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Categoría: Actividad teatral anterior a 2017

Busca un registro del proceso de elaboración de la obra teatral, ganando al olvido momentos importantes vividos

 

CUADERNO DE BITÁCORA 

PROYECTO MARAT- SADE

 

HOJA 1

 

Finalmente entramos al Vilardebó. Con todo el simbolismo que puede encerrar esa frase. Recorrimos un grupo pequeño compuesto por Raúl Penino que oficiaba de guía, Gabriela Guillermo con cámara en mano, Ana Bordoli, del área de vestuario, Walter Rey potencial Sade, Mariana Pagani potencial Corday y quien escribe, director.

Lo primero que saltó a la vista fue el santo sin cabeza. La misma se encuentra en la sala del director del Hospital.

La parroquia está cerrada con candado. Adentro hay un clavicordio. Quien la custodia es una monja chiquita y terrible, según las mentas, y en vez de reparar sus paredes, se pusieron chapas como precarios techos para que caigan sobre ellas los trozos de mampostería.

Fuimos por el sector de los hombres. Seres medicados. Seres pidiendo a Jesús que los salve. Violencia institucional conteniendo con pastillas a quienes claman oportunidades. Depósito. Algún día los psiquiatras van a depender de los psicólogos que les van a contener, para que no cometan barbaridades en el nombre de la Ciencia.

Todo está limpio. Hay dignidad en los internados. Dos pisos como apartamentos. Televisores con películas en inglés con subtítulos en español, tan chiquitos que… Acostados, tirados, arrumbados ¿sabiendo que no hay salida? Los hay desahuciados de la vida, están los que sostienen una apariencia social, los que conversan, los que piden ayuda, los que piden, los que no piden.

Los ojos. Mirándonos. "¿Quiénes son?", preguntan. ¿Quiénes son ellos?, me pregunto. Sus historias. Sus proyectos. Cuando eran chiquitos…

Llegamos a la antigua sala de baños. Eufemismo. Un edificio semicircular. Cerrado con candados. Las puertas horadadas. Los vitrales rotos. A través de los huecos redondos de cerraduras se puede ver su interior. Siniestro. Luego de un hall de hermosas baldosas que serían la envidia de cualquier casa señorial se llega a un hueco. Un metro más abajo, piletas una al lado de la otra. Abandonadas. Tapadas de tierra. Pude imaginarme, ver los enfermeros con las mangueras abiertas, desde lo alto "bañando" a los locos que estaban allá abajo.

El fondo. Una huerta. Se necesitan voluntarios. Los perros amables. El campanario. Cerrado. Clausurado. Puertas que no van a ningún lado, porque están tapiadas. Alguien lo relaciona con el Pittamiglio. Es otra alquimia.

Sala 11. Sus ventanas están tapiadas. Comenzó como en un cuento de Poe con algunos ladrillos tapando la parte de abajo. Y poco a poco se agregaron otros, hasta que al final la luz del día se prohibió. Entramos. Los peligrosos, en un inmenso patio enrejado nos miran, mejor dicho, miran a las mujeres y prendidos de los barrotes les expresan sus necesidades. No son groseros. Entramos a las celdas de castigo. Cuatro o cinco. 2 x 2 en el mejor de los casos. Oscuras. Me recuerdan las jaulas del zoológico. Uno está en el piso, contra las rejas, comiendo algo como barro. El último de la fila pregunta por la hija de Raúl. Mató a tres. Es un tipo tranquilo, pero si le cae mal alguien... Al último, allí lo cazó del cuello y le sacó todo para afuera. Habla. Pregunta por nosotros. ¿Quiénes somos? Me pregunto: ¿Quiénes somos? Los otros están en silencio. En algunas hay más de uno. Otro mira a las mujeres, colgado de los barrotes y les dice cosas.

Necesito orinar. Baño de los funcionarios. No termino más. ¿Y si se van sin mí?

Sala 10. Otro clima. Cumbia en el patio. Poemas en las paredes. Cuadros hermosos de dos internados en una sala común. 70 dólares pide uno por una de sus obras. El otro pide $200 para tabaco.

Las mujeres están incómodas.

