas que explica la muerte. Esto comienza a repetirse en cada uno de los asesinatos que se suceden. Siempre hay un poema similar que justifica lo hecho, y que apunta a limpiar la ciudad de individuos indeseables. Evidentemente se está frente a un asesino serial que busca convertirse en un justiciero anónimo frente a la inoperancia policial. Y las sospechas recaen en uno de los dos protagonistas.
ROBERT DE NIRO Y AL PACINO
Es evidente, además del argumento, que este filme es para el lucimiento de dos grandes actores que curiosamente en el recuerdo de la gente que los admira, los confunde uno con el otro.
Robert De Niro (Turk) y Al Pacino (Rooster) se muestran sobrios, como en la historia que cuentan se complementan, se ayudan, se hacen guiñadas y logran el apoyo de quienes son sus admiradores.
El resto de los actores actúan de forma de no robarles protagonismo a estos dos grandes intérpretes. Se destaca por su belleza Carla Gugino.
La dirección de Jon Avnet es muy buena. Este realizador nacido en Brooklyn, Nueva York en 1947 ha sido productor de, entre otras, Negocios Riesgosos, Corrupción en Beverly Hills y los Hombres no deben morir. Dirige Tomates verdes fritos, La guerra, Algo muy personal, Justicia Roja, 88 minutos
El guión de Russell Gewirtz es muy bueno, al igual que la fotografía de Denis Lenoir y la música de Ed Shearmur.
CONFIESO QUE ME EMOCIONÉ
Confieso que es una película que me ha emocionado. Ante tanta basura, tanto producto repetido que uno olvida no bien termina de verlo, este me ha conmovido. Y eso está bueno, porque el cine debe cumplir (más allá del espectáculo) con esa cuota de impacto emocional que a uno le permita expresar, mover y remover sus sentimientos.
SERIA UTIL APROVECHARLA PARA DISCUTIR SOBRE VIOLENCIA
Pero además tiene otro mérito que veo que no ha sido aprovechado. Permite generar la discusión de qué hacer con la violencia; cómo contener y proteger a los policías bien intencionados de lo que ellos deben combatir, en nombre nuestro.
Preguntarse cuál es el límite. ¿Por qué todo es una farsa donde los delincuentes están protegidos y hacen sus negocios y sus crímenes, y no reciben el castigo que merecen?
¿Cuál es el límite? ¿Qué hacer?
Estaría bueno que a partir de películas como estas se formaran foros, encuentros, tertulias para tratar el tema de fondo que plantea.
¿Qué hacer?
Porque, por ejemplo, en nuestro país el tema de la violencia ha tomado estado público. Y en los medios de comunicación comienzan a mostrarse grupos de vecinos que están prontos para atacar a quienes actúan fuera de la ley, frente a una Policía y una Justicia que muchas veces no actúan como debieran. O se ven frenadas en su accionar.


