En esta segunda parte, Martínez Suárez presenta un corto suyo, y tres de su alumno Taretto.
JOSÉ MARTÍNEZ SUÁREZ
"SOY UN GUACHO TIERNO"
(Segunda parte)
Entrevista de
Psic. Andrés Caro Berta
Miembro de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay / Fipresci
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En medio de la Tercera Muestra de Producción Audiovisual de Piriápolis 2006, esta nota se realizó entre el hermoso hall del Argentino Hotel y una de sus salas de cine.
José Martínez Suárez - Vengo a presentar un ciclo que no es mío, es de la gente que trabaja conmigo. Por supuesto que toda la calidad que se consiguen no es la que ustedes van a ver. No he sido tonto y he elegido las mejores, si traigo las peores salen todos espantados y cuando termina la proyección no queda nadie en la sala. El caso es que estamos hablando de Taretto, uno de los directores de arte más importantes que tiene Argentina, trabaja en publicidad, apareció hace dos años en el Taller y está trabajando muy bien.
La primera que voy a presentar es una película que se pueden divertir, sobre todo los estudiantes de cine, para que vean que uno puede empezar haciendo un mal corto y terminar haciendo más o menos buenas películas.
Es mi caso.
EL CORTO PERDIDO Y RECUPERADO
En el año 52, 53 hice un cortometraje para unos amigos que tenían una orquesta de jazz que se llamaba Los Dixiland's. Lo hice, quedó, desapareció, nunca más lo vi y hay un perseverante historiador argentino bastante fuera de sí porque quiere hacer una historia de mi vida, eso les da la pauta, y dijo "yo voy a conseguir ese corto", con lo cual me confirmó que evidentemente estaba mal de salud mental. Era imposible de que apareciera. No tan imposible porque lo encontró. Era un conjunto de siete personas, entre ellos el amigo nuestro que nos había hecho una serie de favores. No le podíamos dar dinero porque no nos parecía correcto (trabajaba en un Banco), sabíamos que ese muchacho tenía un conjunto de jazz y lo invitamos para, una noche, hacer un trabajo. Estábamos filmando… Bueno, yo figuro como director porque alguien tiene que sacar la cara y recibir las bofetadas. No es que sea masoquista pero soy el que recibe las bofetadas. Y a veces el que recibe alguna palmadita en el hombro, que siempre viene bien. Estábamos haciendo "Alfonsina", dirigía Kurt Land (1957), trabajábamos en San Miguel… San Miguel era un estudio muy particular porque quedaba en Bella Vista, la estación siguiente a San Miguel. Entonces, fuimos por primera vez a San Miguel, nos bajamos en San Miguel y tuvimos que caminar hasta San Miguel, y la gente decía: "¿Cómo el estudio se llama San Miguel si queda en Bella Vista?" Simplemente por el dueño del estudio se llamaba Miguel Martín Andiarena y le había puesto al estudio, su nombre. Si se hubiera llamado Bella Vista Andiarena, hubieran acertado. Debe ser el único estudio en el mundo que tenía una capilla. ¿De qué se ríe usted? (Carcajadas en la sala) No, lo que él quiere es que cuente… Voy a contar dos o tres anécdotas para ir entrando a la cosa.
