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Categoría: Actividad teatral anterior a 2017

Lo atrayente de la comedia es que supo hacerlo con elegancia, con ternura, con un humor socarrón e inteligente, con algún leve y sugestivo chispazo poético.

 

 

Es una evocación muy digna de ser compartida.

 

Semanario Hebreo (Publicado el 0.3. 06)

"La mejor historia de amor" (Cursi y con final feliz) - Autor y director: Andrés Caro Berta - Con Raquel Gutiérrez y Enrique Martínez Pazos - En el Teatro de Agadu, marzo 5

 

En la primera parte de la obra, quizás algo extensa de más, Amalia Acosta, una vieja actriz de radioteatro se lamenta de su soledad, su pobreza y su abandono y recuerda su época de fama dorada. Su largo monólogo no parece sino una reiteración muy previsible del viejo tema de la diva nostálgica y amargada, tantas veces tratado en el teatro y en el cine. Pero cuando finalmente irrumpe en escena Enrique Martínez Pazos, la obra adquiere un toque de magia. Su aparición da una vuelta de tuerca encantadoramente absurda a la pieza y ésta se transforma en una evocación deliciosamente irónica de un mundo que una vez fue y que nunca habrá de volver  : ese mundo de inocencia melodramática del radioteatro. Admirable actor, dúctil, expresivo, admirablemente convincente en un rol que no tiene nada de convincente, logra no solo imprimir a la acción escénica un encanto ausente en la primera parte, sino que también impulsa a su compañera Raquel Gutierrez a hacer mucho más rica, sofisticada y atrayente su composición del rol protagónico. Pero seamos justos, el cambio también tiene mucho que ver el ingenio del autor y director Andrés Caro Berta, que supo encontrar la vuelta de tuerca adecuada tanto en el texto como en su versión escénica para saltar de lo  convencional y lo cotidiano al alado mundo de la fantasía. Lo atrayente de la comedia es que supo hacerlo con elegancia, con ternura, con un humor socarrón e inteligente, con algún leve y sugestivo chispazo poético.

       Andrés Caro Berta, con la competente complicidad de Raquel Gutierrez y Enrique Martínez Pazos, evoca la ancianidad, la soledad, la decadencia física y material, para exaltar la vida, el amor, la gloriosa fragilidad del género humano y su obstinada búsqueda de la inasible felicidad. Es una evocación muy digna de ser compartida.