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Categoría: CRÍTICAS Y NOTAS DE CINE

Desarrollado el argumento en un tono paternal y pesimista hacia esa gente, sin una gota de rebeldía, EL BAÑO DEL PAPA se torna en el peor sentido de la palabra, folklórica

 

Psic. Andrés Caro Berta

Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay/ Fipresci

 

(Publicado en Diario Cambio)

 

 

DISTINTAS POBREZAS

 

Se sabe que Uruguay no es sólo Montevideo aunque muchas veces lo pareciera. También se sabe que la pobreza, esa que va comiendo las neuronas está más extendida en nuestro país de lo que se quiere mostrar.

 

Aparte, la película de Mario Handler fue una buena y polémica aproximación a los cinturones de miseria que rodean nuestra capital, producto entre otras causas de la emigración interna de las zonas rurales hacia los espejitos de colores.

En el llamado Interior de la república se dan situaciones muy particulares que delimitan estratos sociales.

Allí convive gente pobre que comparada con la mostrada por Handler no llega a los límites de pauperización de los marginados.

 

 

EL CONTRABANDO HORMIGA

 

Uruguay tiene una frontera seca con Brasil y eso también genera una subcultura particular.

Donde se desarrolla la película, en la ciudad de Melo, se hace diariamente un tráfico de mercaderías que se limita al transporte de pequeñas cantidades de pocos quilos, (de allí la denominación popular de “quileros” a aquellos que tratan de vencer todos los controles para ingresar artículos de poco valor económico, por la cantidad)

Cuando el cambio favorece a alguno de los dos países, los habitantes del  otro  se convierten en contrabandistas.

 

 

EL CONTRABANDO Y EL PAPA

 

Esa es una realidad que está presente en la película como la base donde se construye la historia que narra. Ese es el escenario.

La trama se dispara con la venida del Papa Juan Pablo II en 1988 al Uruguay y en particular, a la ciudad de Melo para brindar en ella una misa.

Tal visita dispara en los barrios pobres no un fervor religioso, sino el intento delirante de hacerse millonarios en un día.

Así niños y grandes, hombres y mujeres se van dando la suficiente manija como para creer que eso se puede.

Uno de ellos es  Beto (César Troncoso)  casado (Virginia Mendez) y  con una hija adolescente (Virginia Ruiz)

Confiado en saldar viejas y nuevas deudas, y en salir de pobre, este hombre intentará cruzar la frontera varias veces para comprar en Brasil lo necesario para montar un baño público en el camino que harán los feligreses una vez que el Papa termine su acto de masas.

 

 

LOS POBRES Y LA PELÍCULA

 

Pero, los pobres van a seguir siendo pobres. Porque la cabeza no les da para más nada, cosa que la película se encarga de asegurar.

 

Desarrollado el argumento en un tono paternal y pesimista hacia esa gente, sin una gota de rebeldía, EL BAÑO DEL PAPA se torna en el peor sentido de la palabra, “folklórica”

La propia película no se rebela frente a esa realidad, apenas muestra los deseos de una adolescente por zafar pero que al final es tragada por el esquema de perdedores, dejando sus sueños de trascender (al menos un poquito) finalmente para acompañar  a  ese padre quilero, en sus próximas pasadas de frontera, cerrándose nuevamente el círculo.

 

¿Qué eso ocurre en la realidad? Es correcto. Pero, ¿ese debe ser el mensaje clausurante del BAÑO DEL PAPA?

 

La película, depresiva hasta en la fotografía, que a medida que avanza el metraje se torna más gris, no sabe apostar por un cambio. No hay un mensaje de rebeldía. No. Su mensaje final es de derrota, de conformismo.

 

 

EL FINAL DE LOS POBRES

 

Se sabe que se manejaron varios finales. El elegido remite al, reitero, conformismo, llego de postales folklóricas de los que son los pobres.

Luego de la desgracia del fracaso de todo el barrio, sale el sol (a la película le vuelven a salir los colores) y aparece el buen humor de nuevo en esa familia, que seguirá haciendo lo mismo de siempre, ser pobres pero honrados, dentro de lo que se puede.

No estoy planteando que aquí hubiera un filme militante, combativo, panfletario. No, ese sería el otro extremo.

Pero El Baño del Papa es conformista. Muestra esa realidad de pobreza no sólo económica, la describe, se regodea con ella, y deja a los pobres donde los encontró, y cómo los encontró.

Nada cambió. Sólo que sumaron otra frustración más al collar de derrotas.

 

Un filme es un medio de comunicación masivo que emite señales.

Y las señales de El Baño del Papa son que no hay salida, y que en definitiva sus protagonistas… son buena gente que nunca van a llegar a más. Porque la cabeza no les da.

 

No estoy de acuerdo con ese planteo.

Jugado a un lenguaje tercer mundista, buscando competir con otras cinematografías como la iraní, por ejemplo, que muestran la pobreza también y la falta de oportunidades EL BAÑO DEL PAPA no logra la poesía de estos filmes.

Tampoco hay un humor por el cual filtrar críticas, ni un ánimo de denuncia. Las tragedias apenas se intuyen pero no se explicitan.

El malvado aduanero, coimero; el tener que agachar la cabeza para seguir pasando mercadería…

Como si se tratara de un documental, sólo se queda en observar lo que pasa en determinado momento de esa gente.

 

 

ACTUACIONES

 

Las actuaciones son buenas, convincentes. Cesar Troncoso muestra una vez más su saber; Virginia Mendez como esposa y Virginia Ruiz, la hija se presentan con mucha naturalidad y hacen creíbles a sus personajes.

Pero nada más.

Aquí no está la cachetada de Aparte, ni el final ambiguo de una posible esperanza,  de Whisky

 

En definitiva, El Baño del Papa resulta un filme deprimente, donde la visión de sus protagonistas apunta a mostrar lo folklórica que es la pobreza mental en la que viven.