APRENDER CON MALOS DIRECTORES
Uno no aprende más cine cuando lee un libro, cuando ve una película, si no cuando trabaja con malos directores. La mejor manera de aprender. Porque uno se cuenta, entonces dónde es que está el error. Merced que se iban desapareciendo la gente que estaba encima mío, yo iba aprendiendo hasta que llegué a ser director asistente. Tenía un director que tenía una particularidad. No leía los libros que le daban para realizar. Así que a veces se encontraba con sorpresas como cuando en un momento dirigió a Olga Zubarry. Le dijo "Bueno, Olguita, ahora abrís la puerta, te sacás el sombrero, lo tirás encima de la cama y abrís la ventana contenta" Yo me acerco y le digo: "Mario, viene del sepelio de la abuela" (risas) "Tenés razón, José. Olguita vamos a hacer una variante. Abrís la puerta, te sacás el sombrero, lo tirás encima de la cama, abrís la ventana, triste…" (carcajadas) Verídico. Me había hecho poner un teléfono en mi casa. Me había pedido que pusiera un teléfono en mi casa. Eran los tiempos que no existían los enchufes. En cada habitación no podía poner un teléfono. Pero como él decía que se le ocurrían de madrugada, algunas ideas, lo tenía que tener. Eran las 3, 4, 5 de la mañana... Me llama y me dice con una voz cavernosa con lo cual evidenciaba muchos significados… "José, yo mañana no voy a ir a rodar la película" "Bueno, bueno" Entonces, salimos a exteriores, porque era en exteriores… El problema era cuando le decía a los actores que los dirigía yo. A ellos no les gustaba mucho que los dirigiera yo, y menos el director de fotografía que siempre era considerado el segundo del equipo. Luego de unas palabras, al final ganaba yo. La reunión posterior era en un cine que se llamaba Petit Splendid que quedaba en la calle Libertad al 900 donde, después del rodaje me tenía que sentar en la penúltima fila y escuchaba alguien que me decía: "Chau pitun, chau pitun, pitun daiara" (aproximado lo que señala JMS) Como él era santiagueño, hablaba quechua, y eso quería decir: En medio del día, anocheció. Y yo no sé porqué no me lo decía así y ya está. Era mucho más rocambolesco. En fin. Algunos directores han tenido la particularidad de ser buenos directores pero malos guionistas. Hay directores que fueron guionistas de películas populares y no conocían lo que es un colectivo, un tranvía, una vida un poco dura, lo que era esperar a fin de mes para cobrar el sueldo y pagar el alquiler, teléfono, luz, gas. Entonces, estábamos haciendo un guión con un querido amigo que se llamaba Giustosi. La época transcurría cuando cae un tranvía al Riachuelo. Era una madrugada de niebla, el puente estaba abierto sobre el Riachuelo, el tranvía no lo vio y murieron alrededor de 28, 30 obreros que iban a trabajar. Este personaje lo habíamos visto durante el día. Era un hombre que se dedicaba, como la gente de la zona, Isla Maciel, a tener su quintita, tomate, cebolla, entonces, en un momento, estamos pasando el guión a este hombre que estábamos preparando para que lo viera y me llama por teléfono y me dice: "José, ¿qué es un nijpero?" Digo, "Níspero" "Sí, nijpero, nijpero" Le digo: "Bueno, es un híbrido que se da entre…" Y me responde: "Pero en mi casa, nunca entró un níjpero" (risas) Pero usted, le dijo, es hijo de diplomático. En la casa de este personaje nunca entraron ostras ni caviar. Me dice: "¿Por qué usa níjpero?" Porque es una planta que se da, que es fácil de entender. "No, José, no va níjpero" Y no fue en la película. Es decir, había cierta arbitrariedad.
"ELLA ES DULCE"
Estábamos haciendo "Alfonsina", La dirigía Kurt Land, y pedí un permiso en el estudio para hacer el rodajito de este cortometraje que dura 4 minutos. La canción es "Es ella es dulce" que fue famosa en aquella época. Los veteranos quizás se acuerdan, pero no lo digan porque va a revelar su condición de veteranos. La filmamos entre las 6 y 10 de la noche, porque pasaba el último tren a las 11 y 5 y si no había que arbitrar algún otro tipo de medio. Esta es una buena ayuda para los estudiantes de cine para que se den cuenta que se puede empezar haciendo películas que no son demasiado importantes, demasiado rigurosas y que como dije antes, quedan más o menos potables. Así que vamos a ver, calculo que 1951… (proyección) Para los amantes del jazz, he copiado todas las posiciones de las películas de aquellos años… Como yo soy músico, hacíamos el rodaje del compás 1 al 15, por ejemplo, después hacía del 13 al 30, después hacía del 26 al 45 para hacer un poco de empalme. El sincronismo quedó perfecto. Los muchachos ya habían hecho play back. Ellos seguían la música. No los he vuelto a ver.
