Imprimir
Categoría: CRÍTICAS Y NOTAS DE CINE

Disculpen que voy a hablar en primera persona y de experiencias personales.

 

BERGMAN, MICHEL SERRAULT, ANTONIONI

 

Psic. Andrés Caro Berta

 

Disculpen que voy a hablar en primera persona y de experiencias personales.

 

 

BERGMAN

 

Bergman llegó a mi vida allá por el '64. Yo tenía 14 años y estaba transformándome desde hacía un rato largo en adolescente. Las mujeres me llamaban la atención y si eran con poca ropa, más.

Los Beatles estaban desde un año atrás motivándome a transformarme, había comprado botitas beatle en Grimaldi, donde ahora está El Palacio de la Música, casi donde empieza 18 de Julio; en la calle había adquirido una peluca de plástico que imitaba burdamente las melenas adoradas, mi madre me había regalado una guitarra y con ella había formado los primeros grupos que buscaban parecerse a Ellos…, mi primo en Cuba me contaba de los discos de cartón de los cuatro de Liverpool, las chiquilinas del liceo desde hacía un año me generaban deseos encontrados y mi primer intento de novia, Susana, apareció en mi vida en bailes de dos o tres parejas que hacíamos en alguna de las casas de nuestro grupo de liceo. A ella le regalé la biografía de Los Beatles que quizás nunca abrió.

Veíamos Anochecer de un día agitado más de veinte veces seguidas, recuérdese que no se habían inventado los videos…

 El voyerismo vino de la mano (con perdón de la palabra) de revistas hoy para leer o ver en los jardines de infantes; un seno al descubierto era todo un acontecimiento y Las Memorias de una Princesa Rusa era algo que formaba parte de las leyendas urbanas, porque todos hablaban del tal libro pero nadie conocía su existencia.

La colección de más de mil revistas de historietas fue vilmente canjeada en la librería Ruben, que hizo su América explotando la libido que iba desbordándose dentro mío, por ejemplares de la formidable revista chilena de humor El Pingüino. Allí, algunas señoritas mostraban osadamente sus piernas y con suerte, alguna estaba semi desnuda.

El cine había ingresado a mi vida desde mucho antes. Prácticamente desde que nací. A los 8 años, recibí de regalo una maquina proyectora de manivela, de 35 mm., que aún conservo y que me permitió comprar las colas de las películas (tal cual como en Cinema Paradiso) y pasarlas con mi tío y algunos chiquilines del barrio. Y también me permitió borrar las impresiones de los rollos, y cuadro a cuadro, 24 por segundo, ir haciendo dibujos sobre la película en tinta china que después pasaba.

En ese contexto, a mis 14 años, mi madre era socia del Cine Club. Y cuando anunciaron las películas de Bergman, prohibidas para menores de 18 años pensé en tetas, dejando de lado o no, lo edípico.

Y me hice socio. Nunca supe cómo me aceptaron. Y me metí a ver ciclos de Bergman, junto con las de Buñuel y tantos otros.

A esa edad hice mis primeras críticas que quedaron en los cuadernos de apuntes que iba coleccionando.

Y de la búsqueda de la anatomía femenina un tanto desabrigada que prometía Bergman me enamoré de todo un estilo de cine.  Y me hice cinéfilo. Por eso cuando vi Cinema Paradiso porque un cargoso compañero de trabajo, después de muchas resistencias mías me obligó a verla en video en mi casa, lloré toda una madrugada con el niño que robaba como yo, en la vida real, trozos inútiles de películas y con aquel niño transformado en grande que al final recuperaba todo aquello que le habían prohibido cuando chico.

¡¿Cómo no voy a querer a Bergman?!

Hay que acordarse de que gracias al boicot de las empresas distribuidoras norteamericanas, en Uruguay tuvimos el privilegio de conocer abundantemente el cine europeo, "descubriendo" a nivel mundial nada menos que a Bergman.

 

 

ANTONIONI

 

A los dos o tres años apareció en mi vida Antonioni. Y su Blow Up marcó un antes y un después en mí. Habían arribado antes que él Totó, de Sica, Gassman, Tognazzi, entre tantos otros. Pero Blow Up con la estética londinense de los Beatles me conmovió y me abrió la puerta para gran parte de su cinematografía, y la de Vanessa Redgrave, Sara Miles, David Hemmings, Jane Birkin que actuaban en ella, y me despertó la curiosidad por Cortazar, autor del cuento en el que se basaba la película. Y conocí después a otros directores como Fellini, Passolini y otras cinematografías.

 

 

SERRAULT

 

Serrault fue muy tardío en mi vida. Ya estaba casado, bueno, confieso, divorciado cuando aparece una película fascinante, con un Michel Serrault ya veterano, enamorado de una mujer más joven que él. "El placer de estar contigo" de Claude Sauet. El señor Arnaud se enamoraba perdidamente nada menos que de Nelly, es decir de Emanuelle Beart, por dios, ¿quién no se puede enamorar de esa mujer?…

Así Serrault fue también otro actor que disfruté en infinidad de películas desde Las diabólicas hasta La fortuna de vivir.

 

 

LAS DISCULPAS DEL CASO

 

Bueno, estaban advertidos. Iba a hablar de mí. Les pido disculpas. Se fueron otros tres grandes compinches míos.