Leonardo Flammia, crítico del semanario Guía del Ocio publicó el 28.11.08 su artículo sobre Marat Sade en el Vilardebó
Este es su contenido
Por aquí hubo un director que montó con éxito esta pieza. Federico Wolf, y el propio Andrés Caro Berta recordó el impacto ver esa versión el día de la conferencia de prensa lanzamiento de esta nueva puesta. No vimos aquella versión pero sí recordamos una puesta de esta obra a cargo de Rubén Pires en el teatro El Observatorio de Buenos Aires hace diez años
La obra original juega con la noción del teatro dentro del teatro, o sea Peter Weiss una obra en la que uno de los personajes, el famoso marqués de Sade, escribe y dirige otra obra, en este caso sobre el asesinato del revolucionario Marat. Esto da la posibilidad a Weiss de articular críticas e interrogantes sobre la realidad política de su época. La obra de Sade cuestiona directamente al poder político del imperio napoleónico de comienzos del siglo XIX, el pueblo sigue oprimido como cuando la nobleza se encaramaba en el poder. Esto incluso incomoda al director del hospicio, que recuerda a Sade que determinados pasajes de la obra debían haberse quitado, en la puesta de Pires se sugería que el mismo Napoleón podía estar en la platea. El gran momento es e debate entre Sade y Marat, éste último atormentado en la búsqueda racional de un poder que sirva al pueblo, y guillotinando a todo opositor a la vista. Sade, en cambio, menospreciando esa búsqueda se muestra más angustiado por la soberbia de la naturaleza que ni se inmuta ante la existencia o no del hombre. Los paralelismos con el siglo XX o el XXI, surgen con facilidad.
Hay varias modificaciones en esta versión de Raquel Lubartowski y Andrés Caro Berta. Se eliminan unos cuantos personajes, el director del hospicio desaparece por ejemplo, y es quien pasa a ocupar el lugar del "poder" entre el público, tomando su lugar una narradora que también llega a amonestar a Sade e intenta poner orden, pero que a veces debe ir hilvanando partes de la historia que se desconocen, ante la falta de personajes para desarrollar algunos acontecimientos como el plan para asesinar a Marat
Parece haber un intento de acercar la versión a las características de la tragedia clásica con un coro, conformado por internos del hospicio que a veces toma la voz del pueblo pero que no dejan de manifestarse como internos, aunque algunos tienen momentos de "coreutas" en que se individualiza una personalidad que casi siempre critica la realidad política. Al clima de tragedia contribuyen una especie de prólogo en donde se anuncia el desenlace trágico y la excelente música compuesta por Renée Pietrafesa, que carga de dramatismo varios pasajes de la obra.
Se leen, más allá de los cambios, las interrogantes sobre el poder absoluto, los cuestionamientos hacia el mesianismo apoyado en la "voluntad popular", la realidad de la incambiada penuria en que vive gran parte de la población más allá de los avances de los regímenes políticos. Pero también hay un trabajo sobre Sade al que se le imprimen ideas que ya se le conocen del director logrando un ser que sufre ante el dolor ajeno, que cuando hace sufrir es para experimentar tambìén ese dolor, y que jamás es indiferente
Las actuaciones son bastante parejas, sólo la narradora parece no logar aún la distancia sobre los sucesos de la "obra dentro de la obra" para que resulte más creíble su aparición reprimiendo los excesos de Sade y de los internos. Alejandro Cabo está notable, desde su presencia física, en su rol de Marat, y Bruno Gea se luce buscando esa angustia vital de Sade ante la certeza de que el hombre es un ser insignificante ante la naturaleza. Lorena Rochón y Daniela Galuzzo por la convicción con que se desenvuelven como Simone y Charlotte. El coro se manifiesta con el caótico orden que es de esperar ante actores que interpretan locos, que a su vez cumplen un rol en la obra. Andrés Caro Berta suele lograr que sus actores rindan con seguridad sobre el escenario. Lo que se le puede cuestionar a la puesta es que quizás no quede tan claro, para quienes no conozcan la obra originalmente, el desdoblamiento de la pieza, de las actuaciones y que se puede percibir como algo más lineal de lo que es originalmente. Pero vale la pena acercarse al Vilardebó para "entrar" al Hospicio de Charenton y encontrarse con los locos de Sade cuestionando el poder
Leonardo Flammia
Guía del Ocio
28.11.08