CLASES SÍ, DIRECCIÓN NO
En cuanto a si quiero dirigir, he rechazado las propuestas porque no me han interesado y no me pedían el tema que yo tenía guardado. Tengo varios temas guardados, una novela de Costantini, un cuento de Guillermo Martínez pero no les interesa a la gente que vino a pedir. Así que estoy dedicado a esto exclusivamente. No hay ningún colaborador. Soy yo el único. Las clases son individuales. Excepto dos chicas que vienen juntas, todas las clases son individuales. De las 8 de la mañana a las 9 de la noche. Algunas veces almorzamos juntos porque hay algún horario que no puedo compensar. El precio creo que es adecuado. Son $150 por mes, son U$ 50. Es guión y dirección. Una vez que el alumno ha llegado a ofrecerme una propuesta que me parece interesante y nos hemos puesto de acuerdo, ellos no se conocen entre sí, excepto el que llega con el que se va, porque es una especie de "cama caliente" como la que hacía Patiño. Entonces yo le digo: "Creo que un buen jefe de producción puede ser este, un buen asistente puede ser este"
INSOLADAS
Bueno, vamos a ver una película que se llama "Las insoladas" Tiene una particularidad. Transcurre en una terraza en Buenos Aires, durante un día de verano. Hay dos muchachas que llevan todo el peso de la película, durante los 24 minutos. Cuando fue presentada en algunos festivales, la vieron en el Instituto y le dijeron al realizador: "Escriba un largometraje sobre este tema que ya tiene aprobado el crédito" Así que escribió el largometraje y lo va a presentar en estos días. Hay una pequeña diferencia, en lugar de 2 las protagonistas, son 5 muchachas. Le salió verdaderamente bien. Fue el primero de los trabajos que hizo, de los 3. (Proyección)
Fueron dos fines de semana de trabajo, con horarios más o menos normales, de 8 - 10 horas, porque yo no soy partidario de los horarios extensos de trabajo. Cuando supera las 10 horas, el personal está cansado y acepta cualquier cosa, además pensando que al día siguiente tiene que levantarse temprano. Un plan de trabajo se puede realizar si se hizo con criterio.
CIEN PESOS
Después hizo una segunda película que se llama CIEN PESOS. Es más amarga, no tiene tanto humor, a no ser por la acidez. En una ciudad conflictiva, en este caso la falta de trabajo es lo que motiva el desarrollo del tema que trata Gustavo Taretto. Hace 9 o 10 días ganó el Festival de Los Ángeles por lo cual estaba ya en condiciones de postularse a los Oscar. Es la primera vez que un corto argentino tiene la posibilidad de participar. (Proyección)
MEDIANERAS
El audio de esta película dice en el comienzo:
"Buenos Aires es una ciudad superpoblada en un país desierto. Una ciudad en la que se yerguen miles y miles y miles de viviendas sin ningún criterio. Al lado de uno muy alto, hay uno muy bajo, al lado de un racionalista, un irracional, al lado de uno de estilo francés, hay uno sin ningún estilo. Probablemente estas irregularidades nos ofrecen, perfectamente. Irregularidades estéticas y éticas. Estos edificios que se suceden sin ninguna lógica demuestran una falta total de planificación. Exactamente igual que nuestras vidas, la vamos haciendo sin tener la más mínima idea cómo queremos que nos quede. Vivimos como si estuviéramos de paso en Buenos Aires. Somos los inventores de la cultura del inquilino. Los edificios son cada vez más chicos, para darle lugar a nuevos edificios más chicos aún. Los departamentos se miden en ambientes y van desde los excepciones cinco ambientes con balcón terraza, play room, dependencia de servicio hasta el monoambiente, o caja de zapatos. Los edificios, como casi todas las cosas pensadas por el Hombre están hechas par que nos diferenciemos los unos de los otros. Existe un frente y un contrafrente. Están los pisos altos y los bajos. Los privilegiados son los clasificados con la letra "A", o excepcionalmente la "B". Cuando más avanza el abecedario menos categoría tiene la vivienda. Las vistas y la luminosidad son promesas que rara vez coinciden con la realidad. ¿Qué se puede esperar de una ciudad que vive de espaldas al río? Estoy convencido de que las separaciones y divorcios, la violencia familiar, el exceso de canales de cable, la incomunicación, la falta de deseo, la abulia, la depresión, los suicidios, las neurosis, los ataques de pánico, la obesidad, las contracturas, la inseguridad, el estrés, el sedentarismo, son responsabilidad de los arquitectos y los empresarios de la construcción. De estos males, salvo el suicidio, padezco todos"