La institución enloquece.

Llegamos a un edificio abandonado. Su escalinata de acceso es la que me imaginé como escenario. Me recuerda a la fábrica subterránea de Metrópolis, de Fritz Lang. Ideal. 

Entramos. Vergüenza. Todo destruido. Algo que fue una policlínica. Violencia. Y no de los locos, ni de los internados por violencia. Institucional.

A pesar de todo el edificio resiste. Se niega a desaparecer.

Parece que el Vilardebó surgió como edificación, de un dandy que encomendado a ir a Europa a comprar planos para la construcción del Hospital, en París se gastó todo el dinero y sólo le quedó  para adquirir uno de un antiguo monasterio.

Comedor. Como los judíos en la Alemania nazi, marcados en sus ropas con pintura: "HV"

Pabellón de las mujeres. Mejores condiciones. Gatos, muchos gatos. 

Encontramos el lugar ideal para la obra. Un patio interno. 

Vemos los interiores de las mujeres. Sus placas con las pilas, los candados, las agujas, las antenas en sus estómagos.

Las mujeres se quieren ir.

Vamos dejando atrás la "locura"

Afuera, un ómnibus pasa a todo lo que da y no se detiene ante una parada abarrotada de estudiantes de Psicología que hicieron el recorrido con nosotros.

¿Cuál locura? ¿Qué violencia? ¿Están todos los que están? ¿Dónde?

 

Cuaderno de bitácora

Goethe

8.4.08

 

Fuimos con Rá al Goethe, a la presentación de la actividad del año. Quizás esperábamos un comentario de sus directivos pero bueno, este no es un aporte central del Instituto sino de "apoyo"

 

Igualmente hay que destacar la importancia que le dan en la carpeta con buen espacio para nuestro proyecto y dos fotos representativas del mismo

 

La reunión sirvió por muchos motivos:

Hicimos contacto con una de las integrantes del Instituto Italiano. Le preguntamos directamente si podían ayudarnos en algo. Estuvimos viendo entre los tres qué vínculo podría tener Italia con la obra.

Finalmente Rá descubrió que el constructor del Vilardebó era italiano.

A partir de allí se disparó algo muy interesante: El generar otro proyecto vinculado con esta referencia.

 

A ello se sumó el habernos encontrado con un investigador (el Goethe lo va a apoyar con el libro a editar) que está haciendo un estudio sobre un arquitecto alemán que estuvo radicado en Montevideo, y hasta llegó a ser Cónsul uruguayo en Alemania.

Este hombre, que llegó en 1909, diseñó muchos manicomios, incluso en Argentina.  Aquí hizo varias obras importantes, incluso diseñó edificios. El pablellón de la música, del Parque Rodó le pertenece.

 

Parece interesante hacer un trabajo de investigación apuntando a estos dos lados. Lo italiano y lo alemán en la construcción de los manicomios de esta parte del mundo. ¿Qué les parece?

 

Por último, tuvo un encuentro con Raquel Diana, responsable del área teatral de la IMM. Luego de planteos cortantes, nos informó que está por salir una propuesta de la intendencia que nos involucra. Se va a llamar Montevideo Teatral y tiene su parecido con los fondos concursables.

 

Rá se perdió una cazuela riquísima por tener que atender pacientes, cha digo

 

MARAT SADE EN EL VILARDEBÓ

 

CUADERNO DE BITÁCORA

 

NUESTRA OBRA DECLARADA DE INTERÉS CULTURAL POR EL MEC

 

Por resolución DC 397 – 2008, el Ministerio de Educación y Cultura declaró de Interés Cultural la obra Marat Sade en el Vilardebó.

 

ENSAYOS DEL VIERNES 6 Y SÁBADO 7 DE JUNIO 2008 

 

Queridos maratianos sádicos, como considero que lo que ocurrió en los ensayos del viernes y sábado pasados fue muy bueno, les hago un resumen para quienes estuvieron y aquellos que no.

El viernes trabajé con los actores que interpretan los  personajes centrales de la obra; juntos fuimos elaborando el inicio hasta el parlamento de la relatora.

