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Categoría: CRÍTICAS Y NOTAS DE CINE

Esta película alemana no por casualidad ganó un Oscar, cuando vuelve a flotar la guerra fría USA y Rusia (Ex - URSS)

 

 

 

LOS BUENOS Y LOS MALOS

 

Es que su planteo se acerca mucho a viejas producciones anticomunistas de los 50 y 60 sobre lo que ocurría detrás de la Cortina de Hierro.

 

No es que lo que plantee sea falso, sino que como película es efectista y maniquea. No, no es una buena película, juega a los buenos y los malos, los muy buenos y los muy malos, y a los simplismos de una historia que fue mucho más terrible de lo que aparece  acá. 

Sin embargo, y por lo anterior, La Vida de los Otros es un filme efectista y que sabe dar en el blanco para que el gran público se emocione al punto de aplaudir espontáneamente al finalizar la proyección.

 

 

LA HISTORIA

 

Lo  que cuenta es simple y visto reiteradamente en el cine.

En este caso, un censor y hábil interrogador de la temida policía secreta de la República Democrática Alemana, la Stasi, docente de futuros policías del régimen, el capitán Gerd Wiesler (Ulrich Mühe) de pronto se ve involucrado en vigilar con cámaras, micrófonos y grabadores la vida íntima de un conocido dramaturgo llamado Georg Dreyman (Sebastián Koch) y su compañera, la actriz Christa - maría Sieland (Martina Gednk). Si bien no se duda de su lealtad al Partido y sus autoridades, el Ministro de Cultura pide tal investigación por considerarlo sospechoso. Luego se sabrá que sus verdaderas intenciones están en que la mujer del escritor  se convierta en su amante.

 

Este gris funcionario Wisler se  va metiendo en la vida de estos tres personajes, comienza a deshielarse y termina colaborando con la pareja para que la historia tenga un desenlace distinto al previsto.

Entre medio, un mediocre compañero suyo, superior en jerarquía es presionado por dicho Ministro y jugará como el malo útil no ya al Partido Comunista sino a este obeso personaje.

 

En medio de ese cuarteto (pareja, amante, vigilante) se van dando los acontecimientos que terminan luego en la famosa caída del Muro de Berlín, hechos históricos que la película presenta como parte del escenario donde se mueve este drama romántico.

 

 

¿ES UN FILME POLÍTICO?

 

Sí, claro, eminentemente. Pero tiene la habilidad de mostrarlo como escenario de un drama  sentimental de  muy pocos personajes.

El acento, para el gran público, se encuentra en la historia de estos cuatro personajes. Y allí es donde la película se excede. Jugada como una pieza teatral hay grandilocuencia de movimientos y expresiones como si se desarrollara arriba de un escenario. El desenlace del drama, la muerte en la calle de alguien es claramente una expresión más teatral que cinematográfica.

 

 

ALEMANIA COMUNISTA

 

Lo que muestra de la realidad alemana oriental de esos años es totalmente compartible. El gris de las calles, los autos pequeños, la ausencia de gente, los grises funcionarios policiales, los lugares de interrogatorios, los pasillos vacíos, el poderío de los funcionarios frente a los asustados habitantes comunes, temerosos de ser acusados de traidores…

 

Quizás la enseñanza más sutil está en darse cuenta que más allá de lo ocurrido en Alemania comunista, lo que uno ve en la película La Mirada de los Otros, es aplicable a cualquier régimen dictatorial, de izquierda o de derecha, nacionalista o como quiera llamársele. Háblese de cualquier expresión de represión de las autoridades, donde se usa el miedo como elemento controlador para que el aparato siga funcionando. 

Ese es el valor de la película.

 

 

LO DEMÁS ES FLOJO

 

Hasta casi caricaturesco, y vuelvo a los conceptos del comienzo de la crítica. Aquí están los buenos y los malos, los muy buenos y los muy malos, los mediocres y los que van descubriendo la realidad a medida que se sacan la venda de los ojos, hay quienes se redimen de actos de traición cometidos, hay quienes luchan contra el régimen y caen como héroes, hay viejos camaradas que se reciclan con los nuevos vientos políticos, hay quienes que van a ser grises toda la vida, y habrán algunos grises que, en su silencio, colaborarán para que algo cambie en la vida de quienes viven sojuzgados por la opresión y la represión, todo esto en un envoltorio demasiado esquemático.

 

Los personajes son presentados en forma demasiado lineal, e incluso sus cambios no son creíbles. El más notorio es el del Capitán Wiesler, encargado de los interrogatorios de la Stasi que de buenas a primeras pasa de ser un despiadado interrogador  a convertirse en un individuo sensible, colaboracionista, errático…

 

La dirección de Florian Henckel Donnersmarck en su ópera primera es buena, quizás no tanto su autoría del guión. Las actuaciones son correctas aunque tampoco excelentes.

 

La película juega sensibleramente (y lo logra) con el afán de todo individuo amante de sus libertades por derrotar a cualquier régimen totalitario.

 

Y como la ficción se confunde con la realidad habitualmente, digamos que la mujer del actor principal Ulrich Mühe, llamada Jenny Gröllmann durante los seis años en que estuvieron casados fue funcionaria de la Stasi, conservándose más de 500 informes de amigos y colegas de teatro. Su esposo, enemigo del régimen era protegido por ella de ser enviado a un campo de aislamiento especial, destino que tenía marcado en caso de que hubiera una crisis nacional… Cuatro de sus propios compañeros de teatro lo vigilaban…