El sábado, Raquel trajo trabajos escritos por funcionarios e internos del Vilardebó, presentados en un concurso de cuentos.

Cada uno de los integrantes del coro leyó uno, y entre medio se fue debatiendo la locura, tanto del adentro como del afuera del Hospital.

Nos sirvió muchísimo la lectura de los materiales a tal punto que en un momento del ensayo siguiente, una de las integrantes del coro  planteó un alto y nos pusimos a hablar de los "locos" que ellas estaban encarnando para que no pareciera una simple caricatura, y eso posibilitó un debate sobre qué presentarle al público de esos personajes de "locos - pueblo"

Propuse a Raquel  que Cucurucú, Polpoch, Rosignol y Kokol desaparecieran, así cada integrante del coro tiene la tarea de construcción de su personaje, proponiéndoles generar durante la semana, una historia que les de encarnadura creíble.

Lo mismo indiqué a la relatora y Simone. Sade, Marat y Corday son personajes más delimitados por la Historia.

Una vez entrados en  la segunda parte del ensayo del sábado, esta vez con todo el elenco, comenzamos a rodar la escena inicial.

 

La relatora y el coro reciben al público y lo  llevan hasta sus asientos (cada uno en un personaje determinado)

En tanto, la escena fija muestra los personajes como habíamos marcado, con alguna variante.

Marat está escribiendo los nombres que Corday le murmura a sus espaldas.

Ésta se muestra amenazante. Simone apartada relee las cartas de Corday, pidiendo se le permita ingresar a la casa. Sade observa atentamente lo que hacen los actores.

Cuando los del coro ven que el público está pronto (están entre la gente ordenando, viendo, conversando), dan la señal para que empiece la función. Uno de ellos grita: "Cucurucú"

Dos internas (una de cada lado del escenario) comienzan a moverse como péndulos de reloj, mientras una hace tic, y la otra, toc en tanto la relatora recorre la escena observando si está todo pronto. Le pregunta con la mirada a Sade si puede comenzar. Él da el visto bueno, y ella golpea tres veces. (Aún la cinta del crimen no está puesta)

Simone comienza a leer en voz alta las cartas. Cuando está terminando se da vuelta y espantada, ve el asesinato de Marat.

El crimen de Marat lo  dividí en cuatro tiempos. Corday detrás de Marat bordea sus hombros  sin que este se de cuenta ya que escribe los nombres que ella le da; primer tiempo.

Segundo: Levanta en el aire el puñal y lo sostiene.

Tercer tiempo: Con la mano izquierda le toma de la cabeza, tapándole los ojos y lleva el cuerpo de él hacia su pecho. Él se resiste.

Cuarto tiempo: Le clava el puñal. Lo saca. Simone corre en auxilio de él. Ellas se miran. Corday avanza hacia el borde del escenario con el puñal ensangrentado, lo sostiene en alto. El coro entre tanto estuvo dando vueltas dividido entre enfermeros e internos.

Dos de ellos se acercan como policías y la llevan prisionera hasta atrás.

Quedan todos como en una fotografía. Otros dos del coro desenredan una cinta de criminalidad y bordean el escenario. Cuando están terminando, la relatora los mira fastidiada, golpea sus manos y les dice con gestos que acaben de una vez, que se acabó la escena. Éstos, fastidiados, comienzan a enrollarla, mientras los actores salen de sus roles y se van para los camarines conversando como en un ensayo. Sólo queda Sade y la relatora.

Ella comienza su presentación. Un instante antes de leer las reivindicaciones, se va formando una masa compacta y amenazante (coro) en el centro que avanza desde atrás, mientras ella dice la proclama y al final de la misma, en el borde del escenario lanzan volantes. Se desarman y vuelven al fondo. Ella sigue con su parlamento, una de ellos hace de directora de coro, los convoca a la escalinata. Los agrupa. Todos están como si fueran integrantes de un coro de iglesia, ella levanta los brazos, van a cantar, abren sus bocas, ella mira al público,  y en ese instante burlándose todos,  desaparecen sin cantar nada. 

Entran Simone y Marat.

 

Así están las cosas.

 

Un abrazo

 

Andrés, el dire